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LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3

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1 LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Sáb Abr 22, 2017 6:17 pm

cilenita79

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
La Guerra Florida 2017
Candy Candy: Final Story de Keiko Nagita.
“Derivación”  Yuri/+18



Advertencia:


Historia con contenido ADULTO, lenguaje EXPLICITO, de temática Homosexual. Si nada de lo anterior les incomoda, sean bienvenidas...







Julieta





Una desconsolada joven tocaba a la puerta. Un hombre, en bata, salió a recibirla.


 
- Karen? ¿Que haces aquí?-
 


Se arrojó a los brazos de su tío, tirándolos a ambos al suelo. El hombre preocupado le pedía explicaciones, pero ella no hablaba, solo lloraba, agarrándose con fuerza de la bata. Una de las mucamas se había aparecido en la puerta, pero supo respetar aquel momento de intimidad, alejándose lo suficiente, pero permaneciendo alerta a las posibles órdenes de su señor. Después de un tiempo, el anciano dejó de insistir con las respuestas y solo dejó que su sobrina se desahogara. 




Karen lloró sobre su regazo hasta que el agotamiento la venció. La enorme mucama, tomó a la joven en brazos, para luego llevarla hasta su habitación. Desde entonces había pasado más de un mes. Pero no había salido ni una sola vez desde su llegada. No quería ver a nadie, le molestaba la presencia de las mucamas, que insistían en que se alimentara. Siempre terminaba tirándoles la bandeja de comida por la cabeza. No quería levantarse, solo quería que la dejaran en paz. Regodearse en su amargura.


 
Uno de esos tantos días, decidió salir al balcón de su habitación a tomar aire, como hacía ya mucho tiempo, hoy se sentía un poco más tranquila.


 
-¡Buenas!- gritaron desde abajo. En cuanto vio a esa mujer se escabulló dentro de su habitación. Le seguía irritando la presencia de la gente.


 
Al cabo de unas horas volvieron a tocar a su puerta. Su ira comenzó a aparecer de forma amenazante.
 
- Karen soy yo, abre-
 

Miró hacia la puerta dubitativa, con la esperanza de que si se mantenía en silencio, quizás su tío también la dejaría en paz.
 


-¡Karen abre! Candy de Chicago, conoce a tu grupo-


Algo se despertó en ella con la sola mención del grupo al que solía pertenecer. Sin pensarlo demasiado, fue hacia la puerta y la abrió. Era la misma muchacha que la molestara cuando estaba en el balcón.
 


No supo muy bien el porqué, pero en cuanto comenzaron a hablar Karen se sintió en libertad de dejar salir su frustración, la chica parecía ser una buena persona, demasiado buena a su gusto, alguien confiable, empático, además la escuchó sin caer en reproches. No pasó por alto la forma tan cercana en la que se refirió a su compañero, debía de conocerle. Lo que despertó más su interés en esta chica.


Karen siguió desahogándose, en parte, no es que fuera a soltarle sus reales sentimientos tampoco, si algo tenía en claro era que si quería vivir con cierta paz, ese fragmento de su vida, tendría que permanecer en el anonimato. 
 


-¡Algún día le demostrare mi talento, lo haré!- algún día Susana la reconocería, lo podía sentir. Se giró a mirar Candy. – ¿Salimos a comer algo?- se sentía extrañamente renovada.
 


- Bueno- respondió tímida.
 


-Te invito por saber escuchar tan bien, Candy- le guiño un ojo. –Ahora déjame sola que quiero cambiarme, nos vemos en media hora-
 


Algo en la forma en que a Candy se le iluminaba el rostro, y por la familiaridad en que se refería a Terry, le hizo darse cuenta de los sentimientos de esta. Mientras se vestía le daba vueltas al asunto. Su compañero parecía rehuir a cualquier mujer que quisiera acercarse más de la cuenta, incluso cuando ella misma quiso montar esa charada no le resulto.
 

“Sería que…”
 


Quizás Candy no se lo merecía, pero quería castigar a Terry, no podía evitar ese sentimiento, y quizás podía hacerlo a través de esta muchacha, si la retenía con ella lo suficiente, quizás toda la temporada de teatro. Quería hacerlo sufrir un poco.
 


La llevó a comer a un lujoso restaurante. No pudo evitar jugar con las emociones de Candy, tal y como había pensado, la jovencita dejó al descubierto su interés por Terry.
 


-Lo siento pero tendrás que renunciar. No me interpretes mal, no es que quiera interponerme entre ustedes.-
 


-¿Entonces, por qué?-
 


-Quiero reducir el público que ira a ver a Susana - mentía mientras le sonreía con malicia. – te haré quedar aquí hasta que terminen las funciones, después podrás ver a Terry-
 


No podía evitar en regocijarse con la actitud que tomó Candy, casi no habló en todo el camino de vuelta a casa. Para hacer las cosas aún más interesantes, la había sorprendido tratando de escapar por la ventana. Quiso jugar aún más con ella, la llevó a su habitación, le ofreció de beber, para luego contarle del mito de la compañía.
 


-Lamento decírtelo, pero Terry no piensa en ti, ¿conoces el dicho de la compañía? Actor y actriz que interpretan Romeo y Julieta, terminan casándose- le sonrió, de ahí en más no paro de torturarla, dando ejemplos, hablando de sus ensayos, la cercanía. - Aceptemos que tú y yo perdimos con Susanna-  comenzó a beber, decirlo en voz alta dolía demasiado. Candy se marchó molesta de la habitación. Una vez en soledad, miró la botella de vino con desgano, no quería beber más, molestar a Candy resultaba un remedio más efectivo. Apagó las luces, y se fue a descansar.
 


Durante la madrugada volvieron a tocar a su puerta, molesta se levantó a ver quién la sacaba de su descanso. La enorme mucama le entrego un telegrama.
 


“Te necesito para reemplazar a Susanna. Detalles a tu llegada. Robert Hathaway”
 


Su corazón comenzó a latir desbocado.
 


-Ayúdame a recoger mis cosas y después consígueme un carruaje a la estación.- le ordenó.
 
 
 
 
 
 ********
 




Parecía que su pesadilla no acababa nunca. Con cada palabra de Robert su alma se resquebrajaba aún más, si eso era posible. “Rómpete una pierna” le había dicho, y estas palabras tomaron el giro menos imaginado por Karen. Supo de la desesperada reacción de la madre de Susana, de las rudas palabras que dirigió a Terry, de su imposición.


Ella solía temer por el mito de la compañía, pero nunca pensó que este se cumpliría de la forma más extraña. Si él aceptaba los términos de la madre, ninguno de ellos lograría ser feliz, ni Susanna, ni Terry, ni ella. Quiso verla en más de una ocasión, pero no encontró el pretexto, y además supo por su compañero que ella no recibía visitas.
 


Los días que le siguieron a su llegada no fueron más fáciles para Karen, por una parte estaba su constante preocupación por Susana, y por otro lado estaba el estreno. Ella debía actuar como si nada le afectara, debía ser la profesional que se esperaba. Terry no hacia las cosas más fáciles, parecía estar en otro mundo, su concentración e interpretación ya no eran la misma.




La noche anterior a su debut él parecía comportarse de forma aún más errática, poniéndola de los nervios, ya que no lograba sacarle información sobre Susanna o el porqué de su estado. Sabía que solo él tenía autorización de verla, pero cada vez que alguien le preguntaba algo, reaccionaba de forma violenta, y se marchaba sin decir nada. Ver a Candy la noche del estreno, le dio luces de lo que pasaba con Terry. Se preguntaba si Susanna sabría de ella, como se sentiría, se puso tan nerviosa que acabó siendo grosera con ella.
 


La mañana siguiente no fue la más feliz para Karen, como hicieran con todos los estrenos, Robert llamaba a sus actores para leer juntos las críticas. Orgulloso a más no poder, les felicitaba a todos por el éxito obtenido, pero después de lo ocurrido al final de este, agriaron cualquier posible alegría para ella. Una enfermera había llegado al teatro por órdenes de la madre de Susanna en busca de Terry, la mujer hablaba con desparpajo, dando detalles de la desaparición de esta, y de la nota que había dejado. Karen ya no podía más con su angustia, el saber que la persona que amaba había intentado quitarse la vida, la tenían al borde de la desesperación.
 


Fue rumbo a su departamento, arregló un poco su aspecto, bebió un vaso de whisky y salió. Sabía que Terry iba todas las tardes antes del ensayo, pero después de lo ocurrido anoche, quizás y se lo topaba en el hospital, rogando porque así no fuera, dirigió sus pasos al San Juan. Llego a la recepción, para su alivio ni Terry ni la madre de Susana estaban presentes, se anunció con la enfermera sin muchas esperanzas. Esta desapareció por el pasillo. Los minutos de espera se volvieron infinitos para Karen.
 


-Señorita Kleise- levantó la vista para mirar a la enfermera. – La señorita Marlowe la espera-


Su alma se iluminó por completo, camino ansiosa por el mismo pasillo, pero rápidamente fue sustituida por los nervios ¿Qué podía decirle? Las piernas le temblaban, había pasado tanto tiempo de la última vez que le vio. Se quedó de pie mirando la puerta, como hiciera en la casa de putas, tomo aire y tocó.
 


-Adelante-
 


Susana yacía recostada en su cama. Estaba más hermosa de lo que recordaba. Su rostro lavado, pálido, un par de coletas sujetaban de sus cabellos, y sus azules ojos brillaban. Se le veía tranquila, desafiante. Algo que perturbo a Karen.
 


-Buenos días- fue lo único que se le vino a la mente. Susanna volteó el rostro, sorprendiendo a Karen con su brusco cambio de humor.
 


-Debes de estar feliz, ¿no?- dijo mirando hacia la ventana con la voz quebrada, cargada de ira, mientras una solitaria lágrima caía. Karen corrió a su lado tomando sus manos.
 


-¿Qué dices?- la miro con angustia. Susanna le miró sorprendida, soltándose de su agarre. – Discúlpame - dijo Karen en voz queda mientras bajaba la mirada observando el patrón de las sabanas.
 


-Las críticas fueron favorables, debes de estar feliz- aseguró mientras buscaba los ojos de Karen, en ellos solo encontró el brilló de sus lágrimas que danzaban pero que no querían caer; a pesar de la sorpresa que le provocó al verlos, no pudo controlar su lengua. - tu querías estar en mi lugar, ¿no? Lo conseguiste- dijo con amargura.
 


Karen no pudo soportar verle así, la cercanía la estaba matando, la culpa, la tristeza. Nuevamente y sin pensarlo demasiado, su cuerpo actuó. Abrazó con fuerza a una sorprendida Susanna, mientras hablaba de forma atropellada.
 


-Perdóname… yo jamás imaginé, yo no quise… Yo me fui… ¿Cómo puedes pensar soy feliz?- “yo te amo” pensó. –No puedo ser feliz, no a costa de tu felicidad- “¿no lo ves?” Karen mecía a Susanna mientras lloraba. Acariciaba sus cabellos a la vez que hundía su rostro en ellos, se sentía tan triste, pero a la vez tan maravillada de tenerle en sus brazos en esos momentos, algo que jamás se imaginó podría ocurrirle.
 


-Yo quería ser Julieta- dijo Susanna de pronto y se quebró por completo. – Tú lo harás por mí, por ambas- su agarre fue firme, incrustando sus dedos en la espalda de Karen. Su sueño de ser actriz se había truncado y no se había dado el tiempo de vivir su luto por ello. El teatro era su vida, lo que más llego a amar, además de Terrence.
 


Susanna lloró hasta sentirse confortada, algo que nadie había logrado, ni su madre, mucho menos Terry…
 


“Rómpete una pierna” Las palabras de Karen se vinieron a su mente, se removió con furia entre sus brazos.
 


-¡SUELTAME!- volvió a mirarle con odio, mientras la empujaba con fuerza. - ¡ANDATE!- volvió a empujarle.
 


Karen la miró estupefacta, para segundos después salir corriendo hecha un mar de llanto.
Se lamentaba a cada momento de su precipitada forma de actuar. Llegó a su departamento y se encerró sin ánimos de nada, no quería comer, no quería salir, no quería actuar. Se volvió un ovillo en el suelo mientras daba rienda suelta a su tristeza, no supo en qué momento se quedó dormida.
 




*********






Ya estaba oscuro cuando tocaron a su puerta, asustada se levantó, prendió las luces en busca de un reloj, miró la hora, no era tan tarde como pensaba, era invierno y oscurecía más temprano. La persona en la puerta golpeaba de manera insistente, con desgano se acercó hasta ella.
 


-¿Quién es?-
 


-La señora Marlowe, la madre de Susana- dijo
 


Sorprendida Karen abrió la puerta. La mujer le miró de arriba abajo, haciendo que se volviera consiente de su deplorable aspecto, sintiendo vergüenza. 
 


-¿Quiere pasar?- le invitó
 


-No es necesario… vengo a entregarle esta nota- estiró la mano con un sobre. – Es de parte de mi hija- le sonrió
 


Karen tomó el sobre con absoluta devoción, mientras le agradecía con una pequeña reverencia, la mujer se despidió, dejándola sola. Cerro la puerta y se dirigió hacia su cama, lo cierto era, que no sabía que esperar. Quizás una nueva reprimenda, o el perdón que tanto esperaba. Suspiró, abriendo el sobre con dedos ansiosos.
 


“Lamento la forma en que me comporte, tu no tuviste la culpa, solo quisiste desearme suerte…

Fue el destino, fue el amor, sacrifique mi sueño por él y en un arrebato te recrimine por mi decisión.
No tienes de qué disculparte, por el contrario, perdóname tu a mí. Agradezco infinitamente tu visita, y me gustaría que volvieras, si quieres…
Dejo a Terry y a Julieta a tu cuidado, vela por ellos, como lo haría yo.
Tu amiga, Susanna M.”
 


Karen besaba la misiva mientras la leía una y otra vez, miro el reloj nuevamente. Con nuevos bríos se dirigió al baño, aún estaba a tiempo para llegar al ensayo. Debía cumplir con el cometido impuesto por su amada.
 


Desde entonces la visitaba todos los días sagradamente, primero al hospital y luego en su casa.  Todos agradecían tácitamente la relación que sé forjó entre ambas, la madre de Susana notaba a su hija más feliz, Terry sentía que compartía parte de su peso, y Robert adjudicaba a esta nueva amistad, la nueva interpretación de Karen, no estaba del todo equivocado, si bien el creía que Susanna le ayudaba, jamás llego a sospechar que en realidad era su inspiración.
 


Las cosas iban bien para ella, volvía a ser la prima donna del grupo teatral; y de alguna forma en lo personal, se había conformado con el papel que la vida le había asignado junto a Susana, si bien no compartía ni su actuar, o su forma de pensar, jamás dijo algo que pudiera quebrar su frágil felicidad.
 


La obra se estaba viendo afectada con los devaneos de Terrence. La última vez que lo vio resplandecer fue en la noche del debut. Era claro para Karen, que así como ella pensaba en Susana en el escenario, él debió inspirarse en Candy, dedicándole su actuación. Ahora conocía detalles de lo ocurrido aquella noche de boca de una de sus protagonistas. No podía evitar mirar a Terry con lástima. Una tarde mientras todos se preparaban para la función, golpearon a la puerta de su camarín.
 


-¿Has sabido de Terrence?- irrumpió Robert.
 


-No, ¿por qué? ¿No ha llegado?- Karen se irguió en su silla.
 


-No, y pensé que quizás se habrían visto donde Susanna-
 


-No-o –
 


Esa noche Harry tomó su lugar. Karen se sentía inquieta, su mente estaba en casa de Susana. En cuanto terminó la función, tomó un carro y partió a verla.
 


La madre de Susana abrió la puerta, al instante la abrazó, mientras la hacía pasar le daba detalles de lo ocurrido aquella tarde. Terry le había dejado una nota, desatando la furia de Susana, un ataque de histeria, rompiendo todo en su habitación, la había culpado de ahogar a Terry con sus reclamos, y ahora no quería verla, se había encerrado sin querer comer o ver a nadie.
 


-Se han vuelto tan cercanas- lloraba la mujer. – Estoy tan agradecida de su presencia, ojalá y usted pueda entrar a verla- Karen no se sentía tan segura. Llegaron hasta su habitación
 


-Susanna, cariño- silencio. – Karen está aquí- ambas mujeres se miraban angustiadas. De pronto un ruido, seguido de otro, el seguro de la puerta. Susanna abrió a medias, estaba sentada en su silla de ruedas.
 


-Solo ella puede pasar - miró a la madre con reproche.
 


-Ve con ella - dijo la mujer a Karen.
 


Efectivamente la habitación estaba hecha un desastre, trozos de cerámica, trozos de espejo, ropa, libros. Susanna avanzaba en silla de ruedas, en medio de este desorden, dándole la espalda; avanzó hasta quedar casi en medio de la habitación, donde se detuvo a llorar. Como era ya costumbre, Karen corrió a su lado para sostenerla.
 


-¡Él me juro!... Estaré a tu lado siempre, dijo- volvía a llorar
 


-Susanna…- dijo su nombre como un lamento
 


-Tú estás de parte de él, ¿verdad?- le acusó molesta. Algo se gatilló dentro de Karen, simplemente ya no podía permanecer en silencio.
 


-¡Terry no te ama! ¡Nunca ha podido olvidarla!- dijo mientras se alejaba de ella.
 


-¡CALLATE!-
 


- ¡Tú siempre lo has sabido y aun así lo obligaste a estar contigo! ¡Por Dios! ¡Si yo misma vi como se lo restregabas a Candy en esa carta!- le acusó.


- ¡CALLATE- Susanna trataba de avanzar en dirección a Karen para tratar de empujarla.
 


Karen si inclinó, tomando los costados de la silla.
 


-¿Por qué no admites que no eres feliz?- le soltó.
 


Susana le dio vuelta la cara de una cachetada. Al instante lo lamentó cubriéndose el rostro mientras lloraba, la mano la ardía tanto como su conciencia. Karen se agachó nuevamente, abrazándola.
 


-Perdóname…- susurró Susanna avergonzada. – No soporto la idea de… yo lo amé y lo odié, porque pensaba solo en ella… Yo siempre he sabido… pero me aferré a su palabra- le decía en medio de sollozos.
 


-No fue justo, ni para él, ni para ti…- le decía Karen mientras acariciaba su rostro. – ni para mí.- Susana la miraba sin entender nada. Tenía la vista nublada pero pudo notar que el rostro de Karen se acercaba. Su mente quedó totalmente en blanco cuando sintió la presión de otros labios sobre los suyos, abrió la boca para hablar, pero fue un error.
 


La lengua de Karen se deslizo en su interior buscando la de ella, masajeándola. Era una sensación cálida, que llegaba hasta sus entrañas. Se asustó, la empujó con fuerza y volvió a golpearla.
 


- ¿Qué significa esto?- le dijo mientras se limpiaba la boca.
 


-Yo te amo, y aunque quisiera, ya no puedo ignorarlo más. Sé que me alejarás de tu lado, sé que te avergüenzo, que te doy asco; y no te culpo - se levantó lentamente, sentía su cuerpo tan cansado, pero de alguna forma, más liviano, se había liberado.
 


-¡No te vayas!- le dijo Susana, más por miedo a quedarse sola, que por cualquier otro sentimiento. –No me abandones.-
 


-Eres egoísta…- sonrió Karen amargamente y volvió sobre sus pasos.
 
*********** 
 

 
Pasaron varios días, y ninguna volvió a mencionar lo ocurrido aquel día, pero claramente su relación no era la misma. Karen pasaba religiosamente por su casa todos los días, buscaba algún sitial lejano, ya no existía el abrazo o el beso en mejilla. Y cada vez que se marchaba, Susanna se quedaba triste mirándola por la ventana. Maldiciones venían a su mente, infinidad de improperios, todos dirigidos a Karen.


Desde aquel día, nada más habitaba su mente, no tenía espacio ni siquiera para odiar a Terrence, y eso le molestaba. Más de alguna noche trató de recrear el beso, con el rostro de aquel que la dejara, pero tampoco funcionaba. Ella nunca había sido besada, no de esa manera.


Castos y teatrales besos eran los que conocía. En los pocos ensayos que tuvo con Terry, sus labios eran rígidos y fríos, se notaba su ansiedad por terminar pronto con la escena. Recordarlo solo traía amargura. En cambio Karen, su boca se posó por completo sobre ella, su saliva era cálida, su lengua suave, un escalofrió la recorrió al pensar en ello ¿Sería así como debía sentirse? Un pudoroso sonrojo la cubrió. ¿No podía estar pensando en serio o sí?


Uno de esos días, la madre de Susanna la guío por la casa hasta su habitación, según le había dicho, ese día su hija no se sentía bien, por lo que agradecía aún más su presencia. Una vez dentro, les  informó que debía salir por los mandados, dejándoles completamente a solas.


Karen intentó irse con la señora Marlowe, pero Susana la retuvo.


-No me dejes.- lloriqueó
 


-Susanna…- su voz sonaba cansada.


Podía ver en el rostro de su “amiga” que no dormía, quizás debía dejarle en paz, pero siendo la criatura que era, su egoísmo pudo más que su razón.
 


-Ven aquí.- la llamó, palmeando el espacio junto a ella, en su cama.
 


Karen no era capaz de negarse a nada que le pidiera, y arrastrando el cuerpo, se sentó junto a ella.


-Tenme paciencia, ¿si?- le dijo con voz dulce mientras le acariciaba la mejilla. Karen le miraba estupefacta. Si pretendía volverla loca, estaba logrando su cometido.
 


Susanna no podía sacarse de la mente ese maldito beso, y ya estaba resuelta a probarlo de nuevo. Sujetando el rostro de Karen con ambas manos, se inclinó hacia ella en busca de su boca. Karen se hizo para atrás mirándola asustada.
 


-¿Sabes lo que estás haciendo?- le dijo enojada, dolida.
 


-Lo sé.-
 


Eso bastó, la voluntad de Karen por mantener las distancias, se quebró por completo. Esta vez fue ella quien tomó el rosto de Susana, y con una fuerza inusitada, la besó de lleno en la boca, deslizando su lengua en el interior, masajeando y bebiéndosela a placer. Susanna empezó a sentir que se sofocaba, su mente comenzó a nublarse con las exquisitas sensaciones que estaba experimentando, sintió que el cuerpo comenzaba a entumecerse cuando Karen se apartó. Susanna la miró jadeante, llevando una mano a su pecho, tratando de contener su corazón.
 




-¿Satisfecha?- preguntó Karen.
 

No, no lo estaba, estaba peor que antes. La miro con determinación, enredo sus dedos en los cabellos de Karen y la atrajo nuevamente, su beso era torpe, violento e inexperto. Karen la recostó sobre la cama, colocándose a un costado de ella. Se besaban de forma apasionada, no solo sentían su lengua arder, sino todo su cuerpo, haciéndolas sentir afiebradas. La necesidad comenzó a apoderarse de Karen, pero sabía que si se dejaba llevar ahora, ya no podría parar. Buscando un poco de cordura, volvió a alejarse. Pero las manos de Susanna le sujetaban.
 


-Ámame… -
 


¿Cómo es que llegaron a esto? Ella nunca soñó en vivir algo así, y buscaba recrearlo con la puta del Bronx sin conseguir el efecto deseado. Karen se sentía en la gloría, no importaba que podía ocurrir más tarde, se grabaría en la memoria por siempre el hoy. 
 


Susanna temblaba y se deshacía en los besos de Karen, su mente estaba absolutamente nublada, intoxicada en el placer que esa boca de prodigaba. De pronto, sintió su abandono, esta viajó por su cuello para anidarse cerca de su oreja, haciendo que los escalofríos recorrieran su espina, haciendo que los gemidos brotaran de su boca. Karen sonrió sobre su oreja y se atrevió a ir más lejos, dejando que sus manos, que aún estaban quietas, comenzaran a recorrer el cuerpo que tanto había deseado. Los ojos de Susana se abrieron de par en par el sentir la mano de Karen en su pecho, no alcanzó a emitir sonido alguno, ya que su boca era silenciada con esa habida lengua.     
 


La razón, el pudor y la excitación luchaban en la mente de Susanna, siendo la última la vencedora. Su pijama abierta, sus pechos al aire y siendo devorados por la hambrienta boca de Karen, una corriente incómoda entre sus piernas, y los gemidos que salían de su boca sin que pudiera o quisiera contenerlos. En un nuevo atrevimiento, Karen comenzó a viajar más al sur, hasta que ya pudo sentir su aliento cerca de sus piernas. Con pavor se incorporó, no quería que lo viera, su pierna, esa cosa mutilada que la avergonzaba.
 


-Basta…  - le dijo asustada.
 


- No temas, ¿no te lo dije? Yo te amo, así tal cual- decía mientras levantaba más del pijama de Susanna. Esta le miro estupefacta, con los ojos llenos de lágrimas, cuando Karen tomó su pierna, la acarició con una ternura que no imaginó que existía, la tomó con delicadeza para bañarla de devotos besos en la cicatriz.


Susanna se recostó nuevamente sobre la cama, sin creer lo que acababa de presenciar, se mordió los labios y decidió dejarla hacer. Karen se acomodó entre las piernas, siguiendo la ruta de besos, por el interior de los muslos de Susanna. Pronto llegó a esa zona, sintió como su amante se removía nerviosa, rápidamente, evitando darle tiempo para pensar; rompió la ropa interior, y la beso.


Hundió su lengua entre los resbalosos pliegues, jugaba con su clítoris mientras masajeaba con las manos uno de sus muslos. Un fuerte gemido arrancó de la boca de Susanna, quien a esas alturas había olvidado la vergüenza, la tristeza y el pudor. Karen tenía el control de la situación, comenzó a embestirla con su lengua, mientras las caderas de su amante se movían sin control, los gemidos que llenaban la habitación la estimulaban a seguir con más ímpetu.


-Ahh… ahh. ¡Nn…Ah!- Susanna abrió los ojos mirando el respaldo de su cama, tratando de sujetarse de las sabanas. Sentía que en cualquier momento una  parte de ella iba a estallar. Apretó fuertemente los parpados dejándose llevar.
 


-Ah…Ah..Aaaahhhhh-


*********










Para Susanna todo había partido desde el miedo a la soledad, el egoísmo y la curiosidad. Pero ahora una parte muy grande de ella se sentía feliz, por primera vez experimentaba lo que significaba que alguien la quisiera en cuerpo y alma. Sobre todo porque ella se sentía muy consciente de lo primero.  Había días en los que pensaba en Terry, y le odiaba, porque él nunca le dio una oportunidad, como ella había hecho con Karen. Ella la estimulaba, era una amante dedicada, siempre terminaba rendida y satisfecha, le enseñó a conocer su cuerpo, y diferentes formas de satisfacerlo. Más no solo la estimulaba físicamente, sino que además mentalmente, fue ella quien le insto a escribir, y fue a través suyo que volvió a tener contacto con Robert, quien tomó y aceptó producir alguna de sus obras.
 




Vivían en un pequeño paraíso de amor y tranquilidad. Cuando una tarde una visita inesperada se presentó en casa de las Marlowe.
 


- ¿Qué hace usted aquí?- le escucharon decir a la madre de Susanna.
 


-Vengo a hablar con su hija-
 


-¡¿Terry?!- la voz de Susanna sonó más alto de lo que esperaba.
 


Ambas miraban nerviosas esperando que entrara en la habitación. Karen, porque no sabía cómo iba a reaccionar Susanna con su visita. Y Susanna, porque no sabía cómo actuar ante Karen. Cuando Terry al fin hizo ingresó al salón, lo supo.


Lo haría cumplir su palabra así fuera lo último que hiciera.
 


-Hola Karen.-
 


-Hola Terry.- dijo Karen desanimada, conocía lo suficiente a Susana, como para intuir lo que pensaba.
 


-¿Puedes dejarnos a solas?- Terry invitó a Karen a dejar el salón.
 


Karen no solo dejo el salón, también se marchó de la casa de las Marlowe, a pesar de la insistencia de la madre de Susanna para que se quedara. Sintió que odiaba a Terry con toda su alma.
 


“¿Para qué mierda volvió?”
 


El mundo de Karen volvía a resquebrajarse, Terry había vuelto para cumplir la palabra empeñada, con la ayuda de su famosa madre, se había hecho de una casa, en la 7ma con la 62, a pasos de los teatros e invitó a Susanna a que vivieran juntos, cosa que su madre aceptó de inmediato al saber que se iría con ellos. Además le había prometido que se casarían, una vez volviera a triunfar en Broadway. Conociéndole, no iba a aceptar más ayuda de su madre, que la ya entregada. Pero con el talento que poseía, era solo cosa de tiempo.
 


La discusión con Susanna fue horrible, sentía que todo lo entregado no tenía valor para ella. Pero en cuanto se lo decía, rompía en llanto haciéndola sentir culpable. Karen era débil y ella lo sabía, la manipulaba con el cuerpo o a través de los sentimientos. Terminó aceptando sus términos volviéndose su amante.


Así fue que vivió por mucho tiempo entre el placer y la culpa. Vio como los sueños de Susanna volvían a derrumbarse. Terrence había conseguido varios éxitos y seguía sin pronunciarse. Y a pesar de esto, Susanna parecía seguir obstinada en no abandonar a su prometido.


Karen había vuelto al alcohol y las putas. Sentía que su vida era una mierda, se odiaba a sí misma por ser tan pusilánime. Pero no hay corazón que resista tanto embate. Un día Terry le invitó a cenar, mientras comían le contó lo que vivió en ese teatro de mala muerte, como creyó ver a Candy, y como su sola aparición fue suficiente para querer ser mejor, en nombre del sacrificio y el amor de ambos.


Él se comportaba como un caballero, no bebía, no buscaba mujeres, mientras ella se servía de cuando en vez a su prometida. Tenía que parar, todos tenían un rol que cumplir, y ella estaba dispuesta, por fin a llevar a cabo el suyo...
 

2 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Sáb Abr 22, 2017 7:00 pm

igzell

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Shocked como asi fue que comenzaron a planchar las tortillas.
Pobre Karen u.u

http://larojamelenaquesellevoelviento.blogspot.com/

3 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Sáb Abr 22, 2017 7:44 pm

ladylore

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
que candente capitulo....
pero ya me dio pena karen, susana sigue siendo la misma egoista que la manipula. espero que karen ya no se deje manipular por ella.... y mi pobre terry volvió a cumplir su promesa....

4 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Dom Abr 23, 2017 3:53 am

Weiss

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

¡Ajá!

Y dieron rienda suelta a sus emociones y sensaciones.
Pero qué tristeza con Karen y sus andanzas...,
y repito, ojala Romeo no existiera en esta historia.

5 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Lun Abr 24, 2017 7:19 am

cilenita79

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
jajajajajajaj Igzell!!! jajajajajaj me sacaste carcajadas.

Pues el buen perfume como el veneno viene en frasco chico, y la porción de felicidad de Karen se le compara :S

6 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Lun Abr 24, 2017 11:21 am

Bleu Moon

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Regreso Terryto, a cumplir su promesa
descubrira Terryto que Karen es su comadre
te sigooo

7 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Lun Abr 24, 2017 6:44 pm

Anita Andrew

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Caramba esa Susana no solo se conformaba con tortilla ella quería hasta el taco......
Karen cuanto amor le dio y Susana que boba

8 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Lun Mayo 01, 2017 11:56 am

Mimicat Cornwell

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Niño/a del Hogar de Pony
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Chiquilla egoísta! !!!
Los que se saben amados como Karen la ama, son egoístas y no les importa usar al otro para alimentar su ego. Terry... no regrese mijo, váyase pa Illinois y deje de dar lata.
Pobre Karen hundiéndose en la desesperación del desamor.

Genial trabajo.

Voy por el final

9 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Lun Mayo 01, 2017 9:05 pm

cilenita79

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Blue Moon XDD más que comadre son hermanitos de baba juajuajuajuajuajuajua 

Ani... Creo que entendí lo que dijiste, pero no estoy segura XD 

Parabatai, siempre sentí que Susana era egoísta, no mala persona necesariamente, pero es la típica hija única que tiene lo que quiere, para mí el egoísmo y el capricho van de la mano, y Susana era la personificación de estos conceptos y Terry, él fue un wn equivocado, tanto como Susana, y ambos de enredaron en sus errores :S

10 Re: LA COSA NOSTRA: Julieta.... Parte 3 el Mar Mayo 02, 2017 7:19 am

Lady Supernova

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Niño/a del Hogar de Pony
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Pobre Karen! Atendiendo los caprichos de la Gusana... Ella sí la ama, no cabe duda y la otra, nada más la usa
Ya llegó Terry, ya se va olvidar de ella... Pobre Karen...

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