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Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2

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Luana Hoffman
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Luana Hoffman

Luana Hoffman
Niño/a del Hogar de Pony
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¿Qué tal, hermosas combatientes?  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 602844  Me toca hacer otra ofensiva hoy.  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 254899  Y aquí vengo trayendo el segundo capítulo del fic conjunto que estamos escribiendo en grupo las Amazonas; "Besos del pasado." Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 281498

El primer capítulo ya lo publicó la bella Gissa, nuestra adorada Amazona del Veneno.  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 355103  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 355103 Pues bien, aquí voy con mi ataque.  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 53278  




Besos del pasado


By: Maia Moretti (Gissa), Luana Hoffman (Sundarcy) y Andreia Letellier (AyameDV)



CAPÍTULO 1: "Literary Walk y poco más allá."


CAPÍTULO 2: "Contra todo y contratiempos, el plan da comienzo."


By: Luana Hoffman (Sundarcy)


Nunca en sus veintitrés años de vida, Terrence G. Grandchester se había encontrado en una situación parecida a la de ahora, completamente falto de palabras.

Muy aturdido, se había quedado totalmente paralizado en su sitio, sólo viendo a la distancia mientras su yo de 18 años se alejaba montado sobre su antiguo Ford rojo; hasta que éste doblara en una esquina desapareciendo de su vista, Terry pudo liberar finalmente el aire que había estado conteniendo, dándose cuenta justo ahí de que no había estado respirando.

Fueron varios segundos los que le tomó a su mente procesar toda la información que había recibido, y es que por más que la mayor prueba acababa de pasar justo frente a sus ojos casi destruyendo cualquier duda que pudiera tener, la situación seguía siendo tan inverosímil que todavía le resultaba difícil de aceptar.  

—Totalmente insólito. — murmuró para sí mismo, contrayendo el ceño perplejamente.

Por más que lo visto afirmara lo contrario, lo cierto era que la verdad presentada ante él le parecía demasiado buena para ser real. Terry podía sentir cómo su corazón latía con fuerza en su pecho, considerando todas y cada una de las implicaciones que todo esto supondría. Si realmente había vuelto en el tiempo a esa época de su vida donde cometió el más estúpido de los errores, eso sólo significaba que se le había otorgado la mejor de todas las oportunidades.

A medida que toda la verdad recaía poco a poco en su consciencia, se iba asegurando más y más de que se había hecho merecedor de una gran bendición, Terry sintió cómo sus labios se iban formando lentamente en una inmensa sonrisa que casi no era capaz de reflejar todo lo que sentía por dentro; parecía como si la palabra alegría nunca podría hacerle justicia a la gran multitud de sentimientos que latían en su interior, no sólo estaba alegre, él estaba eufórico, quería reír sin razón enteramente ajeno a cualquier otro motivo.

“¡Estoy aquí! ¡Volví en el tiempo!” — sus cejas se arquearon y sus ojos se alzaron al cielo dándole una rápida mirada. —“¡Gracias abuelo!”

No tenía ni idea de cuánto llevaba parado ahí en medio de la acera de la calle sin decir ni una sola palabra y sin mover ni un solo músculo, era como si cada neurona de su cerebro estuviera intentando dispararse en ambas direcciones a la vez, generando el más extraño tipo de parálisis. No fue sino hasta que se volvió consciente de la cantidad de miradas molestas que frecuentemente las personas lanzaban hacia él por estar obstruyendo el paso, cuando se dio cuenta que debía estar por lo menos varios minutos inmóvil, de la forma más tonta y perdiendo valiosísimo tiempo que debería haberlo empleado para corregir el camino de su yo del pasado.

Aunque no estaba muy seguro de cómo lo haría, pero de alguna forma no se permitiría cometer el mismo error dos veces, si se le había dado esta oportunidad entonces debía aprovecharla.

“¿Por qué sigues aquí parado sin hacer nada?” — le reclamó su cabeza. — “¡Reacciona! ¡No pierdas más tiempo!”

—¡Tiempo!

Sus ojos se agrandaron cuando esa noción lo abrumó con gran intensidad, y una tremenda corriente de energía pareció invadir su cuerpo de un momento a otro, haciendo que se sintiera más vivo que nunca.

Por fin reactivado de toda energía posible, comenzó a caminar rápidamente sin rumbo fijo, no muy seguro de qué dirección tomar o a dónde exactamente ir, sólo esquivando a cuanta persona podía sin detenerse ni un solo instante.

La única respuesta a toda la euforia que sentía se reflejaba mientras reía sin razón al caminar, y por más que iba ganándose las miradas desconcertadas de la gente que caminaba a su alrededor, ninguna llegó a importarle en lo más mínimo. A los demás podría parecerles extraño y hasta intimidante que un hombre riera solo por la calle, sin razón aparente y casi como un loco; pero si alguien hubiera prestado más atención, notaría el brillo de inmensa felicidad que destellaba claramente en esos hermosos ojos verdiazules, lo único del bello rostro del actor que no estaba cubierto por una bufanda, nadie hubiera dudado de que este hombre expresaba una emoción que sólo quería desbordar de su interior.

En su mente corría un sinnúmero de ideas a la vez: ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? ¿Cómo empezar?
Muchas preguntas, pero ninguna respuesta por el momento. No fue sino hasta cuando se le ocurrió que no tenía ningún plan en mente que decidió parar en un callejón un rato para pensar mejor cuál sería su estrategia.

Únicamente de una cosa estaba seguro, todo lo que tenía que hacer giraba en torno a su otro yo, era él a quien debería encontrar cuanto antes; sin embargo, para su mala suerte, la gran pregunta que le pesaba ahora era: ¿Dónde estaba él?

—Tonto. — musitó entre dientes, recriminándose otra vez por su aturdimiento que le había hecho perderlo de vista a él, o bueno, técnicamente perderse de vista a sí mismo, por más raro que sonase.  

“¿A dónde pude haber ido justo ahora? ¡Piensa, Terrence!” — posó una mano sobre su frente con impaciencia tratando de recordar ese detalle, hasta que de pronto su rostro se despejó con una idea. —“¡Por supuesto!”

Apenas se le ocurrió donde podría estar, corrió una vez más hacia la calle principal, se llevó sus dedos a su boca y empezó a silbar. En el acto, un carruaje que pasaba por la autopista se detuvo justo frente a él, y Terry no perdió más tiempo antes de subirse.

—¡Al hospital St. Jacob! — exclamó con premura al conductor para que iniciara la marcha sin mayor demora.
Una vez ya seguro de ir en camino, Terry se recostó sobre el asiento tratando de controlar su agitada respiración, sólo pensaba en qué podría hacer y examinaba concienzudamente su mente intentando recordar cuál había sido el rumbo de todo lo que sucedió la última vez.

—Tiempo… — murmuró suavemente, cerrando sus ojos. —… sólo tiempo… por favor, no te me escapes de las manos.

Suspiró con aparente cansancio, Terry necesitaba más que sólo tiempo para arreglar esto, sentía que le hacía falta toda la suerte del mundo.

“Si alguna vez tienes una segunda oportunidad para arreglar algo, tendrás que irte hasta las últimas consecuencias.”


Sus bellísimos ojos se abrieron lentamente y ahora ya había un muy firme brillo de determinación en ellos, lo último que había pensado le había servido para darse todo el ánimo que necesitaba, porque estaba muy seguro que hasta las últimas consecuencias es hasta donde él iría a parar.

—¡Ahí iré! — exclamó repentinamente y con fuerza, sobresaltando al conductor que no tenía ni idea que pudo haber causado esa exclamación.


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Hospital St. Jacob

Poseedor de una elegante presencia, una belleza arrolladora y un porte sin igual, además de ser dueño de un magnífico talento en el teatro junto a una carrera en ascenso  después de haber obtenido su primer protagónico, Terrence Graham era una de las más jóvenes y talentosas promesas de Broadway de los últimos tiempos. A su joven edad de dieciocho años, ya se le auguraba un futuro muy prometedor y, sin duda, muchos lo llamarían afortunado; sin embargo, no era ese el nombre con el que él se identificaría ahora, podría llamarse de todo menos afortunado.

Cabizbajo y muy pensativo, el joven había ingresado en el hospital ahogándose en muchas ideas que rondaban en su cabeza en los últimos días y sin prestar mucha atención a su alrededor, algo muy común que le había sucedido desde el accidente, casi no le prestaba atención a nada ni a nadie.

Se había descubierto el rostro inconscientemente mientras caminaba, y no fue hasta cuando una irritante voz que ya conocía penetró entre sus pensamientos que se volvió consciente de alguien más cerca de él.

—¡Llega tarde! Mi hija lleva esperándolo desde hace horas. — le reclamó agriamente la señora Marlowe desde el pasillo que llevaba al cuarto de Susana. —Usted le había asegurado a ella que vendría y ha estado esperándolo entusiasmada desde que inició el horario de visitas. ¡Qué falta de consideración de su parte venir a esta hora! — terminó alzándole una mirada indignada que de lejos demostraba un profundo rencor hacia el joven.

Nadie podría notar la reacción que le había causado esas palabras a su interlocutor, quien inhalando profundamente para tratar de controlarse, tuvo que hacer uso de todo su talento histriónico para no contestarle a esa mujer como tanto quisiera.  

—Los ensayos se alargaron más de lo previsto. — contestó Terry secamente, mirándola con frialdad. —Por si no lo recuerda estamos a unos días del estreno de la obra.

—¡Claro que lo recuerdo!  Un estreno del que mi hija iba a ser la estrella, sino fuera por culpa de usted. — le escupió esa acusación con el mismo veneno que tenían todas las palabras que le dirigía a él, mostrándole los dientes como una fiera al acecho.

El hermoso actor inhaló profundamente una vez más, apretando su mandíbula y viendo a la mujer con toda la impotencia que recorría por su cuerpo en el deseo de responderle como verdaderamente merecía. ¡Cómo jugaban con su culpa de la manera más cruel! Lo convertían siempre en el responsable de cuanta desgracia podían encontrar. ¿Qué culpa tenía él de estar en el momento y en el lugar menos indicado?

—¡Al menos ya está aquí! — espetó la Sra. Marlowe imponentemente. —Susana está ansiosa por verlo. ¡Vaya de una vez! — lo último fue en un grito que casi parecía una orden.

Crispando los puños, muy indignado de que se le impusiera eso como una orden, Terry estaba muy tentado a irse de ahí sólo por el placer de no hacer lo que esa mujer le decía.

¡Cómo desearía poder hacerlo! No le costaría nada y tal vez podría devolverle algo de la paz que creía haber perdido para siempre. Era una sensación inquietante que  vagaba por su interior, el deseo de recuperar esa parte de su esencia irreverente e impetuosa tan marcada de su personalidad. ¿Dónde estaba el Terry que odiaba que le impongan las cosas? ¿Había desaparecido completamente o seguía escondido todavía esperando el momento en que él lo liberara de nuevo?

Exhaló con pesadez, viendo a la señora Marlowe y adoptando la postura más intimidante que podía encontrar. Si algo le debía a Susana era verla al menos hoy, por más que no estuviera dentro de sus cosas favoritas del día.

—Que quede claro que esto no lo estoy haciendo porque usted me lo ordene.

Fue lo que le dijo a esa horrible mujer en último intento por mantener su orgullo, antes de seguir rumbo al cuarto de Susana, yendo con la altivez de un rey camino hacia la guillotina.

Suspirando para darse fuerzas antes de verla, Terry abrió la puerta del cuarto y entró casi con desgano en la habitación. Ahí estaba ella, Susana, la chica que le salvó la vida, viéndolo con una mirada de adoración que rayaba en lo absurdo. ¿Qué había hecho él para que ella dijera amarlo tanto como aseguraba?
Muy inquieto por cómo lo observaba, Terry volteó un momento para cerrar la puerta, rompiendo el contacto de sus miradas.

—¡Viniste, Terry! — escuchó la voz dulzona de la muchacha desde atrás. —No sabes cuánto te he extrañado, estas horas lejos de ti han sido un martirio.

Esa declaración hizo que él se tensara aún más, le parecía tan exagerado que lo desconcertaba; sin embargo, reuniendo todo el valor que poseía, giró a verla nuevamente. Una vez se volvieron a mirar, Susana le regaló una pequeña sonrisa que muchos calificarían de absolutamente tierna, pero que a Terry sólo le generó un ligero y horrible estremecimiento en el cuerpo. El consternado joven bajó la mirada en el acto, enfocándose distraídamente en el suelo.

¿Por qué esa sonrisa tan dulce que le ofreció Susana lo llenaba de pavor? ¡En serio! Esta chica siempre le mostraba una dulzura que le parecía tan insoportablemente falsa, que a Terry le afectaba en lo más profundo, haciendo que la única forma en que su cuerpo podía reaccionar era en un inconsciente rechazo hacia ella, situación que no podía evitar.

Susana confundió la reacción de Terry, pensando que se debía por cierta rubia enfermera que ya conocía.

—¿Ella está aquí? — le preguntó suavemente, con la única evidencia de su turbación reflejada en la forma en que sus manos apretaban la sábana con la que se cubría.

Terry alzó la mirada, viéndola confundido, le tomó varios segundos entender que a quien se refería Susana era a Candy.

—No, ella todavía no llega. — repuso quedamente sin moverse de su sitio, desviando sus ojos a las manos de la joven sobre la sábana, y sintiéndose extrañamente cohibido de hablar de Candy con ella.

Susana no perdió el brillo que llenó los ojos de Terry un instante al sólo pensar en Candy, lo que hizo que su mirada se endureciera casi imperceptiblemente.

—¿La amas tanto, Terry? — habló en un susurro mientras sus ojos azules se anegaron de lágrimas. —¿No puedes sentir ni un poquito de cariño por mí? — le rogó antes de soltar un lastimero sollozo.

Terry liberó un suspiro más en cuanto oyó ese sollozo, ahí estaban otra vez, esas lágrimas que ella siempre mostraba cada vez que estaba con él, mismas lágrimas que sólo hacían que se sintiera como un completo miserable por supuestamente causarlas.

Cerró sus ojos un momento, por más que no la amara, no era lo suficientemente cruel para sentirse contento de que ella sufriera por la supuesta culpa de él.

—Susana… yo… — se detuvo porque las palabras se le quedaron atoradas en la garganta cuando ella lo miró con aparente dolor.

¿Cómo decirle sin lastimarla que por más que lo intentara nunca podría amarla como ella quería? ¿Cómo dejarle en claro que sus sentimientos estaban sólo con Candy, que era con ella o con nadie más? ¿Cómo asegurarle que le agradecía una y mil veces por lo que hizo por él, pero lo que le estaba pidiendo era un sacrificio demasiado grande que no se creía capaz de realizar jamás?

Lo había tratado incontables veces, en verdad quería ser sincero con ella, a pesar que nunca fue ni su amiga antes de todo lo que pasó, sentía que le debía al menos un poco de honestidad para que así pudieran estar a mano. Pero cada vez que lo intentaba, ella parecía preverlo y sólo lo veía con esas expresiones lastimeras que tenía y sus miradas que todo el tiempo le decían: “Me lo debes, Terry.”  Ahí era cuando estaba atrapado, lo hacían sentir culpable hasta de sólo respirar, era como si por el hecho de estar vivo, ella lo acusaba indirectamente con esas miradas que le rogaban que la amara.

“¡No puedo!” — gritaba siempre su corazón en respuesta.

Terry ya no quiso hablar más y caminó hacia la pequeña mesa cerca de la cama, sacando unos pañuelos para ofrecérselos.

—Sólo he venido a verte un momento, Susana. Tengo que volver a los ensayos.

“Cambiaste el tema, muy conveniente.” — pensó ella, aceptando los pañuelos que le ofrecía Terry.  
El bello actor siguió hablándole en comentarios muy vagos de cómo iban los ensayos.

“Pronto.” — se prometió a sí misma, viendo a Terry sin prestarle mucha atención a lo que le decía.

No pasaron ni diez minutos antes de que el joven se despidiera de ella muy formalmente, con un estado anímico que sólo denotaba cansancio.

—¿Volverás mañana? — le pidió Susana, lanzándole una mirada ilusionadísima.

“¡Otra vez!” — Terry tragó duramente, sintiéndose más cansado que antes.

—Eso creo. — fue lo único que le respondió, tensando los hombros de sólo pensar en lo que significaba otra de estas visitas. —Ya me voy.

—Suerte en los ensayos, Terry. — le deseó con una sonrisa dulce.

Terry casi no pudo disimular una mueca de molestia y asintió en despedida antes de salir de la habitación con paso apresurado.

Una vez fuera, se sintió muy aliviado de ya no estar con ella. Por más que sabía que sonaba muy cruel, lo cierto era que estas visitas sólo lo deprimían. Había tenido que mentirle para que no durara tanto, en realidad se habían cancelado los ensayos lo que quedaba de la tarde porque estaban equipando el escenario, tenía toda la tarde libre con un tiempo que francamente sólo quería pasarlo consigo mismo.

Apenas salió del cuarto, se dio cuenta que la señora Marlowe estaba unos pasos más adelante, claramente resguardando la puerta del cuarto de su hija.

—¡Tan pronto se va! — reprochó enfadada, contrayendo el ceño amenazantemente. — ¡No ha estado aquí ni media hora!

—No estoy de humor para seguir hablando con usted, señora. — le habló fríamente. —Tengo cosas que más importantes qué hacer y ya me voy.

La Sra. Marlowe ni siquiera se dignó en contestar, se creía la muy digna como toda una gran señora, y en un gesto ofendido, simplemente con un breve vuelo de sus faldas, desapareció de su vista yendo a ver su ‘dulce’ e ‘inocente’ hija que necesitaba de su compañía.

A Terry no le importó en absoluto, mejor que esa mujer se fuera de una vez. Se arregló la bufanda para cubrir su identidad en las calles y caminó con rumbo a la salida, sintiendo que al salir lograría acabar con toda esta tensión que aún tenía, al menos por el momento.

Mientras tanto, el Terry del futuro iba entrando en el hospital con evidente retraso, temiendo que su otro yo ya se hubiera ido del lugar antes que llegara. Había estado muy nervioso por ese pensamiento en todo el trayecto que, en su apuro por encontrar al Terry de dieciocho, por poco y se olvida de pagarle al pobre conductor en cuanto arribaron al centro médico.

El pobre hombre había estado consternado al ver la extraña actitud de su pasajero, principalmente por sus peculiares soliloquios que no le parecían tener sentido y en sus múltiples exclamaciones que francamente habían terminado por asustarlo. Supuso que al haberlo recogido de las calles de Broadway, debía de ser algún bohemio o actor de seguro, eso explicaría todo.

“Sólo las personas más excéntricas terminan subiendo en mi carruaje.”
— pensó mientras recibía el pago por sus servicios. —“¡Actor tenía que ser!”

Una vez le pagó al buen hombre, se disculpó por todas las molestias y continuó su camino, deseoso de encontrarse de una buena vez.

Lo había estado pensando en todo el trayecto y había llegado a la conclusión que quizás lo mejor y más factible sería enfrentar a su otro yo directamente para así pedirle que no cometiera el error de dejar ir a Candy; pensó por mucho tiempo las posibles consecuencias de ese tipo de acercamiento, estaba seguro que su otro yo, llegaría a pensar que se estaba volviendo loco y no le creería en absoluto, pero si ahondaba en detalles que sólo conocía él mismo, de seguro a la larga terminaría por aceptarlo, y tal vez juntos podrían encontrar la solución posible para no perder a Candy nuevamente.

Se detuvo en seco apenas vislumbró a lo lejos a su otro yo iniciando el descenso de las escaleras que conducían al pasillo principal, y llevaban a la salida. Terry sonrió encantado de haberse encontrado, sintiendo que aquí empezaba el verdadero cambio de su historia, y comenzó su camino a punto de interceptarse a sí mismo.

“¡No!” — una advertencia se oyó claramente en sus oídos, haciendo que parara inmediatamente. —“¡No lo hagas!”

Esa advertencia hizo que vacilara en su decisión, Terry vio cómo su yo de dieciocho años ya terminaba de bajar de las escaleras y seguía su camino en sentido contrario a donde él estaba. Ahora estaba debatiéndose consigo mismo entre seguir o no su anterior idea.

“Haz lo que te digo, no hables con él.” — una advertencia más en su cabeza con una voz que ya le resultaba extrañamente familiar.

—¿Abuelo? — preguntó al aire, sintiéndose como un tonto. Sabía que no pudo ser la voz de su abuelo, ¿verdad?  

Seguía muy ansioso viendo como su otro yo terminó volteando al pasillo principal caminando a la salida, no lo dejó de ver hasta que desapareció de su campo de visión cuando salió del hospital. ¡Ya estaba! ¡Lo dejó ir!

“No juegues con el tiempo, muchacho.”
— la voz de su abuelo volvió a sonar con más fuerza en su cabeza. —“El tiempo es misterioso y poderoso, pero si juegas con él es a la vez peligroso. Tu otro yo no puede verte, no debes hablar con él, arruinarías la estabilidad del espacio-tiempo.”

—¿Pero, qué puedo hacer entonces? — le replicó casi en desesperación y demasiado fuerte para llamar la atención.

Justo una enfermera que iba pasando por ahí, se lo quedó mirando muy desconcertada por esa exclamación, Terry reaccionó de inmediato, bajándose la bufanda y tratando de sonreírle con todo su encanto, a pesar que estaba muy tenso. La enfermera agrandó los ojos y casi se tropieza con sus pies al verlo. Apenas recuperó el equilibrio y conteniendo la respiración, le respondió con una sonrisa embobada y con sus ojos brillando de emoción, alzando la mano en breve saludo; luego siguió su camino, suspirando a cada momento mientras caminaba como si estuviera entre las nubes de la ensoñación.

“El encanto de los Grandchester en todo su esplendor. ¡Tenías que ser mi nieto!” — escuchó decir a su abuelo con un cierto dejo de… ¿orgullo?

Sacudió su cabeza, decidiéndose que mejor después lo pensaría, tenía otras cosas más importantes en qué pensar.

—¿Qué hago, abuelo? — susurró en una súplica.

“Te creía más ingenioso, muchacho. ¡Vamos, usa esa astucia que tanto tienes!” — le aconsejó el abuelo con picardía, que Terry podría imaginarlo sonriéndole endiabladamente. —“Por cierto, trata de pensar algo muy gracioso, ya nos estamos divirtiendo de lo lindo aquí arriba mientras te vemos, pero sentimos que todavía no empieza la verdadera diversión. ¡Empiézala ya, hijo! ¡La necesitamos!”

Ese comentario no le hizo mucha gracia, ahora resultaba que todo esto era un espectáculo en el cielo para quién sabe cuanta gente. Contrayendo sus cejas un poco consternado, siguió pensando en qué hacer.
 
—Esto está complicado, abuelo. — reconoció, cruzándose de brazos pensativamente.

Esperó con ansiedad una respuesta, deseando escuchar la voz de Henry con algún buen consejo.

—¿Abuelo? — volvió a preguntar con más insistencia. —¿Estás ahí?

Y nada, no recibió más respuesta que el absoluto silencio en su cabeza.

—¡Gracias por tu gran ayuda! — musitó con sarcasmo, entornando los ojos. Se sentía más enfadado mientras se imaginaba a su abuelo seguramente riéndose en respuesta por ese comentario.

—¡Y ya perdí de vista a mi otro yo nuevamente! — reclamó, alzando las manos y cubriendo su rostro. —A este paso voy a terminar persiguiéndome todo el día.

Suspirando irritado, corrió rápidamente hacia el pasillo principal del que se había desviado su otro yo. En cuanto llegó ahí, sus ojos terminaron inconscientemente atrapados en las escaleras que se encontraban en el centro del corredor.
 
“Estas escaleras” — su corazón se detuvo un instante, apretándose casi dolorosamente en su pecho.

Aquí había comenzado su verdadero calvario, esa despedida marcó un fin y un comienzo al mismo tiempo. Un error por parte de los dos que los había sumido en el más amargo de todos los destinos con la certeza de nunca más volverse a ver.

—Candy… — murmuró roncamente mientras ante sus ojos se revivía la escena de esa despedida. —Haré todo lo posible para que esto no termine como la última vez. — se prometió lo último con tanto fervor que cualquiera notaría que el joven vivía un momento casi reverencial.

Dándose la fuerza necesaria para continuar, Terry volteó hacia el camino donde había visto a su otro yo desaparecer, disponiéndose a ir en esa dirección; sin embargo, de pronto una voz lo hizo detenerse en el acto, haciendo que por poco lanzara un gemido de extremo fastidio ahí mismo. ¡Cómo odiaba esa voz!

—¿Con qué continúa por aquí, eh? Creí que había dicho que tenía que irse. ¿No que estaba muy apurado?
La irritante voz de la Sra. Marlowe atravesó sus oídos dolorosamente. ¿Qué tenía esa mujer en la voz que siempre hacía que le dolieran los tímpanos? ¡Qué le pague el doctor! A este paso entre ella y su hija, además de volverse loco, también terminaría sordo de tanto escuchar su insoportable voz todos los días.

“Eso cambiará muy pronto.”
— se recordó con optimismo, lo único bueno que pudo sacar de esta situación.

Terry volteó a verla, frunciendo el ceño con molestia mientras veía a la Sra. Marlowe bajar las escaleras pausadamente. En cuanto estuvo con él, la mujer lo miró de arriba abajo con cierta confusión como notando algo diferente en el joven.

“¿Por qué parece más alto que antes? ¿Esa ropa no es un poco diferente a la que traía puesta?” — pensó un poco desconcertada.

El hermoso actor estaba dispuesto a fingir con tal de no generar sospechas, lo más sensato era que esta obtusa mujer creyera que era su otro yo.

—¿Qué es lo que quiere, señora? — fue directo al grano, deseoso de irse de ahí a seguir a su otro yo.
La Sra. Marlowe achicó sus ojos con suspicacia observándolo con detenimiento cuando repentinamente recordó lo que le había dicho antes. Viéndolo con la mirada enardecida, replicó furiosamente.

—Si es que tiene tiempo libre, ¡vaya y páselo con mi Susy! Ella sólo desea que le haga compañía. — expuso consternada, frunciendo los labios. — ¿Qué hace por los pasillos del hospital? — preguntó en una orden.

De repente, sus ojos se agrandaron cuando una curiosa idea cruzó por su cabeza.

—Seguro estaba coqueteando con las enfermeras. — le acusó duramente, con los ojos más furiosos que nunca.
Ese comentario irritó sobremanera a Terry, haciendo que le lanzara una gélida mirada tan intimidante que hasta esa pétrea mujer no pudo ser inmune.

—¿Perdón? — arqueó una ceja, retándola implícitamente a volver a repetir su acusación.

La mujer trató de reunir todo el valor que creía poseer antes de hablar.

—¡Sí! Perdón de rodillas es lo que le debe pedir a mi hija por sus acciones. ¡Qué bonito! — iba ganando más seguridad a la par que avanzaba su discurso. —Mientras ella está postrada en una cama de por vida, usted aprovecha y se mete con cuanta mujer encuentra.

Fue ahí cuando todo el temple del que hacía gala Terry se fue a la basura, explotando en la cara de la Sra. Marlowe como tanto se merecía.

—¡Déjese de acusaciones, señora! — le gritó con fuerza, haciéndola brincar sobresaltada. Alzándose en toda la altura que poseía, hizo que la mujer se encogiera ligeramente de miedo en su sitio. — Además si así fuera, ¡qué le importa!

—¡Todavía lo acepta! — bufó indignadísima, aun cuando verlo tan alto le seguía resultando amenazante. —¡Usted es un mal hombre!

Terry apretó los puños, recordándose que lo mejor era mantener la calma.

—Cuide sus palabras, señora — hablaba en voz baja con un tono que resultaba mucho más intimidante que el anterior. —Usted no me conoce.

Sus bellos ojos verdiazules brillaban en un desafío, queriendo que ella le respondiera para poder iniciar una lucha de palabras en la que él le diría todas sus verdades. La señora no perdió el tiempo antes de responder, para nada consciente de la batalla que había empezado.

—¡Claro que lo conozco! Conozco a muchos hombres como usted que se aprovechan de la inocencia de las niñas buenas como mi hija. Ahora dígame de una vez: ¿Qué es lo que hace por aquí todavía?

El hermoso actor suspiró con lentitud, tomándose todo el tiempo del mundo antes de contestarle, deseando así jugar con la paciencia de la mujer todo lo que podía.

—No tengo por qué darle cuenta de mis actos. — se cruzó de brazos, torciendo sus labios en una sonrisa burlona con afán de molestar más a la Sra. Marlowe.

La exasperada mujer ya estaba perdiendo la calma, este hombre parecía querer traspasar todas las barreras de su paciencia.

—Escúcheme bien. — lo señaló con el dedo, empleando un claro tono de advertencia en su voz. — No sé con qué clase de mujeres trata usted, pero de una vez le digo que mi hija es una dama y como tal merece todo el respeto del mundo, ¿entendido?

La sonrisa de Terry no vaciló ni un segundo, y siguió lanzándole a la Sra. Marlowe una mirada tan enervante que la mujer sólo quería gritar de cólera, sintiéndose más burlada e irritada que nunca.
 
—¡Qué amable de su parte exponer sus aclaraciones! — Terry habló con un dejo de socarronería en su voz. —Y ya que estamos en esto de aclarar cosas, yo también de una vez le digo algo. — elevó ambas de sus cejas dando énfasis a sus palabras. —¡Me encantan las enfermeras!

“En especial las rubias, pecosas, atolondradas y de ojos verdes.” —  agregó eso sólo para él mismo.

El rostro de la señora Marlowe se compungió de total indignación. ¡Lo aceptaba y se burlaba de ella en su cara! ¿Quién se creía este hombre para hablarle así?

—¡Usted es un descarado!  — acusó con todo el veneno que podía.

—Y usted es una entrometida, pero no se lo digo. — replicó él calmadamente, encogiendo los hombros con indiferencia.

—¡Qué insolencia! ¿Cómo se atreve? — la mujer apretó los dientes de tanta rabia. —¡No me hable de esa forma!

—¡Claro! Yo no puedo hablarle así, pero usted sí tiene el derecho de hablarme y tratarme como le plazca. — rodó sus ojos sarcásticamente antes de añadir. —¿No piensa que está siendo injusta?

—¡Injusto es usted con mi hija! Y ella que únicamente piensa en usted y lo ama.

—Susana sólo ‘dice’ que me ama. — recalcó muy bien esa frase para dejarlo en claro. —Todavía nos falta comprobar si es cierto.

—¿Cómo osa desconfiar del amor de mi hija? — lo miró fieramente. —Aunque yo no pueda comprenderlo, ¡ella realmente lo adora!

—¿En verdad lo cree? — Terry enarcó una ceja en otro gesto burlón. —Yo pienso exactamente lo contrario.
La paciencia tenía su límite y ésta ya parecía haber abandonado totalmente a la señora Marlowe. Respirando con agitación, ya sentía que la sangre se le subía a la cabeza.

—No sé lo que busca, pero mi Susy ya ha sacrificado lo suficiente por usted y lo mínimo que puede hacer es pasar el resto de su vida al lado de ella, para pagarle por el sacrificio tan grande que hizo.

—Eso está por verse todavía. — afirmó en algo parecido a una promesa que desconcertó mucho más a la mujer.

—Parece que esta conversación es inútil. — resopló con enfado, tratando de controlar su acelerada respiración.

—Al menos en eso estamos de acuerdo. —  Terry asintió para asegurar sus palabras.

—¡Usted es un hombre indigno de mi hija! Mi Susy no se merece a un hombre como usted. — la mujer contraatacó, no dispuesta a dejarlo a él con la última palabra. —¡En mala hora ella le salvó la vida! ¡Cómo desearía que no lo hubiera hecho!

—Ya lo ha repetido muchas veces, no se preocupe por volverlo a decir que ya lo sé. — aseguró queriendo concluir esta conversación. —¿Ya acabó? Tengo que irme.

—¡Todavía no he acabado! Estoy segura que esto no lo conoce, y me voy a alegrar mucho que se entere de una vez: —  sonrió con suficiencia antes de declarar. — ¡No sabe lo mal que pienso de usted! Lo tengo en un muy mal concepto y… ¡lo odio con todas mis fuerzas!

Lo miró con triunfo, creyendo que lo que le dijo lo dejaría totalmente callado y avergonzado, y estaría dispuesto a pedirle disculpas para recuperar su buena opinión. Para sorpresa de la mujer, el bello joven soltó una sonora carcajada en respuesta y no se mostró para nada ofendido o molesto con esa declaración.

—Me estoy aburriendo rápidamente de esta conversación. — Terry siguió hablando con estudiada tranquilidad, sin dejar de lado su sonrisa cínica. —En caso de que no se haya dado cuenta todavía, me importa un comino su estima o su buena opinión.

Un jadeo instintivo escapó de los labios de la Sra. Marlowe cuando éstos se abrieron de la sorpresa, estando más indignada que nunca. Sus ojos se agrandaron y su rostro enrojeció totalmente, presa de una ira inconmensurable.

—¿En verdad creyó que yo estaría preocupado al saber que usted piensa mal de mí o me odie? — Terry alzó una ceja inquisitivamente, cruzando sus brazos de nuevo a punto de dar su última estocada. —¡Hágame el favor, señora! No se crea tan importante.

Esa fue la gota que derramó el vaso, la Señora Marlowe comenzó a temblar de tanta furia contenida.

—¡En mi vida… nadie… nadie me había faltado el respeto… de esta forma! — las palabras le salían entrecortadas de lo muy ofendida que se sentía.

—Siempre hay una primera vez para todo, ¿no cree? — Terry pareció mirarla con un poco de lástima, situación que la indignó aún más. —Ahora ya estamos a mano.

Antes de que la señora Marlowe pudiera siquiera recuperarse de la conmoción que le habían causado sus palabras, Terry hizo una leve inclinación de cabeza como despedida, sin dejar de sonreír triunfantemente para voltearse y caminar lo más lejos posible de esa exasperante mujer.

“Por poco y le grito todo lo que no la soporto.” — se dijo en cuanto saliera completamente de la horrible presencia de esa señora. —“Espero que esto no le cause problemas a mi otro yo.”

Al menos cumplió un deseo que tenía desde hace tiempo, pudo dejar a esa mujer en su sitio como tanto merecía en ese entonces. Ya acabado ese asunto, recordó que había perdido a su otro yo nuevamente.

—¡Genial! — se llevó una mano a su cabeza en preocupación. —Ahora a buscarme donde sea que esté.

Otra vez a tratar de recordar, su mente se adentró en los recuerdos casi vagos que tenía de esos días, cuando la idea del posible lugar donde estaba le llegó como un repentino torbellino.

Seguro se fue a hacer alguna de esas interminables caminatas por el Central Park, horas y horas de pensamientos consigo mismo en los que trataba de encontrar alguna solución a este problema. Conociéndose como se conocía lo más probable es que se quedaría caminando sin rumbo por todo el lugar hasta el atardecer.

“¡Excelente! Eso me da tiempo.”
— consideró con ansiedad. —“Esta es una oportunidad para empezar a actuar, una oportunidad que ya no puedo desaprovechar.”

Había perdido valioso tiempo mientras hablaba con esa horrenda mujer, además que de pensar tanto en lo que haría, prácticamente no había hecho nada para enmendar el camino por el que recorría su yo el pasado.

“¿Qué puedo hacer?”
— su mente luchó, buscando una idea que respondiera esa pregunta, hasta que en el momento menos pensado esta apareció en su cabeza como una epifanía.

“¡Ya sé!” — casi gritó con emoción. ¡Era una idea fantástica! ¿Cómo no se le ocurrió antes?

En cuanto llegó a la entrada del hospital, se dispuso a buscar otro carruaje que lo llevara hasta el lugar donde quería ir. Emocionado, notó que había un carruaje estacionado muy cerca del hospital, esperando claramente un nuevo cliente. ¡Qué suerte!

—¡Usted! — exclamó Terry, mucho más entusiasmado de encontrar al anterior conductor que lo había traído.

“¡Oh, no! ¡Es él!” — pensó el pobre conductor, que se había quedado cerca del hospital, esperando encontrar un nuevo pasajero menos excéntrico que el anterior. Al menos pensaba que cerca de un hospital, podría asegurarse que no saldría alguien así. ¡Miren que equivocado estaba! ¿Por qué no consideró que el actor saldría tan rápido?

—Lléveme al New York Botanical Garden* — le pidió el joven sin chistar.

—Yo… yo…

—Por favor, es muy urgente que llegue ahí cuanto antes. — Terry lo vio a los ojos con apremio.

Parecía ser que hasta el encanto de los Grandchester también surtía su efecto en el conductor, porque al ver sus ojos verdiazules, el hombre se sintió invadido del gran deseo de ayudarlo, por más que lo pusiera tan nervioso con sus excentricidades.

—Está bien. — el hombre accedió teniendo la sensación que se arrepentiría mucho después de haber aceptado.

—Se lo agradezco mucho. — expresó Terry antes de subirse al carruaje de inmediato.  

“¡Otro viaje en carruaje!” — caviló el actor con una ladeada sonrisa. —“Creo que terminaré recorriendo Nueva York de extremo a extremo en un solo día de tanto perseguirme.”

—Esto sólo me pasa a mí. — musitó suavemente antes de reírse de su situación.

“¡Ahí está!” — se dijo el conductor en cuanto lo escuchó reír sin razón. — “Ya empezó y ni siquiera inicio el recorrido.”

Sacudió su cabeza, resignado a no dar marcha atrás. Ya había aceptado, así que sin más que hacer siguió con su acuerdo e inició el recorrido de una vez.


0-o-0-o-0-o-0


El viento frío del cercano inverno chocaba contra su hermoso rostro a cada momento, mientras seguía caminando sin rumbo fijo entre los diversos pasajes del Central Park en completo silencio. Su caminata por el lugar se había extendido ya varias horas, no estaba sorprendido que hubiera sucedido, pero al menos hubiera esperado que después de tanto tiempo de reflexión solitaria entre sus pensamientos, al menos hubiera encontrado alguna salida para todo esto.

¿Quién había dicho que a sus dieciocho años se vería obligado a tomar este tipo de decisión? Una parte de él se rebelaba contra ese destino, una vida que parecía ya no dominar, que se escapaba de sus manos sin que él lo pueda evitar. Se sentía tan viejo, como si hubieran pasado años sobre él en tan sólo unos días, cayendo sobre sus hombros cientos de responsabilidades de un momento a otro.

Una profunda pesadez le invadía constantemente el corazón, parecía ser que ni siquiera la próxima llegada de Candy a Nueva York podía subirle un poco el ánimo que tenía. Todo era una continua carga, demasiado pesada para llevarla él solo. ¿Cómo no sentirse culpable? A pesar de todo, su nobleza no le permitía ser ajeno al sufrimiento que le causaba a la mujer que lo salvó, no podía dejarle de lado así como así.
 
Empezó a respirar agitadamente preso de una gran frustración. ¿Por qué todo esto tuvo que pasarle a él? ¿Por qué justo ahora?

Antes de esto, tenía tantos sueños y tantos deseos por cumplir, se imaginó todo lo que sería si ese accidente no hubiera pasado, si esas luces nunca hubieran caído y así Susana nunca hubiera ido a parar al hospital. Se imaginó ensayando arduamente para el estreno de la obra, dispuesto probar que recibió ese papel sólo por su talento,  se veía mucho más ansioso y nervioso esperando por la llegada de Candy, deseando tenerla de nuevo junto a él y abrazarla para ya nunca dejarla ir.  

Se sorprendía por la forma en que todo esto se había dado, nunca creyó que estaría alguna vez atrapado en este tipo de disyuntiva entre el amor y el deber, ahí jugaba esa parte de él mismo que se rebelaba en contra de que se le imponga algo, que no quería verse reducido a seguir lo que los demás querían que él hiciera. ¡No lo soportaba más!

Podría decir que había experimentado de todo en su vida, pero sin lugar a dudas, esto era lo más duro que tenía afrontar y, francamente, no se sentía preparado para hacerle frente estando tan solo.

Muy cansado de tanto caminar, se había sentado sobre una de las bancas que habían por ahí. Descubriéndose su bello semblante, inhaló profundamente y liberó un ronco suspiro.

Otra fría brisa de la tarde chocó contra su rostro una vez más, elevando varios de sus mechones en el aire.

“Candy…” — vio con añoranza hacia el horizonte. —“… si tan sólo supieras todo esto… ¿Me ayudarías a hacerle frente?... ¿Estarías conmigo ayudándome a cargarlo?”

Suspiró tristemente, no muy seguro de las respuestas a esas preguntas. Le daba miedo decírselo, conociéndola como la conocía no sería difícil imaginarla dejándolo sólo para seguir lo que consideraba correcto.

“Si tan sólo supiera si me acompañarías.”
— cerró sus ojos un instante. —“¡Cómo quisiera saberlo!”

En cuanto abrió los ojos, su cuerpo se sacudió inesperadamente cuando descubrió sorprendido que otra persona se encontraba cerca suyo. ¿En qué momento había llegado?

El aire quedó atrapado en su garganta cuando notó que era una niña pequeña de rubios rizos y abundantes pecas.

“Muy gracioso.” — pensó con ironía mientras observaba con detenimiento a la pequeña.

La niña lo miraba francamente, no mostrándose para nada afectada por el examen de su persona y tenía una mano atrás de su espalda como escondiéndole algo.

—Toma, te lo regalo. — al fin, reveló lo que escondía detrás suyo, mostrándole al joven un hermoso narciso que lo dejó momentáneamente paralizado.

Los ojos de Terry se entornaron en asombro, pero lo tomó instintivamente aun cuando estaba sorprendido por el regalo.

—Gracias. — susurró, mirando al narciso y luego nuevamente a la niña para preguntarle. —¿Por qué me lo diste?

—Porque te ves triste, no me gusta ver a las personas tristes. — respondió, sentándose a su lado sin ningún aviso.

Típico de los niños, ser tan honestos y confiados, podía ver a la niña a los ojos y estar seguro que le hablaba con toda la sinceridad del mundo, así que ya tenía descartada la idea de que podía ser una asesina serial.

—¿Y dónde la conseguiste? — Terry se sorprendió a sí mismo al preguntarlo, no tenía ni idea de porque estaba hablando con esta niñita, quizás le daba confianza porque se parecía a Candy, además de que había tenido un gesto para con él.

—A mí también me la dieron para dársela a la persona más triste que viera. — desvió su mirada por el lugar como buscando a la supuesta persona que se la dio. —Supongo que lo habrá encontrado por aquí.

—¿Encontrar un narciso aquí en esta temporada? — arqueó una ceja incrédulamente.
   
—No lo sé. — la niña encogió los hombros sin darle mucha importancia. —Pero es la flor más bonita que he visto en mi vida.

—En eso tienes razón. — sus ojos se detuvieron observando el narciso mientras sus labios fueron esbozando poco a poco una sonrisa. — ¿Te digo un secreto?

Enfocó su mirada en la niña de nuevo antes de añadir.

—Eres la primera chica que me regala una flor.

Los ojos de la niña se iluminaron en el acto y le sonrió brillantemente. Terry correspondió a la sonrisa de la pequeña de todo corazón, asombrado de haber encontrado una razón para sonreír. ¿Hace cuánto que no había sonreído? Parecía toda una eternidad.

—Tal vez es una señal. — la pequeña agrandó los ojos en gesto muy adorable como si hubiera hecho un gran descubrimiento.

—¿Una señal para qué? — frunció el ceño levemente.

—Me parece que ya debes saberlo. Mi mamá dice que los adultos están tristes cuando están teniendo problemas, situaciones que una niña como yo tal vez no puede comprender, y no saben cómo salir de ellos. — hablaba más entusiasmada mientras continuaba su explicación. —Quizás el universo te está diciendo que hay una salida para todo esto y que debes seguir a tu corazón.

Terry soltó un jadeo de sorpresa por la forma en que la niñita había parecido comprenderlo. Un poco aturdido, le sonrió inconscientemente a lo que la pequeña le regaló una última brillante sonrisa antes de levantarse de la banca y salir corriendo con rumbo desconocido.

Apenas la vio desparecer, el castaño sólo se quedó mirando el narciso que reposaba en su mano, completamente ajeno a todo lo que había a su alrededor. Opacado por todo y cada una de las cosas que le había pasado este día, éste era hecho por mucho el suceso más resaltante de toda su tarde.

Acariciando la preciosa flor abstraídamente, cientos de recuerdos volaron por su mente en pocos segundos; era inevitable, los narcisos siempre le recordaban los días del San Pablo, la mejor época de su vida; esos recuerdos que vivirán marcados en su memoria porque la gran mayoría de ellos estaban muy relacionados con el momento en que Candy entró en su vida.

Fue ahí cuando la misma pregunta que había rondado por su cabeza hace instantes volvió a hacerse presente una vez más. ¿Podría ella ayudarle a hacer frente todo esto?

—Seguir a tu corazón. — susurró las mismas palabras que le dijera la niña hace rato.

¿Qué es lo que le aconsejaba? ¿Qué debería hacer? No tuvo que pensarlo mucho antes de responderse.

“Me escucharás, Candy.” — afirmó con un optimismo que casi no creía posible. —“Lo sé, lo siento, juntos podremos arreglar esto. Enfrentaremos al mundo los dos juntos.”

—Te lo diré en cuanto llegues. — lo declaró con tanta seguridad y decisión que nadie dudaría de sus palabras.

Desde un par de metros más atrás y oculto tras de un árbol, un Terry de 23 años veía más que satisfecho la forma que había logrado ese primer acercamiento. Fue toda una carrera contra el tiempo hacer todo esto, tuvo que correr por el jardín botánico y buscar en el Enid A. Haupt Consevatory**  algún narciso que le pudiera servir. Por suerte lo encontró y apenas llegó al Central Park, se había concentrado en buscar a su yo de dieciocho años. Otra tarea titánica ya que parecía haberse escondido entre las rocas, pero en cuanto lo halló, no le fue muy difícil encontrar a una niña por ahí cerca que le hiciera el favor de darle el narciso a su otro yo.

También fue una sorpresa para él que esa niña tuviera esas características tan peculiares, pero lo consideró como un regalo del cielo que vendría mucho más a juego con sus propósitos. Y aquí estamos ahora, ya había hecho un avance, o al menos eso quería creer.

—Muy bien. Fase 1 terminada. Espero que estés contento, abuelo. — miró al cielo mientras hablaba. —Vayamos a la siguiente fase del plan.

Todavía tenía mucho que hacer y estaba seguro que necesitaba más que sólo señales para no repetir el mismo error.

Continuará…

NOTAS:

*New York Botanical Garden: Primer jardín botánico de Nueva York, ubicado en el distrito municipal de Bronx y fundado en 1891.

**Enid A. Haupt Consevatory: Es un amplio invernadero que ocupa una de las partes más importantes del Jardín Botánico de Nueva York.


...

Y así continuamos con la historia, la siguiente en publicar el próximo capítulo será la hermosa Amazona del Hielo (Andreia) Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 189452  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 189452

Esto no ha acabado, a las Amazonas de Terry todavía nos falta mucho por combatir para defender a nuestro bello Liath.  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 8168  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 120532  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 53278
 

Elby8a

Elby8a
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Como siempre un placer leerte. Me está encantando está historia inspiración de las Amazonas.
Disfruté muchísimo leer como Terry saco de sus casillas a la Sra. Marlowe 😏😏😎 aunque en lo personal me hubiera gustado más sangre!!!!
Estoy al pendiente de su siguiente aportación.

Enviado desde Topic'it

Andreia Letellier

Andreia Letellier
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

¡Cómo disfruto esta historia! Este capítulo es genial, J'ai aimé comment Terry a fait face à la Marlowe (adoré cómo Terry enfrentó a la Marlowe), aunque sí, también hubiese preferido más dureza con ella; ¡le han hecho la vida imposible por cinco años!  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 523232  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 523232

Pero bueno, ¡te ha quedado genial esta parte jolie! Ya sabes que me encanta cómo escribes, n'est ce pas? Pobre del cochero por cierto ¡ja, ja, ja!

Y no pudo ser más oportuna la aparición de esta pequeña con la que Terry mandó el narciso a Terry menor ¡qué emoción!  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 355103  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 355103

Et oui, je suis le prochain avec cette histoire... (y sí yo soy la siguiente con esta historia) ¡¡Esperamos les siga gustando!!

https://www.fanfiction.net/u/7428859/AyameDV

igzell

igzell
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Esa parte,la del chofer, me hizo reir hasta dolerme la pansa  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 87337
...Pero pobre de mi Terry del futuro, encontrarse con esa mujer y decirle todas esas cosas que contenia, debiò haber sido una especie de "liberacion";esperemos que no le traiga consecuencias al terry de 18...



Por otra parte,la frase de que se guardo "En especial las rubias, pecosas, atolondradas y de ojos verdes.",uff,esa frase,en definitiva, me flechò y me sacò una sonrisa.  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 754880


Espero la continuacion...

http://larojamelenaquesellevoelviento.blogspot.com/

Lady Supernova

Lady Supernova
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

¡Hola! Ya esperaba el capítulo y me emocioné cuando lo encontré, me topé con él hace rato y de inmediato lo leí, me encanta que Terry tenga la oportunidad de cambiar su vida, Dios sabe que el pobrecito sufrío muchísimo... Oigan ¡Qué insufrible es la señora Marlowe, horrible persona, casi que me dieron ganas de entrar al fic para darle un par de bofetadas a ver si así reacciona Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 362558 ¡Nos leemos en el siguiente!

https://www.fanfiction.net/u/2786408/Lady-Supernova

Malinalli

Malinalli
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Ya!!! Yo digo que el Terry del futuro tiene que ir al hospital y aventar a Susana cuando ella está en la azotea antes de que Candy la rescate...

Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400

Excelente historia. Es una gran imaginación, de verdad, muchas felicidades. Adoro la continuidad de los personajes, sus movimientos y sus perfiles. Mil gracias por deleitarnos con tan bello Fic. Estaré esperando el siguiente capítulo!!!!

stormaw

stormaw
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Hola
Que interesante, cada una escribe un capítulo. La vetdad les esra quedando bellísimo. Las felicito chicas

Mon_Andrew

Mon_Andrew
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

No saben como estaba esperando ya este capítulo y la espera valió la pena.  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 413636 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 413636 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 413636

Me encantó la frase que Terry  dijo y pensó "Me encantan las enfermeras!" “En especial las rubias, pecosas, atolondradas y de ojos verdes.”

Ayyy lo amé aun más!!  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 10498 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 10498

Excelente trabajo, estaré muy pendiente del siguiente.  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 115438 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 115438

Gissa Alvarez

Gissa Alvarez
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Luana cara mia, creo que todas estamos de acuerdo en que querer más dolor para la señora Marlowe  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 504400  siii, Jajajaja

Me encanta esa perseguida que Terry se da a sí mismo, pero ¿Qué seguirá ahora? ¿Terry le contará todo? Y, ¿será el Terry de 18 o el de 23? Quiero saber, quiero saber. Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 895558  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 895558  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 895558

A presto  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 463717  Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 463717

Drako

Drako
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Jjjjaaaaaaa... Ya era hora Terry. De poner en su lugar a la frentona,muy buen capitulo... :a Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 355103 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 355103

akasha lunar

akasha lunar
Rosa Blue
Rosa Blue

Esto se pone cada vez mejor, ya ansío el siguiente capitulo.

Gracias

Bleu Moon

Bleu Moon
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Muy lindo Capitulo,
Te sigo Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 4149639568

Drako

Drako
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Omg!! Que capítulo tan emocionante... Ya me estoy comiendo las uñas por dios????????. Está estupenda ????

Rhodb

Rhodb
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Jjeee!! Eso es Terry.. callale la boca a esa vieja Marlowe,se lo merese.. está historia ya me atrapó esta fascinante.😍😊Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 162544 Te sigo

Enviado desde Topic'it

Maya AC


Capullo de Rosa
Capullo de Rosa

Hola ...me encanta la historia. ..Jajaja .. es realmente fascinante leerla....

Maya AC


Capullo de Rosa
Capullo de Rosa

Jajaja estoy intrigadisima!!! Quiero saber que más piensa hacer Terry. ...

cary

cary
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

Hayyy el.propio Terry ya está moviendo los hilos para poder cambiar las cosas que bueno que le dijo unas cuantas verdades a la mamá de Susana se verdad que se las merece

Ojalá que el encuentro con la pecosa también se diferente


Te sigo al siguiente

Letty0

Letty0
Rosa Negra
Rosa Negra

Asi es mi hermoso rebelde No te dejes ????  cayake la boca a esa vieja Marlow


OMG ya me quedé sin uñas de la emocion... Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 746140



Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 4214690763 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 4214690763 p

Letty0

Letty0
Rosa Negra
Rosa Negra

OMG ESTO  ERA LO DEBIÓ HABER SIDO..????

ESTOY SUPER EMOCIONADA ..K BIEN K NO SE DEJÓ DE ESA VIEJA VIVORA????????




Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 189452 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 189452 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 189452 Desde la Fundación K-G, AMAZONAS DE TERRY, FANFIC "Besos del pasado", Cap 2 189452

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