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La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic.

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1La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. Empty La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. Jue Jul 29, 2021 12:31 am

ANJOU

ANJOU
Lakewood's Primrose
Lakewood's Primrose
Advertencia: Por favor no leer si no se està familiarizado con el BDSM o si se tiene una mente muy conservadora... A pesar de que esta mini historia es bastante light, contiene descripciones bastante detalladas.


La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. Womans-hands-in-bondage-johan-swanepoel

La voz de su amo

Neil la conocìa lo suficiente. Habìan transcurrido años desde que se vieran por vez primera y ella no tenía ni idea de los gustos que Neil se reservaba para ciertas noches. La idea de llevarla al club se le hizo seductoramente real cuando salieron del café y se dirigieron a su auto. La lluvia los había empapado y ella se veìa tan antojable… con sus pezones marcàndose a través de su correctamente diseñada blusa blanca. Le ofreció su saco para calentarla un poco y sintió su ansiedad. Èl sabìa lo que ella necesitaba, aunque ella lo ignorara aùn.

-¿Te importarìa acompañarme al club? –preguntò Neil casualmente.

-¿A què club? –preguntò ella, mientras trataba de entrar en calor frotándose los brazos sobre el saco de Neil. …Olìa tan bien, olìa a èl, a especias mezcladas con tela fina; olìa a… algo que ella no sabìa identificar, pero que hacìa que la lluvia se le antojara sensual y que ese saco se le antojara con vida propia…

-Lo frecuento desde hace años, aunque creo que no has escuchado hablar de èl, ¿me acompañas?

Ella no sabìa de què era lo que Neil le hablaba, pero sentía como si una bruma se elevara y los rodeara a ambos, ¿què era lo que ocurrìa? Debìa ser la copa de vino blanco que se había tomado, acompañada con las fresas con chocolate blanco que Neil sabìa que le encantaban… eso le enseñaba a no beber nada de alcohol con el estòmago vacìo ni mucho menos mezclarlo con azúcar, fuese de la clase que fuese o viniese encubierta como deliciosas fresas que Neil le había dado en la boca… en pleno café…

-…Claro… siempre y cuando no nos tardemos toda la noche, sabes que tengo que… -carraspeò, -trabajar mañana temprano. Y mientras bajaba la ventana del auto y respiraba el aire frìo y húmedo, trataba de aclarar su mente de todas las ideas locas que la envolvían como una telaraña pegajosa de la que no pudiera escapar.

Conocìa a Neil desde hacìa años. Nada fuera de lo común. Ella era la abogada de la empresa que Neil manejaba con mano de hierro y que lo había llevado a ser uno de los diez hombres màs acaudalados de los Estados Unidos según la revista Forbes.

Conocìa sus estados de ànimo, conocía sus rabietas, conocía sus tácticas financieras y conocía noches en su compañía hasta las tres o cuatro de la mañana, trabajando sin despegar los ojos de la computadora y tenièndolo a la par, sintiéndolo respirar.

Hoy, dìa de su cumpleaños, sin màs, la había tomado del brazo, levantado del escritorio, tomado su bolso, pràcticamente arrastrado por los corredores de la oficina y los elevadores e introducido en su automóvil. El Aston Martin negro, tan negro como una noche sin luna, estaba estacionado en el sótano del edificio; en su lugar exclusivo.

Cuando salieron del lugar, ella sintió el motor del vehículo y una oleada de placer la recorrió por completo. Todo lo que Neil tocaba transpiraba un aroma masculino. Todo lo que Neil vestìa era masculino, todo lo que Neil decía era masculino, todo en Neil era completa masculinidad y ella se sentía vulnerable, frágil, era como si se derritiera en su compañía. Esas noches de trabajo, eran un completo suplicio. Ella, que toda la vida había sido un ejemplo de concentración en su trabajo, tenía que trabajar el doble o el triple y esas madrugadas la dejaban completamente agotada.

No únicamente era la clase de trabajo mental, sino el trabajo que le tomaba evitar verse envuelta en ese aura que rodeaba a Neil y la arrastraba irremediablemente a ella, hacia donde èl estaba, donde èl hablaba, donde èl se movìa. …Y espiarlo mientras lo hacìa.

Esas eran noches en las que Neil se deshacìa en atenciones con ella. La cuidaba, le llevaba café, nada alcohólico, le había dicho, porque el alcohol èl lo destinaba para otras ocasiones y únicamente en muy pequeñas cantidades, por lo tanto, cuando los demás empleados habían abandonado el edificio, a las seis de la tarde, Neil la llamaba a su oficina, que olìa a èl por cada rincón y la acomodaba, ordenaba la cena, el postre y litros y litros de café colombiano que sus empresas importaban directamente.

Cuando habían transcurrido dos horas, èl se acercaba y posaba sus manos en sus hombros, masajeándolos con dedos expertos. Sus hombros y su nuca se convertían en el blanco perfecto de Neil y ella olvidaba lo que estaba trabajando, fueran asesoramientos financieros, contractuales o administrativos. Lo único que existía, eran las manos de Neil y su respiración y sus murmullos y ella vagaba en otra dimensión.

Asì que hoy, cuando acudió a su oficina a las cinco cuarenta y cinco, que la tomara por el brazo, no la sorprendió lo màs mínimo. Ella, tan segura de sì misma, siempre tan cerebral y tan dueña de sì, era un trozo de mantequilla a temperatura ambiente, cuando èl la tocaba. Sòlo alguien como ella, podría comprender la lucha que libraba consigo misma mientras se encontraba rodeada por el entorno de Neil.

Continuaba siendo ella misma, pero existìan momentos de suma intimidad entre los dos, donde incluso no era necesario ningún contacto físico, para que ella se sintiera atraída hacia èl de una forma sorprendente.

Poco a poco aprendió a no protestar cuando èl ponìa sus manos en sus hombros. A no protestar cuando èl le servìa la cena. A no protestar cuando èl le decía que no màs café, no màs trabajo, no màs champagne… como hoy. Extrañamente le había dicho que una copa era suficiente y ella lo obedeció.

Asì que ahora que iban al club, supuso que no tendría sentido protestar y sencillamente se dejó llevar por el arrullo del motor del coche. Habìa sido una mañana agotadora, mientras discutìa con el representante del sindicato y francamente, una visita al club que frecuentaba Neil, seguramente la relajarìa. Si Neil lo frecuentaba, no podía ser un lugar despreciable.

Sin darse cuenta, cayò en una suave modorra y cuando sintió, la puerta de su lado se abrió y un par de brazos la levantaron. Mientras trataba de sacudirse el sueño que le pesaba en los pàrpados, Neil susurrò en su oído:

-Hemos llegado…

Ella abrió los ojos entre soprendida y avergonzada. ¿Còmo tendría el cabello? ¿Y el traje? ¡Ah, cielos, y Neil impecable con el cabello aùn húmedo por la lluvia!

-Neil, bàjame por favor. Tengo que ver còmo estoy…

-Fabulosa, como siempre –dio Neil mientras la ponìa en el gris y mojado concreto, -y màs antojable de lo que te imaginas… -murmurò cuando ella se adelantò a recomponerse frente al cristal de la ventana del coche que aùn estaba estacionado en la calle.

-¿Vas a dejar el auto acà? –preguntò con cara de incrédula. La noche estaba clara y por demás desierta, pero ese no era motivo para dejar un auto de un millón de dólares estacionado en plena calle.

-No te preocupes, el valet parking vendrà a estacionarlo ahora mismo. Es un servicio que el club presta a sus miembros.

-Ah…

Entraron al club pero lo primero que se encontraron fue a un robusto hombre detrás de un lujoso escritorio.

-Buenas noches, señor Legan.

-Buenas noches, Bruno.

-¿Va la señorita a ingresar con usted? –preguntò Bruno dirigiendo su mirada a la chica.

-Sì.

-Entonces usted ya conoce el procedimiento –dijo mientras extendía un legajo que Neil tomò al mismo tiempo que una pluma y se volvià hacia ella diciéndole:

-Tienes que firmar estos papeles.

-¿Por què? ¿No me estoy suscribiendo a nada, verdad?

-Es sòlo un requisito para poder entrar. No, no te estàs suscribiendo a nada; vienes como mi invitada, pero tienes que firmar aquí –decìa Neil mientras señalaba la página final del legajo con la pluma.

Ella tomò el lejago y empezó a leer… los miembros… el club…

-Dame la pluma.

-Pero no has leído todo –dijo Neil con una media sonrisa.

-Supongo que si vengo contigo a este lugar no tengo nada què temer, ¿verdad?

-No, no tienes nada què temer, de eso puedes estar segura. Siempre voy a protegerte.

Asì que ella firmò, entregò los papeles y la pluma a Bruno y Neil la tomò de la mano.

-Estoy empapada –dijo ella, mientras trataba de recomponerse el traje.

-Serìa màs cómodo si te quitaras el saco… o sea, los dos sacos… -dijo Neil divertido.

-Creo que tienes razón –y mientras se quitaba el saco de Neil y el suyo propio, Neil tomaba ambos y se los colocaba en el brazo derecho y con el izquierdo, enlazaba el suyo con el de ella.

Ella empezó a escuchar la música que provenìa del final del lujosamente decorado corredor. Alfombra maravillosamente mullida que lo único a lo que invitaba era a despojarse de los zapatos y que tenía el color de la sangre… ¡vaya con los detalles!

El choque fue total.

Frente a ella se desplegò un escenario que en su vida hubiese podido imaginar.

La habitación estaba repleta. Un lujoso bar se situaba en el centro del gran espacio y las personas que estaban allì aparecían vestidas… o mejor dicho, desvestidas de una forma provocativamente… ¿provocativa? Latex, cuero, corsès, mujeres con únicamente una tanga por vestimenta…

Frente a ellos pasò un hombre impecablemente vestido y detrás una mujer, con la cabeza gacha y las manos atadas, descalza.

-P-p-pero ¿què es esto?

-Esto es un club privado, y…

-Buenas noches Neil.

-Buenas noches Lucy –respondió Neil a una hermosa mujer enfundada en negro látex, que agitaba un flagelo del mismo material por lo bajo, mientras era seguida por otra mujer, vistiendo únicamente una tanga de cuero negro, un collar ancho con una plateada hebilla y pinzas en los pezones.

-Veo que traes una invitada –dijo la mujer.

-Sì, es la primera vez que se encuentra en un sitio como este.

La mujer dio una apreciativa mirada a la compañera de Neil.

-¿No querrìas compartir, verdad?

-Gracias por el ofrecimiento, pero será ella la que decida sobre esto luego.

-Comunìcame cualquier cosa, ya lo sabes –dijo Lucy desvistiendo con la mirada a la chica y continuando su camino, seguida por la otra mujer.

Ella sòlo abrìa los ojos, tratando de que su cerebro captara la atmòsfera que la rodeaba. Neil parecía en su ambiente idóneo. Veìa a todo el mundo, pero ella sabìa que su atención estaba enfocada en ella.

-…Neil…

-Dime.

-¿Què es esto?

-Te decía: es un club privado. Los que nos reunimos acà nos conocemos de todos los ámbitos en los que nos movemos, porque generalmente son los mismos. Si volteas a tu derecha, veràs a Jim Clark, mi socio en la importación de café colombiano.

Y volviéndose, ella reconoció al poderoso hombre de negocios, mientras penetraba a una mujer que gemìa como ella nunca había escuchado en su vida y cuyas muñecas se encontraban sujetas por esposas de alguna clase de material de color negro y que se hallaba completamente desnuda. Sus gemidos eran de autèntico placer mientras èl la embestía con frenesì, embutido en un traje que seguramente era de marca e italiano y cuyo pantalòn se encontraba a la altura de sus tobillos mientras la camisa se pegada a su atlético torso.

Ella volvió a ver a Neil con ojos incrédulos.

-Te lo dije, todos aquí pertenecemos a una cierta èlite y todos respetamos la identidad y la predilección que tenemos por estas pràcticas.

Ella no comprendìa. El lugar estaba dispuesto para que los lugares se volvieran ligeramente apartados, pero aùn asì, podía verse la mayor parte de lo que ocurrìa, sin mencionar los gemidos y gritos de placer, tanto de hombres como de mujeres.

Habìa una mujer enfundada en látex con un hombre de rodillas junto a ella, mientras ella conversaba con otra mujer igualmente enfundada en látex negro…

Neil la conocía. Neil observaba su pulso acelerado y podía jurar que la visión de la pista de baile la exitaba. La pregunta que ella iba a hacer había muerto en sus labios, cuando sus ojos se posaron en la pista de baile. Lo único que Neil tuvo que hacer fue seguir su mirada y encontrar el foco de su atención.

Un hombre en traje sostenía entre sus brazos a una mujer desnuda con las manos atadas a la parte de atrás de su cuerpo, mientras le devoraba los pezones al ritmo de la música. La mujer gemìa, mientras su largo cabello caìa sobre su espalda y ella mantenía sus ojos cerrados.

Neil la observaba y la conocía y sabìa que el pulso que notaba en su cuello era pura exitaciòn. Ella querrìa verse en ese lugar, siendo acariciada de esa forma. La respiración de ella empezó a acelerarse, sin poder escapar de la visión de la pista de baile.

Neil se moviò por detrás de ella, hasta quedar a un centímetro de su cuerpo y con sus manos hábiles, levantò la falda del traje sastre que ella vestìa. Ella dio un respingo e intentò protestar, pero los dedos de Neil se abrieron paso por el medio de sus glúteos y su ropa interior, para toparse con la humedad que esperaba encontrar. Ella gimiò. Èl continuò.

¿Què era lo que le ocurrìa? ¿Còmo era que ella dejaba que esto le ocurriera…? …Pero es que ella no podía escapar del influjo de Neil, de su aroma, de su innegable aroma a poder… Los dedos de èl la exploraban y ella se derretìa en sus manos. Sentìa su cuerpo pegado al de èl, que extrañamente se sentía fuerte y reconfortante… y sensual y càlido y… ¡ahhh! ¿Esa era ella gimiendo?

Neil entonces colocò su otra mano frente a ella y su dedo encontró su clítoris.

-Ah, -susurrò Neil en su oído- listo para mis dedos…

Ella no podía responder, no podía reaccionar, sòlo podía sentir… ¿Hacìa cuànto tiempo que no salìa de su cerebro –el cual consideraba su activo màs valioso- y se sentía una mujer? Sintiò que sus caderas empezaban a cobrar vida propia y a moverse al ritmo que èl le marcaba. Y pudo sentir còmo la erección de Neil trataba de abrirse paso entre sus glúteos, exitàndola, enloqueciéndola.

Sì, eso era lo que èl había esperado por tanto tiempo; tenerla asì, sòlo para èl. Aunque en medio de un mar de personas, cada quien era una entidad aparte y nadie iba a involucrarse con lo que estuviera ocurriendo entre ellos dos.

De tener la mano en sus glúteos, Neil la pasò a su pechos. Sus generosos pechos que todo lo tenìan de natural. Comprobò con placer que sus pezones podrían haber podido romper su ropa interior y con una experta mano, desabotonò por completo su blusa, haciéndola caer al suelo.

Colocò su mano sobre uno de sus pechos y empezó a acariciar el pezòn que se le ofrecía. Ella sòlo gemìa. Se despegò un poco de ella y desabrochò el sostén, mientras ella hacìa esfuerzos por liberarse de la ahora molesta prenda. Neil se moviò y se colocò frente a ella. Se inclinò y jugeteò con su lengua sobre sus pezones, mientras con su dedo continuaba masajeando el húmedo clítoris.

La fue moviendo poco a poco, hasta que la espalda de ella, quedó pegada a una columna de mármol negro. El contacto con el frìo material, la exitò aùn màs. De sus pechos, que agarraba con una mano, pasò a su estòmago y de su estòmago, pasò a su monte de venus. Cuando èl tuviera el control, ese lugar no tendría ningún vello y siempre estaría dispuesto para recibirlo a èl, sòlo a èl. Ella alzò las manos, mientras intentaba aruñar el mármol de la columna.

Abriò las piernas de ella e introdujo su rostro entre ellas. Ella se dejó hacer sin oponer ninguna resistencia. La lengua de Neil la recorrìa y la penetraba y mientras su lengua se detenía a jugar con su clítoris, su dedo entraba a su vagina. Primero uno, luego dos. El orgasmo que sintió fue el màs intenso de su vida. Y se vino con gritos de placer, en el rostro de Neil, mientras su espalda se arqueaba y sus caderas se movían desesperadas y hambrientas por màs.

Neil se incorporò y la abrazò. Ambos estaban empapados en sudor y ella nunca se sintió tan protegida como en ese momento. Neil susurraba palabras tiernas a su oído y la cobijaba entre sus brazos, mientras acariciaba su espalda y su cabello.

-¡Què linda mi pequeña! –decía Neil –la próxima vez, será con esposas.

Y ella supo en ese momento, que de ahora en adelante, cuando las puertas de la habitación se cerraran o las del club se abrieran, sòlo obedecerìa a la voz de su amo.


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ok, despues de leer esto me voy a tomar un vaso de agua con hielos y a dormir... sera que mejor me baño?


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OMG que buenas manos, así no podré dormir La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. 1f525 La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. 1f525

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¡No puede quedar así!

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Uff!! Para empezar el día con calor!! 🔥🔥🔥😁😅

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😲😲😲😲 O M G hace calors jajajaja k buen fic felicidades me encantó

https://studio.youtube.com/channel/UCoBO5mmy0M_m1HBXAUx4ulQ

DTG

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Niño/a del Hogar de Pony
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D E M O N I O S ! ! ! ! la canción Fabulosa!!! la historia endemoniadamente deliciosa...Santas Ánimas del Purgatorio!!! cómo se le hace para seguir con la vida normal después de ESTO?

Evelyn Rivera Strubbe

Evelyn Rivera Strubbe
Niño/a del Hogar de Pony
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WOW. Very, very hot. The song, wow La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. 355103 La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. 355103 La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. 355103 La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. 355103 La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. 355103

SandySandy

SandySandy
Niño/a del Hogar de Pony
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Fue muy bueno, la narración del ambiente clara, la música si que ayuda gracias

Wendolyn Leagan

Wendolyn Leagan
Niño/a del Hogar de Pony
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OH SÍ!
ME ACUERDO MUY BIEN DE ESTA HISTORIA.
UUFFF ¡TREMENDA HISTORIA!

http://www.maldita-bruja.blogspot.com

Azul pequeña

Azul pequeña
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Muy buen toque y movimiento de dedos de Neal.y que buena canción estupendo fic gracias 🥰

Beatriz Rodríguez

Beatriz Rodríguez
Niño/a del Hogar de Pony
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Quien viera a Neal!

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cilenita79

cilenita79
Niño/a del Hogar de Pony
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Tremendo!!!!!! Y la música!!! Aaaahhhh ameeeee

Sussy

Sussy
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Anjou, felicitaciones, que ambientación, luz, sombra, música... personaje que cada vez desdibujan una de sus caras.

La voz de su amo: Mini, Muy Mini Neil Fic. Brindi10


mysha

mysha
Niño/a del Hogar de Pony
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