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 » El Ciber Hogar de Pony » Guerra Florida 2017 » ..::: La Mansión Leagan presenta WONDERLAND PSICODELIA :::...

..::: La Mansión Leagan presenta WONDERLAND PSICODELIA :::...

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Wendolyn Leagan

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony


La enorme selva por la que caminaba, le parecía increíble.
Miraba hacia detrás de sí y no entendía cómo, si hace tan sólo unos instantes se encontraba en su habitación disfrutando de un delicioso postre, ahora estaba en esta sitio que, definitivamente, no reconocía.

¡En su vida había visto unas flores tan grandes!
¿Y estas hojas? ¡Parecían las sábanas de su cama!
¿Qué diablos era esto?

- ¡Hola! – gritó - ¡¡Hooooolaaaaaa!!- el eco le respondió varias veces más de lo que sonaba lógico - ¿Pero dónde carajo estoy? ¡Eliza! ¡Mamá! ¡Mamááááá!

- Awwww el pobre nenito llamando a su mamá… - una voz lo hizo voltear.

- ¿Quién eres? – preguntó el joven a aquello que le hablaba.

- ¿Qué, eres ciego? ¡Una coneja! ¿No me ves?




Neil se le acercó con los ojos muy abiertos.

- Nunca había visto una coneja tan grande y que hable.

- Pobre de ti… - dijo la coneja mirándose las uñas como al descuido, mientras masticaba un chicle – Hay muchas cosas aquí que nunca has visto.

- Me recuerdas a alguien… - dijo él pensativo – a una jardinera molesta y malas pulgas que se llama Yaro.

- ¿¡Malas pulgas…!? No, ninguna Yaro. – dijo la coneja, resoplando con enojo, mientras sacaba de su bolsillo un enorme reloj de leontina -  Soy una coneja, y ya me voy porque se me está haciendo tarde. Chaus.

- ¿Tarde? ¿Y para qué? – preguntó él siguiéndole.

- ¡Oye! Quédate donde estás y no me estés siguiendo. Yo ni te conozco.- dijo la coneja.

- Pues mucho gusto, soy Neil Leagan. – respondió él.

- No te pregunté quién eres – respondió la coneja con desgano – solo dije que no me sigas.

- Pero… Oye espera, no me dejes solo.

- ¿Te da miedo quedarte solito? Pubricitu.

- ¡Ay claro que! Yo no le tengo miedo a nada – dijo Neil – pero, es que no sé dónde estoy. Al menos indícame por dónde regreso a mi casa.

- ¿Y qué te hace suponer que no estás en tu casa?

- Bueno, yo conozco mi casa y esta no es, así que yo sé que no estoy en mi casa.

- Escucha una cosa, buenmozuelo… A veces las cosas no son como las vemos, y lo que tenemos por cierto no es más que una ilusión. Hay ocasiones en que despertamos y vemos la realidad como si fuera un sueño. No siempre dura, el sueño acaba rápido, despertamos y volvemos a esa ilusión donde todo es mentira, a enfermarnos de realidad. Tú tienes cara de estar bien enfermo, creo yo.

Neil lo quedó mirando con cara de tonto, con la boca abierta y parpadeando, intentando captar lo que aquella criatura había expresado.

- No te entendí un carajo de lo que dijiste…

- Bah, me da igual… ¡¡Uy qué tarde!! ¡Es tardísimo, tardísimo!

- No espera, no te vayas – dijo él agarrándola por un brazo.

- ¡Dejame pedazo de loco! Ya se me hizo muy tarde, me esperan para el té y el mousse.

La coneja dio un brinco y salió corriendo dejando tras de sí no más que una estela de polvo rosa brillante.

- ¿Mousse? ¿Aquí también hacen mousse?... ¡Oye espérame no me dejes botado…! ¡Ah se largó! – resopló Neil dando una patada.

No le quedaba más que seguir andando, ya encontraría a alguien que le indicara cómo volver a la Mansión Leagan.
Siguió andando y, de pronto se le ocurrió que, si había encontrado una coneja de su tamaño, podría encontrar otras cosas igual de raras… saltamontes, arañas, lagartijas.

Tragó en seco mirando a su alrededor, imaginándose que alguna alimaña monstruosa se lo encontrara solo y lo devorara.
Agarró una rama del suelo y, tomándola con ambas manos, continuó su exploración de aquel lugar.

Llegó hasta un claro donde crecían muchos hongos gigantescos, nunca había visto hongos tan grandes y brillantes.
Le llegó cierto aroma y de pronto se le ocurrió que estaba cerca de casa, porque aquel olor se parecía mucho al que venía de cierta parte de la casa; concretamente el área del jardín donde una de sus amadas solía mantener siempre cerrado.

- ¿Qué te trae… por estosss laresss… muchachito?

Una voz sensual y adormilada llamó su atención.
Cuando levantó la vista, vio a aquella hermosa dama que sentada en lo alto de un hongo, le observaba, mientras fumaba.

- ¡Ruby! – exclamó Neil con una gran sonrisa.

- Te equivocasss… preciossso… - susurró ella exhalando una bocanada de humo violeta justo en su cara – Yo sssoy sssolo una oruga.





Neil tosió con fuerza al aspirar el humo que la mujer le había arrojado encima

- ¡Cof Cof!... por favor … ¡Cof!... no vuelva a hacer eso… ¡Cof Cof! Señora Oruga.

- Ssseñorita… si me hacesss… el favor – susurró ella – todavía no ha habido quién me obligue al lazo conyugal.

- Disculpe – dijo él, haciendo una reverencia y  secándose el sudor que aquel ataque de tos le había provocado – en todo caso, nunca antes vi una oruga tan bonita.

- Graciassss… - susurró ella, batiendo las pestañas.

- ¿Sabe usted, señorita oruga, cómo puedo regresar a mi casa?

- ¿A tu… casssa? – dijo ella mientras exhalaba sensualmente otra bocanada de humo – no tengo… ni idea…

- ¡Rayos! – exclamó él haciendo un mohín – tengo rato perdido en este extraño jardín y no sé cómo regresar a mi casa.

- ¿Y còmo sabesss… que no estásss… en tu casssa… preciossso?

- Qué raro, hace rato una coneja me estuvo preguntando lo mismo… Bueno, yo sé que esta no es mi casa.

- Podrías ser tu casssa… sssi tú quisierasss… - dijo ella, coqueta.

- Perdone, de verdad me encantaría quedarme, pero en serio debo regresar con mi familia.

-  ¿Y qué familia esss esssa… si se puede sssaber…?

- Pues, la familia Leagan, por supuesto.

- ¿Leagan… dicesss? – susurró ella aspirando su largo pitillo – yo he escuchado antesss… ese nombre…

- ¿Sí? Bueno no es raro, quién no va a conocer a los Leagan – dijo él con aire de autosuficiencia – somos lo mejor de la sociedad de Chicago.

- Pues Chicago o no… yo no lo sssé…- dijo ella – pero si quieres saber de quién te hablo… sssigue ese sssendero… ahì hallarásss… a la de losss sombrerosss, la que hace té… y también hace mousse…

- ¿Mousse? ¡Vaya!  ¿De chocolate? – ella se encogió de hombros aspirando su pitillo de humo violeta – Pues si hacen mousse de chocolate, no ha de ser tan malo este lugar.

- Hazme un favor… preciossso – dijo ella arrancando un hongo y entregándoselo – cuando encuentresss a la que hace té… dale esto y dile que digo yo… que ya ella sssabe…

- Está bien, yo le digo de su parte. Hasta luego y gracias… oiga señorita oruga no fume tanto eh, le puede hacer mal a los pulmones.

Ella lo despidió con un gesto y se recostó a seguir disfrutando de su pitillo.

- Ahora resulta que soy mensajero – fruncía el muchacho, mientras caminaba entre los altos hierbajos cargando ese hongo gigante con él – todo sea porque alguien me ayude cómo salir de aquí y volver a mi casa de una vez.

- ¿Para dónde dices que quieres ir?- preguntó una voz de pronto

Neil miraba para todos lados y no atinaba a ver de dónde es que le venía el sonido.
Una risa resonaba en el jardín extraño, pero él no sabía de dónde venía.

- ¿Quién es? – preguntó dando vueltas para todos lados – Muéstrese ¡Tengo un hongo y sé cómo usarlo! – dijo, apuntando a la nada con el hongo que la oruga le había entregado

La risa se dejó escuchar de nuevo.

- Al único que le puede hacer mal ese hongo es a ti – dijo de nuevo aquella voz – de hecho yo diría que ya te ha afectado.

- ¡No hablaré más con usted si no se muestra!

- Curioso que digas eso, cuando de hecho sigues hablando – dijo la voz seguida de otra carcajada – Aquí arriba tontito.

Neil levantó la vista. Y sobre la rama de un árbol había una gran gata de rayas moradas recostada muy calmada, mostrando su enorme sonrisa.

- Pero… ¡¿Gezabel!? – exclamó él - ¡Deja de jugar loca y ven ayúdame!

La gata se revolvió de risa sobre su rama.

- No joven, estás equivocado – carcajeó la gata – yo soy solamente una gata de gran sonrisa que descansa por aquí. Ahora dime ¿Para dónde dices que quieres ir?





- Pues, para mi casa ¿Me puedes indicar por dónde voy?

- ¿Y para dónde queda tu casa?

- ¡No sé! – exclamó él - ¿Tú crees que si supiera te estaría preguntando?

- ¿Y ese hongo, te lo llevas a tu casa?

- No, en mi casa hay muchos de estos. Lo sé porque hieden igualito.

- ¿Entonces cómo es que lo llevas?

- La oruga de allá me dijo que se lo entregara a la que hace té… y mousse.

- ¡Ah! Comprendo. Debe ser para la fiesta.

- ¿Cuál fiesta?

- La fiesta de té, por supuesto. Siempre hay una a las 5 de la tarde.

- Ah bueno, dime ¿La conoces?

- Puede ser…

- ¿Puede ser que sí, o puede ser que no?

- ¡Puede ser que sí!...- exclamó la gata – o que no. Todo depende de quién pregunte.

- ¡Dios mío! – resopló el joven-  ¿Puedes al menos indicarme hacia donde tengo que ir para dárselo?

- Pues da igual para dónde vayas – exclamó el gato mostrando sus dientes – de todas maneras en algún momento la vas a encontrar.

- ¿¡Cómo la voy a encontrar si no me dices!? ¡Yo no sé quién es!

- Solo sigue tu intuición Neil. Todo está en tu mente.

- Pero qué diablos ¿Es que todos aquí hablan en enigmas? ¡Estoy enfermándome de todo esto!

- ¿Enfermándote? – preguntó la gata abriendo sus enormes ojos - ¿Enfermándote del cuerpo, de la mente o del corazón?

Neil resopló; estaba cansado de todo eso.

- Era solamente una expresión, no era literal. No es que esté realmente enfermo.

- Ah; pues no hables  cosas que no son ciertas. Las mentiras pueden llevar a muchos problemas.

- ¡¡Ayyyy que no me hables más en enigmas!! ¿Acaso todo el mundo está loco aquí?

- ¡Bingo! – exclamó la gata haciendo una carantoña con su garrita violeta – Yo estoy loca, tú estás loco… ¡Todos estamos locos aquí!

El gato comenzó a reír y a reír. Mientras más fuerte reía, le parecía a él que su cola y sus orejas iban desapareciendo.

La risa del gato violeta comenzó a retumbar por todo el extraño jardín; fuerte muy fuerte, Neil tuvo que dejar caer el hongo que le había dado la oruga para cubrirse los oídos.

De pronto la risa cesó, y él levantó la vista. Solo una enorme dentadura blanca y brillante quedaba de lo que había sido el gato.

- Sigue por el sendero de las piedras verdes – dijo la sonrisa – y cuidado con la reina roja, te está buscando y te va a quitar lo que te dio el color.

- ¿Color? ¿Reina? ¿Qué reina? ¡De qué estás hablando!... Oye, no te vayas…

La sonrisa había desaparecido, y Neil se quedó de nuevo en silencio.
Recogió el hongo que había dejado caer y  buscó con su mirada las mentadas piedras verdes.
Se encontró con la novedad de que todas las piedras de ese extraño  jardín se encontraban enverdecidas por el moho que las cubría.

Neil suspiró. Solo quería terminar con esto para poder volver a su casa.
Le hizo al “de tin marín” y continuó por el camino que su suerte había elegido.
Después de todo, todos los caminos llevan a Roma, dicen.

No había caminado mucho cuando le llegó un aroma que él conocía muy bien.
Le olía a las masitas que solía preparar su chef a la hora del té.
Con una sonrisa y casi salivando de antojo, Neil caminó entre el follaje hasta que llegó a un claro donde una gran mesa larga se extendía dispuesta para un banquete.

En medio de la mesa una tarta de chocolate oscuro, a la que le faltaba una buena tajada fue lo que llamó poderosamente su atención.

- ¡Oh un invitado! – exclamó una voz a su espalda – Oigan todas tenemos un invitado.

Neil se volteó, y vio a una linda joven delgada y de cabello rubio que traía un traje con corbata de moño y un gran sombrero de copa; llevaba entre las manos una charola con una tetera y varias tacitas de porcelana.

- ¡Cinco en punto! – dijo otra voz que se le hizo familiar – Casi no llegamos al té.

- Yo tengo sueñito… - dijo una pequeña voz a su derecha.

Neil se volteó y a su lado, un pequeño lirón de largo cabello oscuro, se restregaba los ojos.
Llevaba un pijama rosa y llevaba abrazada una almohada.
No sabía Neil si acababa de despertarse o se iba recién a dormir.

- ¡Anilatak!… ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó Neil - ¿Y por qué estás tan pequeñita?

- Yo no me llamo Anilatak – respondió ella bostezando – Yo soy un Lirón, y tengo sueñito.
El Lirón se recostó a su costado y en seguida se puso a roncar.





- ¡Aaaah ese es! – exclamó una voz que hizo brincar al pobre Lirón que se había dormido - ¡ese es el loco que dijo que yo tenía pulgas!

- ¡Pulgas! – dijo la joven de sombrero y comenzó a revisarle la cabeza – No, no hay pulgas.

- ¡Mimi! – exclamó Neil -¡Mimi qué gusto de verte!

- ¿Mimi? – no señorito se equivoca usted. Yo soy La Sombrerera, la que hace el té.





- Pero ¿Y una sombrerera no debería hacer sombreros? – preguntó él.

- Sí, en teoría… Pero yo hago té – dijo la joven señalándose a sí misma - ¿Quiere probar un poco de mi té? También tengo delicioso mousse

- Eh… Sí, por favor, me vendría muy bien una taza de té caliente.

- ¿Quién ha robado una tajada del pastel especial? – el gato violeta se hacía presente de nuevo, mostrando su enorme sonrisa.

- ¡¡El pastel especial!!- Dijeron las demás – ese pastel que no debería ser tocado hasta que llegue ella.

- ¿Ella, quién?

- Puesss yo… preciossso…- la oruga llegaba al recinto contoneándose sensualmente, y con su infaltable pitillo de humo violeta - ¿Quién ssse ha comido… el passstel… essspecial? Lirón… essstoy mirándote.

- ¿Yo qué? – respondió la pequeña tallándose los ojos – no me he comido nada, me acusan porque tengo mucho sueño…

- No lo sabemos – respondió la sombrerera – pero quien lo haya hecho ha de pasarlo mal, ese pastel no era para cualquiera… ¿Mousse? – dijo al final ofreciendo a Neil una copita llena de crema café y una “lengua de gato” azucarada

- Gracias. – dijo el joven tomando la copita; el Lirón volvió a dormirse sobre su costado.

- No quedará más que hacer otro pastel – dijo la gata de la sonrisa - ¿Hay hongos?

- Eh, sí – se apresuró a decir Neil – yo traje uno que la oruga me dijo que te lo diera.

- Muchas gracias señorito – dijo la sombrerera tomando el hongo – ya mismo me pongo a preparar otro pastel.

- Oye Oruga, si tú ibas a venir ¿por qué no trajiste tú misma el hongo?

- Porque te lo pedí a ti… preciossso…- susurró ella emanando más humo – pero por lo visssto… eres algo… lento.

- ¡Muy lento! – exclamó el conejo mostrando su gran reloj – mira nada más la hora que es ¡Tardísimo!

- Señoras – dijo Neil sorbiendo su tacita de té – les agradezco mucho la hospitalidad, pero aunque lo lamente mucho, no puedo quedarme.

- No te vayas, eres muy cómodo. – dijo el Lirón, acomodándose sobre su regazo.

- ¿Tiene prisa el señorito? – preguntó La Sombrerera - ¿Alguna mala cara, una mala palabra?... ¡Ah! ¿¡No le ha gustado mi mousse!? – dijo al final ella emitiendo un suspiro ahogado.

- ¡No, desde luego que no! -  se apresuró a decir Neil – el mousse está delicioso señorita sombrerera, idéntico al que me hacen en mi casa. Es solo que estoy perdido y yo…

De pronto se escucharon unas trompetas que resonaron en todo el claro donde se celebraba la fiesta de té.

- ¡¡LA REINA!! ¡¡LA REINA!! – exclamaron todas al unísono.

La Sombrerera  dejó caer las masitas y se cubrió la cara con la charola; el Lirón se resbaló sobre su almohada hasta debajo de la mesa, la Oruga se apresuró a apagar su pitillo, la Coneja guardó su reloj y se puso a masticar una zanahoria, la Gata violeta se sentó en una silla y subió las patas a la mesa, sonriendo grandemente.

- ¿Dónde está? – dijo una joven pelirroja vestida con un ancho vestido negro adornado de corazones rojos - ¡Dónde está no me lo escondan!

Todas lo señalaron con el índice. Neil, asustado, se levantó de un salto sin saber qué estaba pasando.

- ¡Así que aquí es donde has estado todo este tiempo! – bramó la joven mirándolo con enfado.

- ¡Eliza…! – susurró Neil al ver su rostro muy cerca del suyo.

- ¿Eliza? ¡¡¿Eliza?!! – Bramó ella tomándolo de las solapas y sacudiéndolo fuertemente - ¡Cómo te atreves a llamarme así igualado! Yo soy la reina ¡Soy la reina! ¡Soy la reina!...

- ¡Oye cálmate! – dijo él soltándose – siempre has tenido aires de princesa pero de ahí a mangonearme así…

- ¡Esto es el colmo! – dijo ella mirándolo furibunda - ¡¡Que le corten la cabeza!!

La mujer bramaba exigiendo la cabeza del joven trigueño y un grupo de naipes con lanzas venían a cercarlo.
Neil quería correr pero los naipes lo agarraban de las ropas; él, en su intento de escapar, terminaba con rasgaduras por todos lados.

Las mujeres de la fiesta de té se horrorizaban mientras la gata morada reía fuertemente.
Los naipes seguían intentando agarrarlo y ya casi nada de su ropa quedaba, mientras la pelirroja seguía gritando, lo llamaba por su nombre una y otra vez, también llamaba a su mamá.

¡¡Mamá!! ¡¡Mamá!! Gritaba desaforadamente la mujer. Neil no sabía para donde huir.
De pronto sintió que lo tomaban de una mano.

- ¡Rápido! Escapa en mi unicornio.

Era el Liròn, que abrazado a su almohada y casi dormido, le indicaba el camino.

- ¿Unicornio?

- Sí, se llama Tristán ¡Allá está! – le señalaba la pequeña – solo súbete y te llevará a donde tú quieras.

- ¡Gracias Anila… digo pequeño Lirón! muchas gracias.

Neil trepó en el unicornio que al principio no quería obedecerle, pero alcanzó a tomar un gran puñado de la “tarta especial” que estaba en medio de la mesa y, metiéndole un poco al hocico, se quedó él con el resto y masticaba un poco de vez en vez, el unicornio al sentir el delicioso chocolate de la tarta especial, dio un fuerte relincho comenzó a correr… luego a volar.

Neil tuvo que agarrarse muy fuerte para no caerse.
Pero después todo susto había desaparecido.
Tristán lo llevó por cielos púrpuras colmados de arcoíris, y por mares violetas donde delfines rosados salían a saludarle.

¡Se sentía en la cima del mundo! Ya no le importaba si llegaba a su casa o no, solo quería seguir disfrutando de esa maravillosa y liberadora sensación de estar volando por un mundo de fantasías a lomos de un unicornio mágico, comiendo tarta de chocolate…


- ¡Mimiiiiiiiiii! – el grito destempló a la hacendosa chef quien, acomodándose el sombrero se apareció rauda en medio de la cocina.

- Sí Miss Condesa Ruby – dijo la chef haciendo una reverencia – diga usted.

- ¿¡Quién ha cogido una porción de este pastel!?

En medio de la mesa de la cocina estaba una gran tarta de chocolate a la que le faltaba un buen pedazo.

- ¡Uy Miss Condesa! No sé… ay no esto va a estar feo – dijo la Chef estrujándose las manos.

- ¡Tarta! – dijo Gezabel acercándose a coger un poco.

- ¡No toques! – dijo Ruby, dándole un manotón – Esa tarta es “especial”, Se la ordené a Mimi especialmente para un “trabajo”… Está “cargada”.

- No pues, con tanto entrecomillado ya entendí el mensaje. – respondió Geza – pero, le falta un pedazo.

- Sí, y no sabemos quién cogió – respondió Mimi – no veas el viaje que ha de estar pegándose. Estará aterrizando con suerte dentro de una semana. ¡Esa tarta llevaba alucinógenos como par aun pelotón!

- ¿En serio? – preguntó Geza - ¿O sea que alguien de la Mansión anda por ahí hablándole a las flores o bailando desnudo? Jajajaja Uy esto se va a poner bueno.

La joven tomó asiento y subió los pies a la mesa riéndose con ganas.
Las otras dos mujeres la miraron feo. Solo a ella se le puede ocurrir que eso iba a ser gracioso.

Esa tarde Neil Leagan había llegado de sus clases muy cansado; entró a la cocina buscando algo de beber, pero se encontró con otra cosa…

- Neil… - ¡Neil despierta que me tienes que llevar a mis clases de piano!

Eliza tenía como media hora intentando levantar a su hermano que se había quedado seco dormido en la butaca de su habitación.
No había caso, el joven simplemente no respondía.

Ella ya había intentado de todo: le había gritado al oído, le había salpicado de agua; incluso lo había agarrado de las solapas sacudiéndolo como si fuera un muñeco de trapo. Nada lo hacía reaccionar.

Cansada la muchacha, se quedó frente a él mirándolo con enfado.
De pronto lo vio sonreír y emitir una risita ahogada mientras balbuceaba cosas incoherentes.
Un hilillo de baba se escurrió por la comisura de su boca mientras farfullaba “wiiii arreeee arreee” y seguía riendo como idiota.

- ¡¡Mamááááááá!! – gritó la chica enfurruñada - ¡Mamá ven aquí, creo que Neil se está muriendo!

Iba saliendo del cuarto a zancadas, cuando de pronto se fijó en lo que había sobre el escritorio de estudio de su hermano.
La tentación fue más grande que su apuro, o su preocupación.

- ¡Tarta de chocolate! – dijo Eliza y, asegurándose que nadie la veía, tomó el platillo y se metió una gran cucharada a la boca - ¡Mmmm… está deliciosa! – dijo ella con la boca llena de tarta.

Se sentó a la cama a seguir degustando esa maravilla, Mimi como siempre, una "patissiere" sobresaliente.

Estaba a punto de terminarse el pedazo de tarta cuando de pronto, la niña se quedó mirando a la nada.
Una sonrisa tonta se estacionó en su boca y un hilillo de baba café se escurrió por su boca.

Sus pupilas se dilataron y una estrambótica melodía comenzó a retumbar en sus oídos…




MIS OTROS TRABAJOS EN ESTA GF:


EL RECUERDO DE ROSEMARY
LA LUZ DEL FARO
INCONDICIONAL (Patty y Stear)
AFRIKAAN LULLABY (una vivencia de Albert)
SOLO DE GUITARRA (oneshot para Albert, presentado en la sección de fanfics)
UN PERSONAJE, UN GATO 6 (Annie y Archie)

http://www.maldita-bruja.blogspot.com

igzell

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Niño/a del Hogar de Pony
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la eliza es mas curiosa que yo...
Solo a la condesa Ruby se le ocurre dejar ciertas cosas a la vista de todos,en una casa donde vive tantas y especiales personas...pobre de los hermanitos
Bueno,al menos se fueron estan felices

http://larojamelenaquesellevoelviento.blogspot.com/

GEZABEL

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Guerrera de Lakewood
Guerrera de Lakewood
YEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEIIIII ... YO TAMBIEN QUERIA TARTA DE CHOCOLATE...

Esta fue la aventura mas grande de todas :p ... te luciste condesa, ahora si que ya sabemos porque este año todas estamos locas ...



_________________


 photo Gezabel2017_zpsmiypoxsh.png

mysha

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Niño/a del Hogar de Pony
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Uy, Mimi, qué le echaría a la tarta? una buena mezcla de alucinógenos, seguro los recetados a la tia abuela, ups!

http://myshahistorias.blogspot.com/

Mimicat Cornwell

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Genial mi querida Condesa!!
Toda una aventura para el señorito. No escarmentado con esto de los alucinógenos, nomas nos falta que la flaquita miau se venga a darle RCP al señorito, ya ves que luego luego encuesta al paciente y...

Un relato genial y la imagen me encantó

De diez!!

anilatak

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Niño/a del Hogar de Pony
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YARO

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Niño/a del Hogar de Pony
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no puedo con esto!!! jajajajaja pobre del señorito, pero no puede negar que todo lo que se cultiva en la mansión es la pura calidá XD

Aunque eso de jardinera molesta y malas pulgas, jaaaa malas pulgas su... respetable progenitora. Claro que mejor ya no le digo nada, porque con eso de que tiene un hongo y sabe cómo usarlo

Esa coneja me cayó muuuy bien, quien sabe por qué será

Y yo me voy, me voy, me voy, se hace tarde!!!

Fantástico esposa!!! me divertí muchísimo con esta historia, ha sido un alucine tremendo XD mil gracias!!!

http://losrecuerdosdecandy.foroactivo.mx/

LORENA **ALSS**

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Niño/a del Hogar de Pony
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JAJAJAJAJA QUÉ DIVERTIDO! REALMENTE VUESTRA IMAGINACIÓN HA VOLADO HA LÍMITES INSOSPECHADOS!
QUERIDA CONDESA COMO SIEMPRE OS FELICITO POR TAN BUEN RELATO!

SALUDOS FRATERNALES

cilenita79

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Niño/a del Hogar de Pony
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Juajuajuajuajua juajuajuajuajua me las imaginé a todas!!!!!

Que tenía esa torta? Digo para que lo dejara peinando la muñeca? XD 

Excelente como siempre matriz

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