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⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐

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Adry Grandchester
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Adry Grandchester

Adry Grandchester
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ Recu_d24


EPÍLOGO II, FELICIDAD




La cotidianidad en la vida de los Ardlay parecía que no volvería, por lo menos en algunos meses, el júbilo por los recientes matrimonios de Albert y Stear, no había sido más que el preámbulo de lo que sería la fusión entre la corte ingresa y la alta sociedad de los Estados Unidos de América; desde que se hubo anunciado el enlace matrimonial en una elegante fiesta de compromiso, cualquier especulación financiera respecto a los negocios del acaudalado clan, quedó de lado por la certidumbre que representaba la unión de dos grandes fortunas, donde el interés por pertenecer al consorcio Ardlay por diferentes empresarios se hubo potencializado, al tiempo que, los medios de comunicación dejaron de prestar atención a cualquier cosa, que no fuera los detalles por el próximo casamiento, ya que se rumoraba que el propio rey de Inglaterra sería el invitado de honor.

El duque había regresado a su país para atender sus asuntos, en una estancia relámpago dejó instrucciones detalladas para que se continuara trabajando en las cuestiones ducales, asimismo aprovechó para informar al rey, que los esponsales se llevarían a cabo en Chicago, para posteriormente hacer un festejo discreto en el Reino Unido. — ¿Han decidido dónde vivirán? — Preguntó el monarca. — ¡No, pero por los compromisos que tiene Terrence, creo que permanecerán un largo tiempo en Nueva York! — ¡Entiendo!, ¡Felicítalos de mi parte y diles que los quiero ver lo más pronto posible! — Richard quiso entregar el sobre con la invitación, pero no contó con la molestia del rey. — ¡Comprendo la formalidad Richard, pero creo no necesitar invitación si quiero asistir a la boda! — ¡Por supuesto majestad! — Cuando se hubo retirado el duque, Jorge VI se quedó pensando en el interés que le causaba Terrence, — ¡Es envidiable la vida de Terry, logró sus sueños, es amado y todo apunta para que sea feliz! — Decía para sí mismo. Dicha inclinación del soberano por su hijo no pasó desapercibida para Richard, que sonrió por tal deferencia, previendo un sinfín de sueños que se consolidarían en poco tiempo, incluyendo los de él.

En Chicago, el par de enamorados tenía poco tiempo para estar solos, esto tenía a Terry hasta cierto punto molesto, no podía creer que ahora que tenía a su pecosa tan cerca, no tuviera un espacio para estar a solas; Candy por su parte, tenía un brillo especial en sus verdes ojos, la felicidad le brotaba por los poros, que difícilmente podía ocultarla, ilusionada se mantenía quieta, mientras la modista le hacía las pruebas de su vestido de novia, en tanto que su séquito de amigas; Eleanor, Martha, Patty, Karen y Mely hacían lo propio con los vestidos que lucirían. En otra habitación los chicos disponían de un grupo de sastres que confeccionaban trajes a la medida. — ¡Si me hubieran dicho que sería cuñado de un miembro de la realeza, no lo creería! — Decía Stear. — ¡No es para tanto hermano!, ¡Nos tocó el aristócrata más engreído! — Reparó Archie. — ¡No me digas elegante, porque este engreído te trajo al amor de tu vida! — Terció el inglés. — ¡Ni hablar Archie, Terry tiene razón! — Terció Stear, lo que generó que fuertes risotadas se escucharan en los pasillos, llegando a los oídos de las mujeres. — ¡Esos muchachos se divierten de lo lindo!, ¡Creo que iré para allá! — Comentó Martha con una pícara sonrisa. — ¡Abuela! — Musitó Patty que ya conocía las travesuras de la anciana. — ¡Patty, no está por demás que me llene estas viejas pupilas con la visión de hombres jóvenes y guapos! — Argumentó Martha que ya salía de la recámara. — ¡Déjala Patty, se divierte! — Le dijo Eleanor. — ¡Sí, ella puede hacer lo que nosotras no nos atrevemos! — Intervino Karen que reía abiertamente. — Precedido de un toque, la cabeza de la abuela Martha se asomó al cuarto de los chicos, por un breve instante parpadeó varias veces, acomodándose los lentes para ver mejor a Terry que terminaba de quitarse el pantalón y tenía su torso desnudo. — Pero ¡Qué figura tan varonil y atlética!, ¡Ese hombre llamaría a atención de los mismísimos ángeles! — Pensó. El actor a ver a la anciana prontamente cubrió con el pantalón la parte más íntima de su humanidad, al tiempo que un color carmín corría por su rostro, generando otra oleada de carcajadas de los demás, que olvidaron que estaban semidesnudos. — ¿Qué hace aquí abuela? — Le preguntó Albert. — ¡Vine a ver el motivo de su bulla!, y ¡Tú hijo, no te cubras que te vi lo suficiente! — ¡Abuela! — Gritaron al unísono los hombres. — Y ¡A ustedes también! — Fue en ese momento que se dieron cuenta de su situación y con cariño, pero determinantemente sacaron a la alegre mujer de la habitación, que no paraba de reír al ir caminando de regreso a la alcoba de Candy, quien terminaba de vestirse ya que iría al Hogar de Ponny acompañada por Terry. — ¿Qué diabluras hiciste Martha? — La interrogó Eleanor. — ¡Nada, solo vi la mercancía! — ¿Mercancía? — Replicó Candice. — ¡Sí hija y te puedo decir que te llevarás un gran paquete! — ¡Martha! — Reconvino Patricia con las mejillas al rojo vivo, ante la mirada interrogante de Candy, que, al no entender, atinó a decir. — ¡Me voy, quedé de comer con la señorita Ponny y la hermana María! — Bajó corriendo las escaleras donde ya la esperaba el inglés.

En el trayecto, Terrence notó la felicidad en la cara de su prometida, lo que le hacía feliz a él también. — ¡Por fin te tengo para mí por lo menos en estos minutos! — Le dijo. — ¡Yo te he extrañado igual cariño! — Musitó la chica tomando la mano de él. — ¡Te prometo que nos desquitaremos en la noche de bodas! — ¡Terry! — El gallardo joven sonrió al ver el rubor que cubría el rostro de su pecosa. — ¿Qué te estás imaginando? — Retomó la conversación él. — ¿Yo?, ¡Mmm… Nada!, hemos llegado, comentó ella para desviar la observación de la que era objeto. Efectivamente el Hogar de Ponny estaba a unos metros de distancia. Los niños al ver el vehículo de inmediato corrieron a su encuentro, más al ver que se trataba de Candy. Las madres de la chica habían festejado con ella el compromiso, estaban plenamente complacidas por aquella unión que hubo pasado por tantos contratiempos para consolidarse. Candice bajó saludando a los niños para luego correr con las mujeres que la esperaban en el rellano de la entrada. — ¡Hermana María, señorita Ponny! — Gritó abrazándolas. — ¡Candy, que alegría verte! — Apuntó la señorita Ponny. — ¡Ven entremos! — Le invitó la hermana María. Terry se entretuvo paseando a los niños en el auto, le agradaba ver las caritas sonrientes de los chiquillos cuando los paseaba. En el interior de la casa, la hermana María servía vasos de limonada. — ¿Cómo van los preparativos hija? — Preguntó la señorita Ponny. — ¡Bien, todo va avanzando tan rápido que a veces pienso que no me dará tiempo de todo! — Terrence entró. — ¡Terry, toma tú limonada, te refrescará! — Le indicó la monja. — ¡Gracias hermana! — La charla prosiguió después de la comida, una vez que entre los enamorados y las mujeres hubiesen limpiado todo. — Con el semblante un tanto preocupado por lo que diría, la señorita Ponny se quedó callada. — ¿Pasa algo señorita Ponny? — Preguntó Candy. — ¡Sí hija!, ¡Lamento decirte que no podremos ir a tu boda! — ¿Cómo? — ¡No podemos dejar a los niños solos! — Aclaró la religiosa. — ¡Eso no es ningún impedimento! — Exclamó Terrence, que continuó. — Hemos dispuesto un espacio con juegos infantiles, así como la contratación de diferentes niñeras que estarán al pendiente de ellos. — ¡Hijo, es demasiado! — ¡Por la ropa tampoco hay que preocuparse, en la semana vendrán a tomar las medidas para los diferentes vestidos y trajes para los chicos! — Añadió la joven. — ¡Todo está dispuesto señorita Ponny, hermana María!, ¡Yo no podría casarme si ustedes no están presentes! — ¡Hija! — Dijeron enternecidas las nobles maestras, que trataban de contener el llanto. Después de una apacible tarde los muchachos se retiraron para regresar a la mansión, en el trayecto Terry detuvo el auto, bajó para abrir la puerta del copiloto y tenderle la mano a su pecosa; ella desconcertada pero contenta accedió, pero al estar con los pies en el pasto, un intempestivo abrazó la elevó. — ¡Ansiaba hacer esto desde hace días! — Ella rodeó sus brazos por el cuello de él, dejándose llevar por el beso ansioso y demandante, él poco a poco fue deslizando sus manos por las piernas de ella, levantando su vestido, Candy en automático perdió la noción del tiempo y el espacio, estaba totalmente rendida a esas caricias que no deseaba que terminaran, sin embargo, un leve sonido de placer emergió de su boca, lo que hizo reaccionar al inglés, que disminuyó la intensidad de su deleite, colocando su frente en la de ella, que tenía los ojos cerrados inmersa en una dimensión desconocida. — ¡Te amo tanto pecosa, que me cuesta trabajo contener la sed que tengo de ti! — ¡Yo siento lo mismo!, ¡Quiero pertenecerte totalmente, Terry! — ¡Calla o de lo contrario no me detendré! — Por primera vez ella se sentía poderosa, hermosa y sensual, mas entendió que no era el momento, ni el lugar, así que dijo, separándose de él. — ¡Vamos amor, nos esperan para la cena! — Terry le dio un breve beso en los labios, volvió a su lugar para conducir hasta la residencia sin soltar la mano de su amada.

El tiempo nunca detiene su marcha, la fecha añorada, vehementemente deseada por los enamorados llegó. Esa mañana el sol resplandecía inundando con su calor la mansión; abajo la servidumbre iba y venía con regalos que llegaban a cada momento, con arreglos florales, vajillas y demás enseres que se necesitaban para uno de los jardines, lugar donde se llevaría a cabo el festejo, mismo que tendría como marco las bellas rosas de Anthony, que para la tarde habrían soltado su delicioso perfume; las mesas dispuestas para más de doscientos invitados fueron decoradas con mantelería de organza blanca con caminos de mesa dorados, al igual que los respaldos de las sillas, como pieza central un delicado ramillete de rosas rojas y blancas. Alrededor del espacio se hubieron colocado guirnaldas de focos mezclados con cuentas de cristales Swarovski, que al encenderse destellaban brillos en todas direcciones; otra cadena de luces se instaló en el pasillo en el que una alfombra roja guiaba a los asistentes; para no dañar el césped se instaló una duela, que fungiría como la pista de baile. La capilla familiar fue embellecida en su totalidad con rosas Dulce Candy, flores que igualmente formarían el ramo de la novia. En el jardín contiguo, diferentes mesitas, juguetes y golosinas se mantenían en la espera de sus pequeños comensales.

Candice fue levantada muy temprano para comenzar con el ritual de su arreglo; un baño preparado con esencia de rosas y vainilla logró relajarla, luego de la ansiedad que la mantuvo en vela hasta entrada la madrugada, en tanto disfrutaba de las aguas tranquilizantes, un grupo de mucamas limaba sus uñas, daban un masaje y lavaban su cabello. Mely, Karen y Patty entraban continuamente para apurar a las doncellas, ya que la peinadora, el maquillista, así como la modista esperaban su turno para trabajar. Terrence con los nervios a flor de piel decidió salir a cabalgar, ese siempre había sido su mejor antídoto para el estrés. En el despacho, el duque y Albert, tranquilamente tomaban un aperitivo considerando que las damas eran las que más demorarían en su arreglo. — ¡No sabes cómo me han atosigado los reporteros sobre la asistencia del rey! — Se quejaba William. — ¡Jajaja… la prensa siempre atenta a esos detalles! — Contestó Richard. — ¿Detalles?, ¡Llamas al acoso detalles? — ¡Por favor Albert, la novedad siempre atrae a los periodistas!, ¿Acaso no era lo que queríamos? — ¡Ya sé, pero es demasiado incómodo! — ¡Tendrás que acostumbrarte mi querido amigo! — ¡No tengo alternativa! — Concluyó Albert, que miró el reloj de pared indicando. — ¡Es hora de ir a disfrazarnos! — ¡Cierto, en dos horas seremos consuegros! — Ambos hombres salieron encontrando a los hermanos Cornwell que lucían elegantemente vestidos. — ¿Todavía no están listos? — Dijo Stear a Archie. — ¡No, al parecer prefirieron beber algo para darse valor, jajaja…! — ¡Se nota que el noviazgo te ha cambiado, hermano, ya hasta bromas haces! — Apuntó Alistear dando palmadas en la espalda a su menor hermano. — ¡Sí los consuegros no se han alistado, mira quien va entrando! — ¡Terry!, ¿Por qué no estás preparado? — Demandó Stear. — El actor con el rostro sereno respondió. — ¡No tardo nada en mi arreglo, una ducha, el traje y listo!, ¡No quise estar como Albert y tú, que morían de los nervios en el altar! — ¡Jajaja… hoy todo mundo me está bromeando! — Terrence se fue sonriendo. — ¡Vamos Archie, hay que ver a los niños del hogar, la señorita Ponny y la hermana María están con Candy! — Al salir encontraron a los chiquillos ordenadamente sentados esperando la indicación de sus maestras para irse a la iglesia.

Las damas de honor, Mely, Karen y Patty lucían un vestido color lavanda con escote redondo, largo con apertura en la pierna, que les daba una imagen distinguida y fresca. Eleanor, al igual que Martha se decantaron por un similar negro con malla ilusión e incrustaciones de pequeñas cuentas de cristal del mismo tono que les daba un aire elegante, además de refinado. En conjunto, las mujeres se veían hermosas, contentas, disfrutando de cada detalle en el arreglo de la novia, cada una de ellas veía con ternura la transformación de su inocente amiga en una bella novia, quien al verse en el espejo dejó de respirar. El ajuar inspirado en los trajes de la Casa de Habsburgo mostraba una falda voluminosa conformada por tul, raso y seda procedentes de Alemania y Francia, un corsé ceñido a la silueta ornamentado por un bordado a mano de perlas, cristales, hilos de plata y pedrería austríaca con un escote barco; el velo era de tejido de tul de seda, en una extensión que alcanzaba a cubrir mitad de la espalda en un peinado que se definía por un chongo envuelto, donde una tiara de diamantes azules sujetaba el vaporoso velo, mismos que hacían juego con el anillo de compromiso, que a Candy le recordaban los hermosos ojos de su prometido. El maquillaje casi imperceptible, solo resaltaba por el tono rosa de sus labios, generando con ello una imagen cautivadoramente tierna, pero a la vez sensual. — ¡Hija te ves preciosa! — Exclamó la señorita Ponny con la mirada llorosa, mas no solo ella, sino que la hermana María lo hacía también, siempre las buenas mujeres visualizaron a esa niña traviesa vestida de blanco rumbo al altar. — ¡Mi hijo quedará maravillado! — Comentó Eleanor. — ¡Si es que no muere de un infarto la noche de bodas! — Comentó Karen. — Candy intrigada preguntó. — ¿Por qué? — ¡Al ver la cantidad de diminutos botones que tendrá que desabrochar! — Las risas se oyeron, antes que Albert tocara la puerta y sin esperar autorización entró. Al ver a su pequeña se quedó sin palabras, le parecía que había sido ayer cuando hubo rescatado a una chiquilla de que muriera ahogada; si, al momento de ver a su esposa quedó boquiabierto, en esta ocasión un nudo en la garganta le hicieron carraspear. — ¡Pequeña te ves encantadora! — Gracias Bert. — Pero ¡Vamos, Terry seguro que está impaciente al ver que no llegas! — El cortejo nupcial se apresuró en dirección a la entrada, donde un carruaje llevado por cuatro caballos blancos esperaba al padre e hija para llevarlos a la capilla. En el altar, Terrence ataviado con un smoking negro, camisa blanca y una rosa Dulce Candy en la solapa, intentaba no mostrar la intensa crisis nerviosa que padecía en ese momento.

La marcha nupcial comenzó a resonar en la iglesia, dando paso a las parejas de honor, al inicio la hermana María y la señorita Ponny, atrás Eleanor con Mely, Stear con Patty, así como Archie y Karen. Al lado del novio Richard. Pausadamente cada quien fue tomando su lugar en la capilla, esperando que Candy del brazo de Albert avanzaran. Una capa de velo cubría el rostro de la joven que azorada observaba a los asistentes, quería recordar hasta el último detalle, no obstante, al sentir la mirada de Terry todo se evaporó, no existía nada a su alrededor, más que esos profundos ojos azules como el cobalto que embelesados la veían como un ser angelical, que desde que llegó a su vida, era eso, un hermoso ángel que cambió su existir para convertirse en el cimiento de su futuro. — ¡Te entrego al ser más maravilloso que puedas conocer, cuídala! — Dijo William al tiempo que le entregaba la mano de la chica a Terrence, que respondió. — ¡Con mi vida! — Ya frente al sacerdote la marcha nupcial cesó para iniciar con la eucaristía, sin embargo, el fuerte retumbar de un bastón a la entrada, provocó que todos giraran sus cabezas para ver lo que sucedía. Era un lacayo anunciando. — ¡Su majestad, el rey Jorge Vi! — Un silencio ensordecedor se interrumpió con los innumerables susurros de la concurrencia. Con porte señorial el soberano avanzó hasta el altar. — ¡Prosiga padre! — Apuntó el monarca, mientras tomaba el asiento de uno de los socios del consorcio, que no dijo nada, pues la sorpresa de que un rey estuviera ahí lo había descolocado. La ceremonia prosiguió, al llegar el momento del intercambio de argollas, el rey se levantó para entregar una caja. — ¡Mi regalo Terrence! — Se trataba de los anillos de matrimonio con el grabado de la fecha y nombres de los esposos. — El actor comprendió, que con ese gesto el rey apadrinaba su enlace, respaldando con ello la relación. Justo cuando los novios emitían sus votos, el coro de los niños del hogar de Ponny entonaron en coro el Ave María de Franz Schubert, haciendo de la comunión el momento más sublime, sellado con un beso, cuando el clericó dijo la esperada frase. — ¡Puede besar a la novia! — La estupefacción por la presencia del mismo rey de Inglaterra fue el platillo fuerte para los reporteros, que mostrando sus mejores modales buscaban el ángulo ideal para tomar las imágenes que quedarían para la historia y que darían la vuelta al mundo.

La noche perlada de estrellas daba la bienvenida a los invitados que hechizados tanto por la decoración, como por el perfume del jardín de rosas tomaban sus lugares, al tiempo que un batallón de meseros se esmeraba por atenderlos, el rey no aceptó una mesa solo para él y su esposa, quiso compartirla con la familia Ardlay, donde también se encontraban la señorita Ponny, así como la hermana María y Richard, que no se separó en ningún momento de Eleanor, quien fue tratada con todo respeto por el monarca, que haciendo a un lado el protocolo, disfrutó de cada uno de los platillos que fueron servidos, deleitándose con el preciado whisky escocés traído por el duque. Desde su lugar Terry y Candy disfrutaban de la celebración, dándose tiempo para saludar a cada uno de los presentes; cuando Candy se percató de que el lugar para la prensa no estaba del todo atendido, fue directamente con el jefe de meseros para que pusieran mayor atención en el servicio. — ¡Espero que disfruten de la velada, aunque estén trabajando! — Les dijo la recién casada a los periodistas, que sorprendidos por la sencillez de la heredera del clan agradecieron su gesto, del cual harían mención en la nota del siguiente día. El tintineo de una copa atrajo el interés de las personas que terminaban de degustar la cena. — ¡Muy buenas noches a todos! — Comenzó Albert, que sostenía una copa en la mano, la cual levantó antes de proseguir. — ¡Como padre de esta maravillosa mujer, además amigo entrañable de este gran ser humano!, ¡Lo único que les puedo desear es una vida plegada de bendiciones, amor, armonía, salud y felicidad!, ¡Salud! — Richard le siguió. — ¡Es un honor contar con la presencia del rey Jorge VI!, ¡Me complace saber que mi hijo no se equivocó al enamorarse de esta linda joven, quien lo acompañará en su camino ayudándolo a ser una mejor persona y que juntos harán del ducado de Grandchester un lugar hermoso, humano, próspero; donde los ciudadanos y visitantes quieran permanecer!, ¡Salud! — Otro tintineo se escuchó, se trataba del monarca, quien aprovechó para dar un breve discurso. — ¡Para la corona del Reino Unido éste matrimonio refleja la juventud, que llenará con sangre nueva progresista nuestras ciudades, las nuevas formas de convivencia, así como el tránsito a los nuevos tiempos!, ¡Estoy seguro que los próximos duques, ahora marqueses de Grandchester llevarán con honor, calidad humana y sensatez a buen puerto al ducado!, ¡Brindemos por ello!, ¡Salud! — Los aplausos resonaron, mas, el vals llamado Un Baile de Ensueño resonó anunciando la apertura del baile. Como en los tiempos del colegio y al reconocer el vals Terry invitó a su esposa a bailar. — ¿Me permite esta pieza, princesa Julieta? — Candy que durante todo el tiempo había reprimido las lágrimas, sonrió tendiendo su mano para comenzar esa danza que los transportaba a su adolescencia, donde el amor naciente los marcaría para siempre.

Solo bastó el inicio del baile para que los esposos no volvieran a su lugar, los diferentes ritmos los atraían como imán, bebían, reían, disfrutaban de su fiesta, hasta que. — ¡Es hora de irnos pecosa! — ¿Irnos?, ¿A dónde? — ¡Candy, ya quiero estar a solas contigo! — Ella nerviosa, sintió que sus piernas le flaqueaban porque sabía lo que vendría. — ¡Están todos los invitados!, ¿Cómo pretendes que nos vayamos? — ¡Albert se encargará! — Le dijo tomándola de la mano para escabullirse entre las parejas que bailaban. — Eleanor, que platicaba con Albert y Mely, sonriente comentó. — ¡Los tortolitos emprenden la huida! — ¡Cierto! — ¿De qué hablan? — Preguntó Richard acercándose con dos copas. — ¡Los flamantes esposos ya se fueron! — Le respondió Mely. — ¡Vaya!, ¡Espero nietos pronto! — Las parejas dejaron salir sus carcajadas, a la que se unió el monarca. — ¡Veremos más sangre Grandchester! — En el auto, el velo de Candy volaba por el viento, pese a la ansiedad que tenía, se sentía libre, capaz de enfrentarse a todo con tal de mantener su dicha. El recorrido fue largo, Terrence no quiso quedarse en la mansión, mucho menos en alguna de las cabañas que se le ofrecieron, optando por alquilar una casa de campo a las afueras de Lakewood, misma que fue acondicionada para la noche tan especial.

Al llegar, Terry llevó el equipaje al interior de la pintoresca casa, indicando a Candy que lo esperara, de regreso abrió la portezuela del vehículo para tomar a la joven en sus brazos y llevarla al interior del inmueble, el largo y vaporoso vestido, le impedía dar pasos grandes, no quería caerse, lo único que deseaba era cerrar la puerta y dejar el mundo atrás. Con delicadeza el inglés bajó su preciada carga, ella, se dedicó a mirar el lugar, era amplio con floreros de rosas Dulce Candy por doquier, un piano de cola resaltaba en la estancia, así como una mesa con distintas viandas para los recién casados, no le quedó duda de que su amado se hubo tomado tiempo para colocar todos aquellos detalles, pensaba, mas, los brazos de Terry a sus espaldas rodearon su cintura. — ¡Anhelé tanto estar así, solo contigo! — La voz aterciopelada de él vibró en el lóbulo de su oreja, haciéndola querer besarlo, se dio la vuelta para tomar el rostro de él entre sus manos y besarlo. — ¡Yo también! — El inicio de la caricia dio paso a un beso demandante, que prometía incrementar la pasión. Así besándola, la fue llevando a la alcoba, donde el aroma a rosas inundaba el ambiente. Él la soltó notando la turbación de ella, tomó la botella de champaña que dispuesta esperaba; sirvió las copas, le entregó una a ella. — ¡Brindemos amor!, ¡Brindemos porque el destino no logró separarnos! — ¡Sí Terry, brindemos por nuestro amor! — Ambos bebieron, sin embargo, él quitó la bebida de las manos de su esposa, la dejó sobre la mesita de noche, desató el moño, se deshizo del saco para acercarse a ella, al hacerlo el color de sus ojos se tornó más obscuro por la antelación de por fin hacer suya a la mujer que tanto amaba. Comenzó a besar su frente, quitando la tiara, el velo, para soltar el rodete que sostenía la rubia melena; siguió besando sus ojos, mejillas, nariz; estancándose en sus labios, tomándolos primero con delicadeza, posteriormente con pasión, provocando que ella le diera acceso total al interior de su boca, donde la lengua de él paladeaba con tenacidad su sabor, reclamando como propios sus secretos.

Las manos se deslizaban despacio por la espalda de ella, bajando por sus piernas, levantando el vestido, que por momentos lo desesperaba, no obstante, sabía que tenían que ser paciente, tierno, amoroso para llevarla al instante esperado. Sin dejar de acariciar con sus labios su cuello, comenzó a desabrochar los pequeños botones que se enfilaban uno a uno en una hilera que le parecía eterna. Ella solo se dejaba llevar, sin embargo, sus manos subieron a su cuello, pasando luego sus dedos entre la negra cabellera, ¿Cuántas veces deseo hacerlo?, se preguntaba, mas, la amorosa tortura provocó que emitiera un débil susurro, el que daba inicio al placer, exacerbando la ansiedad de él, que bajó la parte superior de la blanca prenda dando pequeños mordiscos a los hombros, clavícula; ella no supo en qué momento quedó en prendas íntimas, ni como había desabrochado los botones de la camisa de él, que sin mediar palabra se separó desconcertándola por la abrupta interrupción. Él la contemplaba, extasiado ante la inocencia que se veía a través de los verdes ojos, que estaban cristalinos. — ¡Eres hermosa! — El pudor de Candy la hizo cruzar sus brazos para cubrir su pecho, mas él musitó. — ¡No te tapes amor!, ¡Quiero vislumbrar lo que tú cuerpo tiene prometido para mí! — Ella bajó las manos, sintiéndose realmente bella, deseada, dejando que su amor la viera. Ruborizada, por la auscultación, observó como él deslizaba la camisa, dejando al descubierto su torso, musculoso, firme, evidenciando el fuerte ejercicio al que era sometido; los brazos enérgicos, largos; el vientre plano con las marcas que deja la práctica de los abdominales, igual que los pectorales. — ¿Te gusta lo que ves? — Preguntó él con una sonrisa endemoniadamente pícara. — ¡Porque a mí me encanta lo que estoy viendo! — Le decía mientras se acercaba de nuevo a ella para proseguir con las caricias. Los ardientes besos no pararon más, él soltó completamente su cabellera para ver a la mujer que dejó atrás a la chiquilla de coletas, comprobaba el resultado de una maravillosa metamorfosis; entrelazando sus manos la llevó hasta el lecho, con suavidad hizo que se sentara para despojarla de las zapatillas, soltando las medias que pendían del blanco liguero, las manos temblaban de ansiedad por terminar de descubrir totalmente la tersura de su piel. Despacio subió sus manos a sus senos, tocándolos suavemente, presionando aun sobre el albo encaje; al observar que ella había cerrado los ojos, se levantó para volver a besarla, jalando los tirantes del corpiño con sus dientes, libró aquellos virtuosos montes para llenar su boca con ellos, que tempestuosos despertaron ante el contacto. Él casi al borde de la locura, ya no podía ocultar el arder de su torrente sanguíneo, sin dejar de mimar los redondos senos fue descendiendo palpando tramo a tramo el inocente cuerpo. Ella con la noción extraviada por las sensaciones apretaba la frazada, hasta que sintió como le quitaba la prenda que ocultaba su parte más íntima; el recato la instó a detenerlo, no obstante, él con una mano sujetó las de ella, al tiempo que con la otra acariciaba, aquella entrada negada para otros, menos para él. Beso tras beso, se acercaba al punto más sensible, donde la lengua comenzó la dulce tarea de despertar el cúmulo de sensaciones que emergían de la virginal zona. La intensidad del estremecimiento de ella fue la antesala para tomarla; se despojó de toda su ropa, mirando como se estremecía de placer, con sus dedos palpó la humedad comprobando que la cavidad estaba maravillosamente lista, sin esperar a que terminara su delirio, con sus rodillas abrió el camino que le prometía la gloria terrenal y sumergirse en el caudal con tal ímpetu que sintió desfallecer al romper la barrera de la inocencia. Ella lanzó un quejido de dolor. — ¡Lo siento amor! — Le dijo con la voz entrecortada por la cascada de sensaciones que emanaban de su febril cuerpo, se mantuvo quieto esperando a que se acostumbrara a él, que lo reconociera como suyo, como ella ahora era de él. Ella abrió los ojos. — ¡Te amo Terry! — La frase fue la respuesta que necesitaba para sumergirse una y otra vez en el afluente desbocado de su ser, formando una unión perfecta, fusionándose en uno solo. Ella lo rodeó con sus piernas para empujarlo a su interior, quería llenarse de él, quien con movimientos cada vez más rápidos, contundentes; esperaba verla convulsionar de nuevo, al notar que su respiración se entrecortaba supo que era el momento de tocar el cielo, con una fuerte embestida terminó en su interior, mientras que ella sentía morir al llegar a la cima del placer. — ¡Te amo! — Exclamaron al unísono; al tiempo que con sus cuerpos palpitantes se seguían acariciando; él recostado sobre su pecho cerraba los ojos escuchando como poco a poco los acelerados latidos del corazón de su amada retomaban la calma. Con orgullo la reconocía como suya. — ¡Eres mía, sólo mía! — ¡Sí, y tú me perteneces solamente a mí! — Se dijeron, mientras cedían al cansancio que los transportaría al limbo.

Cuando la madrugada estaba en espera de que el sol bañara la tierra, Terry colocó su cabeza sobre su brazo, mirando detenidamente el plácido dormir de su esposa, quitó algunos rizos de su cara; se levantó poniéndose una bata, quería tomar agua, en la estancia las velas todavía emitían su titilante luz, bebió el vital líquido pensando en regresar al lado de su pecosa, pero el piano de cola pareciera invitarlo a tocar, a expresar la felicidad que lo embargaba, para decir a través de la música la transformación que había sufrido; las notas de Tristesse de Federico Chopin brotaban de sus dedos, mientras él con los ojos cerrados daba vida a la sentida melodía. El sonido de la música despertó a Candy, que se levantó para ver desde el umbral de la puerta a Terry tocando, tal como lo vio en aquellos dorados días en Escocia, en silencio se sentó a su lado, él ya había sentido su presencia, así que, sin abrir los ojos, al tiempo que seguía tocando abrió su alma declarando las emociones que ella le inspiraba. — ¡El que estés conmigo, ahora que eres mía, sé que es el camino directo al paraíso!, ¡Verte dormir, pensar que sueñas solamente conmigo, es como si navegara en una estrella!, ¡Tus besos, tu calor me embriagan, me enaltecen, es como si pudiera escribir un verso con tus labios!, ¡Esperar con ilusión cada mañana, despertar y verte junto a mí, me hace agradecer a Dios por la vida maravillosa que me tocó! — Las notas musicales cesaron, él se volteó para mirarla. — ¡Te amo más que a mi vida, pecosa! — Ella que por fin soltó el llanto, lo besó con vehemencia. — ¡Terry, gracias por tanto amor, porque correspondes al mío, que te ha pertenecido por siempre! — El beso precedió a candentes caricias que los llevaron a probar de nuevo las mieles del amor.

Los meses transcurrieron plegados de tranquilidad y felicidad, Terry y Candy vivían en Nueva York, hasta que él terminara sus compromisos en el teatro, después viajarían a Inglaterra, para conocer la villa que el rey les había otorgado como regalo de bodas, el inmueble se localizaba en Stratford Upon-Avon, al sureste de Birmingham, Inglaterra, antes de partir pasarían unos días en Lakewood, no sabían si regresarían pronto, debido a que Terrence tenía planeado audicionar para la Royal Shakespeare Company.

Su estancia la aprovecharon para estar presentes en la boda de Karen y Archie, era inevitable, cupido los flechó de tal manera que ninguno podía estar sin el otro. La alegría se notaba en los rostros de los inquilinos de la mansión Ardlay, misma que se acrecentó al darse a conocer que Albert y Stear serían padres. — ¿Qué festejan? — La potente voz del duque que llegaba con su ahora esposa Eleanor. — ¡Padres!, ¡Han llegado! — Exclamó Terrence. — ¡No, nos perderíamos otra boda de los Ardlay! — Respondió Richard. — ¡Pues creo que se quedarán al nacimiento y bautizo de los herederos! — ¿Qué? — Intervino Eleanor. — ¡Sí madre, Patty y Mely van a ser mamás! — ¡Es una maravillosa bendición! — Y ¿Ustedes cuándo? — Terció el duque mirando a sus hijos. — ¡Todavía no padre, ¡Queremos disfrutarnos como pareja y trabajar un tiempo!, ¡Tal vez en un año o dos! — ¡Hijoooo!, ¡Quiero nietos! — Repeló la ex actriz enfocando su mirada a Candice. — ¡Pronto, Eleanor, pronto! — ¡No quiero envejecer y no poder jugar con ellos! — Jajaja… ¡Para eso falta un poco madre! — Las carcajadas inundaron la estancia, que meses atrás fue el escenario de una tragedia, que posteriormente nadie recordaría.

Fin.



Última edición por Adry Grandchester el Lun Mayo 06, 2024 1:37 am, editado 1 vez

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Dar042

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Niño/a del Hogar de Pony
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Evelyn Rivera Strubbe

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Niño/a del Hogar de Pony
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Bello final. Gracias ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 836918 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 836918 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 836918 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 836918 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 971718 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 971718

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Ana María López

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Niño/a del Hogar de Pony
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Emocionada ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 463717

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Legafa05

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Niño/a del Hogar de Pony
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Me encantó , llore imaginando cada escena y momento , la boda , que es lo que todas esperábamos con ansias, solo falto que Candy también estuviera embarazada , pero fue un final perfecto gracias por tan estupenda historia  ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 189452 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 189452 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 189452 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 189452 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 189452

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Ximena Torres

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Niño/a del Hogar de Pony
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Hermoso final Adry, valió la pena la espera 😍😍😍

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Ana l Ruiz

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Niño/a del Hogar de Pony
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Un digno y maravilloso final Para una historia llena de amor,envidia,celos y maldad.....gracias ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 10498

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Herminia73


Niño/a del Hogar de Pony
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Gracias por un perfecto final para esta maravillosa historia que me tuvo mordiéndome las uñas durante dos guerras Florida!!!

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Rosinarivas

Rosinarivas
Niño/a del Hogar de Pony
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Hermoso final 🥰🥰🥰
Maravillosa historia gracias 💐🌹💐🌹💐🌹
Me encanto 🥰🥰😍😍

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Ana María López

Ana María López
Niño/a del Hogar de Pony
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Whoooo que historia más emocionante bella en todos los aspectos ya se vio el dolor la separación el sufrimiento que ambos tuvieron las intriga no que decir la vida que siguió después de tanto dolor que solo que el recuerdo de ésos males para dar pasó a una vida plena gracias por maravilloso trabajo ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635

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Ximena Torres

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Niño/a del Hogar de Pony
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dulce3852

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Niño/a del Hogar de Pony
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Muchas gracias por ser parte de las Estrellas de Broadway, seguimos iluminando el camino de Terry

Ximena Torres

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Niño/a del Hogar de Pony
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Ximena Torres

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Niño/a del Hogar de Pony
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ladylore

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Niño/a del Hogar de Pony
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Querida maravillosa historia. Lo disfrute en cada tramo de esta bella historia. Reí, lloré, me enfadé y ahora feliz por nuestra pareja principal y los demás que también alcanzaron la dicha.
Felicidades por esta bella historia

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Azul pequeña

Azul pequeña
Niño/a del Hogar de Pony
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Q que epílogo tan hermoso ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 334740 t ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 334740 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 334740 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 334740 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 334740 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 1317166263 13:23:25 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 856396 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 1317166263 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 1317166263 ⭐⭐⭐ESTRELLAS DE BROADWAY LANZAN ATAQUE ATÓMICO CON RECUPERÁNDOME EPÍLOGO II⭐⭐⭐ 87635

Azul pequeña

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Niño/a del Hogar de Pony
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Betty Laguna

Betty Laguna
Niño/a del Hogar de Pony
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un magnífico final lleno de amor y felicidad
Muchas gracias por finalizar el fic tan lleno de enojos, angustia, desilusión y frustraciones
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