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OTRO DEL BAUL DE LOS RECUERDOS: MI AMIGO SATAN-NEAL INFIERNO VI

2 participantes

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cilenita79

cilenita79
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Iba y venía por el departamento en calzoncillos, parecía una bestia, dando vuelta los pocos muebles, buscando con desespero. Después de un momento, Terrence comenzó a reír. ¿Quién entiende a este tarado? 



-Lo malo no es que huyeras con mi billetera, el ipad o el celular…- dijo mientras avanzaba hacia la ventana, mirando hacia afuera. - lo peor de todo, es que me robaste el alma.



¡PUAG! Que marica más cursi. De haber podido, vomitaba ahí mismo. Decidí olvidarme de Candy por un momento, pues como se estaban dando las cosas, seguro ella volvía. Necesitaba concentrarme en mi tarea. Seguí al actor de cuarta, día y noche, sin descansar o dormir. Tal y como pensaba, no tuve que hacer nada, de la misma forma que buscaba hacerse de fama, investigaba el paradero de la pecas, como solía llamarla en soliloquios empalagosos y eternos, con la misma insistencia. 



La encontró en Chinatown, coqueteándole a un rubio. Espera… Me aleje de Terrence para colarme tras Candy. ¿Es que este hijo de puta me saldrá hasta en la sopa? ¿Qué hace aquí William Albert Andrew? ¡No! ¡Esta vez no! 



-¡LADRONA! ¡LADRONA! ¡LADRONA! 



El actorcete gritaba furioso, seguramente producto de los celos, mientras apuntaba en dirección a nosotros. Contra todo pronóstico, en vez de echar a correr, ella empujó a mi tío para avanzar hacia él. Una vez lo tuvo de frente le plantó el más hermoso combo que jamás hubiera visto. Sí, ella era la misma. El problema fue que él no se dejó amedrentar, la tomó de los hombros zamarreándola con fuerza. En cosa de segundos se armó la gresca, gritos volaban entre ambos. William corrió hacia ellos para detenerlos. Llegaron los policías, llevándoselos a todos. 


El Tío Abuelo tampoco había cambiado, ahí estaba aconsejando al muchacho mientras esperaban a que llegara su abogado. Tenía que deshacerme de William. George llegó en cosa de minutos, sacando primero a su jefe para intercambiar opiniones. Aproveché ese instante para jugar con sus mentes, haciéndoles olvidar a aquel par. Una vez me aseguré de que se habían marchado, decidí entrar a escena.



-¿Terrence Grandchester?



-Si-í - titubeo. -¿Dónde está Albert?



-El señor tuvo que partir, pero no se preocupe, me pidió hacerme cargo de vuestro caso- sonreí aunque pude ver que no confía en mí.



Logré dejarlos libres rápidamente. Me excusé dando por hecha mi tarea, Candy aún estaba muy molesta, y no quería que me reconociera. Nuevamente me transformé en su sombra. Ella trató de huir al momento en que pisó la vereda, pero él no claudicó, le siguió con ahínco, sin importarle los insultos ni sus rabietas. Finalmente, después de avanzado un buen tramo de camino, Candy se rindió, girándose para darle frente, agotada.



-¿Qué quieres de mí?



-Ayudarte- su voz se tornó suplicante. - y si me lo permites…saber de ti. 



Se acercó cauteloso, al ver que ella no le rechazaba, intentó abrazarla. Candy le rodeó la cintura, para luego apoyarse en su pecho y echarse a llorar. En menos que canta un gallo, el apasionado amante le ofreció un espacio en su casa. Contigo, pan y cebolla. Ella esperanzada, aceptó. Fueron hasta el departamento de Candy. Si el de Terrence era pequeño, este era peor. No era más que una pieza de dos por dos. Lo mantenía limpio y ordenado para vergüenza del zángano que se ganó como novio. Fue a la cocinilla, calentó agua para preparar café, en silencio se sentaron a orillas de la cama. Le podía conceder al imbécil que tenía tacto. Aguardó en silencio hasta que ella se decidiera a hablar.



Su vida fue compleja, progenitora puta y drogadicta. El último de los amantes de su madre les había propinado tal paliza que había dejado a la menor de sus hijas paralítica y a la mujer muerta. Candy estaba segura que en cuanto salieran del hospital, terminarían en el servicio social. Ella no lo permitiría, no la alejarían de su única familia. En cuanto se sintió mejor, tomó su ropa, robó una silla y se llevó a su hermana. Con sólo 12 años se volvió la sostenedora de ambas. En primera instancia pidiendo refugio en casa de una de las putas que trabaja en la misma esquina de la madre. La calle fue buena escuela y el robo, el medio de sostenerles. Mas ella no sería como su progenitora, no se enredaría con hombres, les coquetearía lo suficiente para tenerlos cerca y robarles sus carteras. Logró un pequeño piso donde poder vivir las dos solas. Y por un tiempo parecía que todo iba bien, pero la salud de Annie comenzó a decaer, necesitaba de cuidados que ella no le podía ofrecer. Con el dolor de su alma buscó una institución, la mejor que el dinero mal habido pudiera pagar.



Terrence le abrazó, la consoló, le prometió que una vez llegada la fama las cosas iban a cambiar. Él confiaba en su talento, estaba seguro que lo conseguiría, no había dudas en su mente. Le habló de mansiones, sirvientas y a su hermana con ellos siendo atendida. No pude evitar sentir pena por ambos, pero se me pasó al rato. No tuve que hacer mucho, los padres del muchacho hicieron el trabajo por mí. Millonarios influyentes de Nueva York, sus hilos llegaban a todo el país. Se habían encargado de hablar con cada representante en Los Angeles, con cada gran estudio. Los meses pasaban y las cosas no mejoraban. Se negaba a la idea de ver a Candy delinquiendo en las calles nuevamente. Sin decirle nada, comenzó a sacar los ahorros que aún conservaba en el banco. Pero a medida que sus arcas bajaban, la desesperación ganaba espacio, las peleas comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes. Además, él había comenzado a beber. Yo observaba desde mi rincón, satisfecho. No faltaba mucho.



Le vi salir dando un portazo, con las pocas chauchas que tenía en el bolsillo se fue directo a una botillería. Lo observé desde la esquina, esperé en un oscuro rincón a que terminara la botella. Se encaminaba de vuelta a casa cuando salí a su encuentro.



-¡¿Qué mierda?!- gritó sobresaltado.



-Tranquilo querido amigo ¿te acuerdas de mí?- sonreí.



Sacudió la cabeza mientras se tambaleaba en el puesto. Podía oler su miedo, esto era el séptimo cielo. 



-Eeessto es una mala…



-¿Broma?- me acerqué para posar mi brazo sobre sus hombros. Mas no se dejó, sacudiéndose. -Soy yo señor, el de la cárcel- no sé si me reconoció, sólo sé que me sonrió. Lo tomé como una señal positiva, acercándome nuevamente. - Concéntrate…y observa- chasqueé los dedos. -Puedo darte el cielo que sueñas- susurre a su oído. 



Miró absorto la gloriosa visión, un actor cotizado, galardonado. Junto a él la mujer que amaba, ataviada en sedas y oro. 



Después de varios minutos, balbuceo. -A..pto. 



Reí fuerte, con ganas. - ¿No quieres saber el precio? 



-¿Mi alma?- dijo divertido.



-Siiii…- mis palabras son como el silbido de una serpiente. ¡Te tengo! Por primera vez me miró asustado, seguro que hasta lo borracho se le quitó. -Debes firmar un contrato- está titubeando, vuelvo a tronar los dedos. La visión de un teatro, él recibiendo un premio. Observó nuevamente la visión. El imbécil ni siquiera leyó, ni se fijó, llegó y firmó. 



Lo vi despertar, sobresaltado, envuelto en sábanas egipcias de 5000 hilos, de las más exclusivas. Una rubia reposando en su pecho. Asustado se sentó en la cama, al ver que no era la misma que esperaba ver.



-¡¿QUÉ ES ESTO?!



-¡¿Me quieres decir que te pasa?!- dijo la mujer molesta, la había tirado lejos cuando este se levantó. Tomó asiento también, cubriendo su desnudez con las sábanas.



-¿Quién eres tú? ¿Dónde está Candice?



Oh está realmente atemorizado ¡JA! La bofetada fue sonora, la chica se envolvió en las ropas de camas y salió hecha una fiera. Reí con ganas. 



-¿Quién está ahí?- me buscaba frenéticamente con la vista.



-Estoy aquí- me dejo ver.



-¿Dónde está? 



-Robando seguramente- No tenía ganas de mentir.



-Esto no era…



-Firmaste un contrato- le corté. -Nunca he logrado entender esa mala costumbre de ustedes-  Me paseé burlonamente delante de él. -Firman y no leen. Con razón después se los cagan- sonreí.



-¿Cómo? 



Ahhh puedo sentir su sudor frío. -El trato es sencillo. Yo te otorgo dinero y fama a cambio de tu alma.



-¡¿Dónde está Candy?!- comenzó a alterarse.



-Momento, tranquilo…- comencé a acercarme a los pies de su cama. -Como sabrás, todo contrato tiene cláusulas…



-¿Qué hiciste con ella?



Esto es fantástico. -Nada, déjame terminar… ¿Qué estaba diciendo? Ah sí, cláusulas… Tú, podrás disfrutar de todo esto- giré sobre mí mismo señalando las ostentaciones de la habitación y más allá. -Por los años que se te vengan en gana-  Sonreí. -Pero el día que veas a Candice, esto se acaba y yo, vendré a recolectar tu alma.



Continuará…

A Barbrv y a Parisa21 les gusta esta publicaciòn

Parisa21

Parisa21
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Buenísima !!! Por eso hay que leer las letras chiquitas!! 🤓

cilenita79

cilenita79
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Parisa21 escribió:Buenísima !!! Por eso hay que leer las letras chiquitas!! 🤓
Siempe, siempre!

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