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Divinas Místicas concluyen sus historias en esta ocasión Psquie con Amor Propio Capítulo VIII

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Adry Grandchester

Adry Grandchester
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Divinas Místicas concluyen sus historias en esta ocasión Psquie con Amor Propio Capítulo VIII Amor_p21

Portada elaborada por la Divina Mist/Byul Hye



Amor Propio
Capítulo VIII Dolor



Annie Britter se encontraba en su habitación, desde el incidente con Terry se negó a hablar, evadía las preguntas de su madre, mientras que no soportaba la reservada presencia de su padre, quien a pesar de que no la cuestionaba, le dedicaba unas miradas que no sabía cómo interpretar, tal vez eran de compasión, preocupación o enojo, no deseaba averiguar, estaba ensimismada con sus pensamientos.

Habían pasado dos meses, casi tres desde aquella ocasión en que vio a Archie con Candy en una situación por demás comprometedora, pero lo peor fue leer el diario de su novio, confirmar que él nunca dejó de amar a su prima, que todo el tiempo que llevaban de relación no era más que una farsa, cada vez que recordaba lo leído su corazón se oprimía, a la vez que la furia recorría todo su ser.

Estaba consciente de que si Archie era su novio se lo debía a su casi hermana, desde que por desesperación impidió que el apuesto joven confesara sus sentimientos a Candy cuando estudiaban en el Real Colegio San Pablo, de ahí todo cambió, confiada de que con ternura, paciencia y amor podría conquistar el corazón del menor de los Cornwell, pero ahora no dejaba de preguntarse qué habría pasado si él, le hubiera declarado su amor a la rubia, tal vez hubiese sido mejor, a tener que desengañarse de esa manera, se repetía constantemente.

Por mucho tiempo luchó para quitarse los atisbos de envidia y celos que le provocaba su hermana, por un momento pensó en lo que repetía Elisa Leagan ¿Qué tiene esa Candy que todos los hombres Ardlay la aman? Recordó cómo también en el Hogar de Ponny las maestras la preferían, incluso el hijo de un Duque se había prendado de ella. Siempre contenta, feliz, sonriendo dando a la vida la mejor de sus caras, compasiva a grado de parecer tonta, ¡Bah! ¿Con qué afán hacía todo eso? Si finalmente era una sucia traidora.

¿Qué había hecho Candy para que todos la amaran? Ser buena, ella también lo era, por lo menos trataba de serlo, ¿Compasiva? ¿Qué era ser compasiva? ¿Dejar al amor de tu vida a otra? ¡No! ¡Entonces ella no era compasiva! Desde que fue adoptada se afanó en prepararse para ser una dama respetable de la que Archie se sintiera orgulloso y no recordara su origen de orfandad.

Poco a poco los ojos azules de la castaña se iban llenando de lágrimas, el dolor de la traición por los dos seres más importantes de su vida invadía su corazón de fuertes punzadas que le rasgaban el alma, sentada en su cama apretaba el pañuelo mojado, no dejaba de evocar los pocos momentos en los que estuvo a solas con Archie, la sensación de sentirse amada cuando la besaba, la urgencia de sus sentidos exacerbados que cosquilleaban su piel ante la ansiedad por convertirse en mujer en los brazos de ese joven, para después calmar sus anhelos ante la repentina frialdad del chico, que se escudaba en el pudor de ella.

Ahora entendía por qué su novio siempre detenía el candor y la pasión de sus besos, por qué no quería que estuvieran a solas ¡Claro era por Candy! ¡Ya se revolcaba con ella desde entonces! El dolor era rebasado por la rabia de sentirse engañada, hasta cierto punto despreciada.

La frustración le hacía sentirse miserable, de qué le había servido tratar de ser perfecta se repetía mientras se deslizaba al piso, su llanto se detenía por momentos, creía que ya no podría llorar más que sus lágrimas estaban agotadas —Parece mentira que puedas amar tanto y al mismo tiempo odiar así, ¿Por qué nadie me ha valorado? Si lo único que he querido es amar y fuiste tú, Archie a quien todo, absolutamente todo en mi vida se lo ofrecí, mi ternura, mi ilusión, mis deseos de vivir, íntegramente fue para ti, pero no lo has querido, que triste es tener todo y no poderlo entregar porque ¡Siempre fue Candy! —Murmuraba la chica para volver a llorar con mayor intensidad.

¡Ahora todo se ha terminado! No sé por dónde ir, no puedo creer que no estaré más con… ¡Candy, Candy, Candy!… ¡Basta! Todo el amor que sentía por ti se rompió en pedazos ¿Por qué tú? Si eras para mí el único ser que consideraba de mi familia, a quien podía contar todo sin ser juzgada, a ti acudía en mis momentos difíciles, ¿Por qué? ¡Si lo acepto, siempre te he tenido envidia, celos! Pero ¡No más! ¡Esta vez serán ustedes los que sufran! Fueron ustedes los que acabaron con mis sentimientos más nobles, ¡No! ¡Yo no soy como tu Candy! Yo si me vengaré —Con voz más grave decía la castaña renovando su coraje para ponerse de pie, limpiar su cara bruscamente, ya que después de la carta que le escribió a su ex novio, tenía varias cosas que hacer. En eso estaba cuando tocaron a su puerta.

En la mansión Ardlay, a pesar de ser temprano, Archie se quedó en su habitación, no bajaría a cenar, al día siguiente se disculparía, pero con todo el bullicio por la fiesta no lo creía necesario, estaba preocupado caminaba por toda la recamara, leía y releía la carta recibida esa mañana…
“…Querido Archibal
Si, querido Archibal, leíste bien. Ante todo soy una dama y como tal sé comportarme, ¡Claro! Que de haber sabido que no te gustaban las damas y buscabas una… mejor ni mencionarlo. Después de la traición de la que fui objeto por ti y por Candy, no pensarás que lo dejaré pasar, ¿Verdad? ¡Disculpame no soy tu adorada Candy! Así que se arrepentirán de lo que me hicieron y para mi venganza utilizaré tu diario ¡Si, tu diario! No sabes la repugnancia que me causó leer tus más bajos instintos, que obvio los has desahogado con esa. Pero finalmente me servirá, no tardarás en tener noticias mías. ¡Ah! Y no te sorprendas todo el amor que alguna vez te di ahora es odio, así que espero que el amor de tu Candy te ayude a salir de esta.

Annie Britter…”

No podía creer que su ex novia tuviera tanto rencor acumulado para Candy, más, que quisiera hacerle daño. Pero lo que más le preocupaba, incluso estaba aterrado era que su prometida se enterara de todo y diera por terminado su compromiso. No sabía qué hacer, si tan solo conociera los planes de Annie pudiera hacer algo, pero no tenía ni la más remota idea de qué haría la que fuera su novia.

De darse a conocer su diario todo mundo sabría sus más íntimos secretos, la pasión desbocada que sentía por la rubia, pero sobre todo quedaría en entre dicho la reputación de su prima, se preguntaba ¿Cuántos creerían en primer lugar que eran sus sueños escritos al despertar? ¿Qué haría Albert, la tía abuela? ¡Stear, Stear!, cómo le hacía falta su hermano, le urgía que llegara para hablar con él, pero éste llegaría en la mañana. — ¡Dios! ¿Qué haré? Se cuestionaba el chico, mientras estrujaba nuevamente la carta de Annie.

Pensó en hablar con Albert, pero sabría que, de hacerlo, él cancelaría la boda inmediatamente a sabiendas de que ese era el motivo por lo que se habían comprometido. No, esa no era una opción. Su tía abuela, tampoco, utilizaría las circunstancias para desprestigiar a Candy, haciendo a los Leagan como siempre sus aliados. — ¿Quién?, ¿Quién podría ayudarlo? Se repetía constantemente ante un dejo de desolación que cernía su mente.

Alistear Cornwell hacía prácticas de sus nuevos inventos en Florida, sin la presión de la tía abuela, quien después de su intento por ir a la guerra no lo dejaba solo a sol y a sombra. Gracias a la intervención de Albert lo dejó en paz, situación que él aprovechó para no separarse de Patricia Obrien, su novia. Ambos se dedicaban a lo que les apasionaba, las ciencias, con la compañía de la abuela de la joven el tiempo que llevaba en ese lugar lo habían despejado de su afán por enrolarse.

A pesar de que todos los miembros de la familia buscaron de mil formas convencer al chico de no ir a la guerra, ninguno tuvo suerte. Fue Albert, quién lo persuadió de que era más útil inventando cosas que pusieran fin al conflicto bélico, que ir al frente de batalla. Stear ahora agradecía a su tío abuelo el haberlo orientado, entendía que podía hacer más por su país ahí fabricando artefactos que perecer al otro lado del mundo. Tenía la oportunidad de realizar un sinfín de cosas financiado por los fideicomisos de los Ardlay.

Nunca dejó de tener comunicación con su hermano menor en el tiempo que llevaba fuera de Lakewood él iba por temporadas a verlo, o Archie viajaba a Florida. Siempre inseparables, aunque para el menor de ellos fue difícil adaptarse entendió que prefería ir a otro estado a tener el alma en un hilo pensando en que le pudiera suceder algo a Stear, así que ambos ya sea por carta o personalmente estaban al tanto de sus vidas.

Cuando se enteró del vínculo matrimonial de su hermano con Candy, muchas dudas llegaron a su mente, mismas que a través de carta las hizo a su hermano, pero él sólo le respondía que lo único que tendría que hacer es estar feliz por su matrimonio. Stear sorprendido en primer lugar porque Archie no le había dicho nada y, en segundo lugar, porque por todos era sabido que su prima seguía enamorada de Terry, así que sus dudas no las aclararía hasta hablar con Archie. Debido a lo prematuro del compromiso, no pudo viajar de inmediato, tenía varios asuntos pendientes en Florida antes de ir a Lakewood, aun así, hizo lo posible por llegar una noche antes de la fiesta y no por la mañana como le comentó a su familia anteriormente.

Albert esperaba con ansia que la conversación entre Terry y Candy tuviera los resultados esperados, atento se mantenía en su despacho hablando con George, quién a pesar de sus investigaciones tampoco obtuvo información, pareciera que lo acontecido entre esos tres solamente lo sabían ellos. Comentaba también la idea de un posible embarazo propagada por Elisa, quien se encargó de comentarlo a todo aquel que quisiera escucharla, Neal por el contrario estaba receloso por el bendito enlace, no aceptaba que la huérfana, cómo él le llamaba, hubiese consentido casarse con Archie y no con él, después de que la tía abuela aprobara su compromiso, mismo que el propio Williams canceló, eso ponía al chico fúrico en contra del patriarca, por ello accedió a involucrarse en los negocios de su padre con el objetivo de dejar de depender de los Ardlay, así como demostrar que se habían equivocado con él, lograría encumbrar a su familia por él mismo y ser el mejor partido para la heredera del tío abuelo.

Tanto el magnate como su mano derecha pensaban que habían sido los hermanitos Leagan los culpables, pero no, ellos por esta ocasión no tenían nada que ver. Para George Johnson también fue imposible hablar con Annie Britter, además la secrecía de los tres chicos era inquebrantable.

En la cabaña Candy quedó petrificada, no quería voltear, era demasiado para ella, su corazón latía a mil por hora, un temblor recorría todo su cuerpo, las piernas no le respondían al querer dar un paso, el aroma característico del joven actor impregnaba sus sentidos, se desvanecería en cualquier momento. Terry que la observaba, también estático, quería acercarse, volver a tomarla por su cintura, como aquél día en que la dejó partir, pero no sabía la reacción de su pecosa, así que guardó silencio.

Los segundos se hicieron eternos, hasta que fue Terry quien habló — ¡Candy! ¿No dirás nada? He esperado tanto tiempo para mirar de nuevo tus ojos, ¡Por favor voltea! La voz grave, profunda del joven atravesaba los oídos de la rubia, quien aún se encontraba pasmada, aunque hubiese querido, no podía volverse a ver al castaño, su cuerpo no le respondía, además ya sus ojos estaban cegados por gruesas gotas que amenazaban por salir, intentó hablar, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta.

Terry se acercó lentamente a ella, la tomó por los hombros para hacer que volteara, Candy se dejó llevar, no opuso resistencia, por el contrario, también anhelaba mirarse otra vez en esos ojos azul profundo que la seguían transportando a la inmensidad del mar, a aquellos tiempos en los que soñaba con una vida junto a ese chico engreído. Cuando las miradas se encontraron una sensación de paz y anhelo se filtró por el cuerpo de los dos, que, sin decir nada sólo mantuvieron la mirada hasta que él la abrazó fuertemente cerrando sus parpados que para ese instante sus espesas pestañas se encontraban húmedas por las lágrimas anidadas que se negaba a dejarlas brotar libremente.

Ella correspondió al abrazo por un momento no existía nada más, sólo la placentera seguridad que le representaban esos fuertes y varoniles brazos, la embriaguez de sus sentidos por el aroma de él. Para ambos, era tan sencillo dejarse llevar por sus sentimientos, eran tan fácil no decirse nada para comunicarse con los silencios de sus almas que romper el momento para los dos fue difícil, pero fue la rubia, quien reaccionó apartándolo suavemente para preguntar con la voz temblorosa y limpiando suavemente su cara — ¡Terry! ¿Qué haces aquí? ¿Quién te permitió entrar?

El joven que mantenía en sus dedos los risos de la chica mostró una sonrisa de medio lado respondiendo — ¡Valla! ¡Ya se me había olvidado lo pecosa entrometida que eres! —Soltando tremenda carcajada mientras observaba la cara de ella ruborizada — ¡Por lo que veo a ti tampoco se te ha quitado lo engreído ehh! —Contestó con su risa cantarina, que desembocó en las risas conjuntas como tiempo atrás.

— ¡Vamos, Candy! Tenemos que platicar mucho, hay tantas cosas que quiero saber e imagino por tus preguntas que tú también, ven sentémonos —Propuso el actor extendiendo la mano a la chica, quien la tomó para dirigirse al comedor. — ¡Vaya! Sí que te esmeraste en la cena —Comentó la ojiverde — ¡Que va! Todo esto se lo debemos a Albert y ahí te contesto tu segunda pregunta —Respondió él guiñando el ojo derecho para retirar la silla detrás de ella

Ambos cenaron envueltos en una plática cordial, abordando temas superfluos hasta que ella no pudo más y le cuestionó bajando la mirada al plato de pastel de chocolate, que hasta el momento sólo había probado una pequeña porción — ¿Y Susana? ¿Cómo está? Terry tomó la servilleta limpió la comisura de sus labios para responder levantándose de la mesa e invitar a Candy a hacer lo mismo —A eso me refería al decirte que tengo muchas cosas que comentarte, pero antes de eso quiero saber algo arguyó el castaño mirando fijamente a la rubia, mientras se sentaban en la sala, donde la chimenea proporcionaba un agradable calor.

— ¿Es verdad que te vas a casar con el elegante? Dijo sin más preámbulos. Ella sin decir nada se puso de pie para darle la espalda y contestar — ¡Sí! Es más que obvio, seguramente te lo comentó Albert, imagino que te invitó a la recepción que es mañana, por eso estás aquí. Lo que me extraña es que no hayas traído a tu prometida. — ¡Te contaré eso! Pero antes dime ¿Amas a Archie? —Rebatió él — ¿Por qué me preguntas eso? Está claro dado que me voy a casar ¿No? Refutó ella — ¡Eso no contesta mi pregunta, Candy! —Riño el actor

—Creo que eso ya no es de tu incumbencia Terry, tu estas con Susana y bueno, ya nos vimos, nos pusimos al día en nuestras vidas, creo que debo irme —Argullo la chica nerviosamente — ¿Irte? ¡No, Candy! Tú no saldarás de aquí hasta que me mires a los ojos y me digas que amas a ese galancete, que me has olvidado —Objetó el apuesto joven tomándola del brazo con un dejo de brusquedad — ¡Suéltame! Dije que me tengo que ir, estoy comprometida y no es correcto que yo esté aquí sola contigo —Riño ella, zafándose del agarre para dirigirse a la puerta

Él no estaba dispuesto a dejarla ir, tenía que saber la verdad que le corroía el corazón, los celos hicieron acto de presencia que había controlado desde la cena, así que antes de que ella tomara la perilla de la puerta Cuestionó — ¿Entonces es verdad Candy? Me has olvidado, has encontrado en los brazos de Archie el consuelo que necesitabas, que tus amores ilícitos te han llevado a éste matrimonio porque en algunos meses no podrás ocultar el producto de ellos —

La chica sorprendida por lo que Terry le dijo, hecha una furia regresó sobre sus pasos para propinarle una bofetada, pero los movimientos de él fueron más rápidos, impidiendo con su mano que la palma de la rubia se estampara contra su rostro —¡No, Candy! Eso no es necesario, sólo tienes que decirlo y listo ¿Cuál es el problema? ¡Tienes que defender a tu amorcito! ¿No? ¿Entonces? ¡Contesta! —Increpó el castaño dejándose llevar por sus celos para luego tomarla de la cintura y apoderarse de sus labios salvajemente, quería imprimir en ella todo el dolor que sentía, su frustración al saberla quizá de otro, la necesidad de no soltarla jamás, pero, sobre todo de hacerle saber que para él nada había cambiado, la seguía amando con todo su ser, ese ser que no había encontrado sosiego desde aquélla separación

Candy luchó para zafarse, pero no podía, su fuerza era descomunal, terminando por ceder a ese beso que al principio fue bestial, pero que deseaba desde que lo había visto limpiándose esos labios sensuales que la atraían inevitablemente. Ambos comenzaron a disfrutar del momento, sin embargo, el joven la soltó para tomarle el rostro y pegar su frente a la de ella para murmurar — ¡Sólo dímelo pecosa! No me importa que hayas sido de otro, no me importa nada —Murmuraba él mientras pensaba en estar juntos y no separarse nunca más.

Ella sintió una punzada que le atravesaba el pecho, sí era cierto que su situación con Archie era más por precaución que por amor, después de todo su prometido la había respetado, en qué se basaba Terry para decir eso, no lo entendía, pero la decepción se notó en su rostro, amaba a ese hombre, tanto que prefirió dejarlo para que no sufriera, pero él ¿Qué era lo pensaba de ella? ¿Acaso en tal mal concepto la tenía?

Las expresiones de la chica fueron cambiando de acuerdo a sus emociones, primero fueron de incredulidad, después de dolor para finalmente ser de enojo con los ojos fieros miró al actor para decirle —Según tu percepción de las cosas yo he cambiado tanto como para ser cómo tú crees, pero es algo que no voy a discutir y menos contigo. Si me caso por el motivo que sea es asunto mío, pero en algo tienes razón Terry, si he cambiado bastante desde la última vez que nos vimos.
—Proseguía con voz trémula —En contra de mi destino me hice más fuerte, independiente para sentirme bien conmigo misma, para olvidar que dejé mis sueños en las escaleras de un hospital, mientras el hombre que amaba se había decidido por otra mujer, que me dejó ir sola bajo la nieve, que, a pesar de no querer perderme, nunca tuvo la confianza para decirme lo que estaba pasando, que sólo con un abrazo por la espalda pensó que era suficiente, que no tuvo el valor para negarse a cargar a una mujer que no amaba y decir que tenía novia… —Entre sollozos Candy iba sacando toda la frustración que tenía guardada

La furia que momentos antes expresaba el apuesto joven con todo lo que decía la chica se había disipado, ahora con la mirada ausente, veía sin ver la cara de la muchacha, quién continuaba diciendo — ¿Y ahora qué Terry? Vienes a preguntarme el por qué me voy a casar, cuando yo me enteré de tu compromiso por la prensa y por una carta que tu querida prometida me mandó burlándose de mí. ¿Sabes cómo me sentí? Quería gritar, encerrarme a llorar, quería borrar tu recuerdo en mil pedazos, olvidar todo para tener la fuerza de volver a empezar.

Como puedes ver tus preguntas están de más ¿No crees? Ahora yo haré mi vida, te guste o no, al igual que yo dejé que hicieras la tuya me gustara o no. Es mejor que te vayas, tu prometida te espera —Concluía la rubia para dirigirse nuevamente a la puerta

Como despertado por una alarma Terry le cercó el paso, para decirle —No tengo más prometida Candy —Decía, pero fue interrumpido por la joven que no había bajado la guardia — ¡Si tienes o no compromiso, ya no me importa Terry! No tiene sentido que sigamos hablando vete por favor. Pero el castaño no se apartaba del camino — ¡No! No me has contestado lo que te pregunté por favor pecosa dime ¿Amas a Archie? —Dijo acercándose más a la joven, pero ella lo apartó, su pregunta le molestó más

—¿Eso qué importancia tiene? Terry —Respondió ella todavía molesta conteniendo los sollozos —Regresa a Nueva York con Susana y olvidémonos, recuerda que acordamos ser felices —Pero, ¡Candy! — ¡Pero nada Terence! —Increpó la chica con mirada desafiante.

La forma en la que lo miraba y la manera de responder hicieron creer al castaño que todo era cierto, ella ya no lo amaba, que la había perdido, de nada sirvió su plan para alejarse de las Marlow, pensaba esto mientras el dolor, la frustración y el coraje emergían de nuevo en el actor haciendo florecer de nuevo su carácter rebelde e indomable — ¡Cierto es entonces! Muy bien señorita Ardlay tiene razón, no tenemos nada más que hablar, como siempre tiene la última palabra, como aquella vez en Broadway, donde fue usted quien decidió que todo terminara, sin darme la oportunidad de nada, de hablar, de valorar la situación, de buscar alguna solución juntos, no le importó que al irse despedazara mi vida dejándome solo, al acecho de unas arpías —Reparó él con el ceño fruncido, la mirada fría y la voz gélida.

— ¡Claro! Si acaso pensé que usted era la única persona a la que le había importado, no fue así, incluso cuando intenté llevarte a la estación de tren, no quisiste, huiste, te fuiste de mí y sin mirar hacia atrás. Tampoco a ti te importó todo lo que padecí desde ese día, en lo que me convertí, hasta dónde tuve que caer, pero yo en mi loco inconsciente a pesar de haber dado mi promesa de quedarme al lado de una mujer que no era más que una compañera de trabajo no pude sacarte de mi corazón, con tu partida te lo llevaste, así como también, mi inspiración para actuar, no tenía a la musa que llenaba mis sueños, por la que me esforcé para que se sintiera orgullosa de mí, que logré mi posición sin ayuda de nadie, todo para ella y solo por ella, todo no tuvo sentido, me dejé llevar por el alcoholismo, dejé todo eso que construí para nosotros. Pero es obvio que no te interesó, simplemente buscaste olvidar, volverte en esta mujer fría, mientras yo me sumía en la desesperación —Proseguía él con un nudo en la garganta que le provocaba emitir una voz más grave.

— ¡Si, Candy! Cuando té esforzabas por olvidarme, yo no podía sacarte de mi mente, para mí todo perdió sentido, no tenía fuerzas para continuar, en el hoyo en el que me encontraba, trabajaba en Rockstown en un teatro ambulante de mala muerte ¡Si, yo! ¡El famoso Terence Graham! ¡La promesa de Broadway! Actuaba ebrio sólo para tener dinero y mantenerme embriagado para no sentir, para adormecer mi amor frustrado, el infortunio que me rodeo durante toda mi vida, pero hasta en esos momentos lo único que me mantenía vivo era tu recuerdo, el tal vez, algún día… —Decía con la voz ya un tanto apagada.

Dándose la espalda, continuo — ¡En tanto que tú…! Así como estaba en mi alucinada mente creí verte, en ese momento la pena de que mi pecosa me viera en esas condiciones hizo que despertara de mi letargo, tomara el valor para enfrentar mi destino ¡Tú, siempre tú! Habías sido el motor que inspiró mi vida a partir de que te conocí ¡Bah! ¡Estupideces mías! Vete Candy, tienes razón, ya no tiene caso aclarar nada, los dos tenemos fracturada el alma, pero al menos tú, si pudiste olvidarme —Concluía él, sin voltear, mirando a el fuego que ardía en la chimenea. Para ella todo era llanto, que ya no quiso detener, nunca había pensado en todo lo que pasó Terry, sin poder evitarlo rebatió —¡Nunca me avergoncé de ti! ¡Siempre supe que saldrías adelante!

Terence de inmediato se volvió para mirarla sorprendido y preguntó — ¿Me viste? ¿Quieres decir que no estaba alucinando? — ¡Sí! —Contestó ella. Él recordó por un momento la imagen que tenía, la vergüenza y la ira brotaron como cual río desbordado tomándola de los brazos para sacudirla preguntándole — ¿Me viste así y me dejaste ahí? ¡Maldición Candy! Todo hubiera imaginado menos que tú la buena, la benevolente, que ayudas a las personas, que para todos tienes caridad ¿Te importé tan poco para dejarme ahí? ¡Era una piltrafa humana, Candy! No lo puedo creer yo volviéndome loco por ti, en tanto que tú no tuviste un poco de piedad, ya no digo amor, tan solo humanidad para tenderle la mano a un viejo amigo ¡Carajo! ¿Qué estuve pensando todos estos años? —Maldijo soltando abruptamente a la rubia.

Ella no sabía que decir, no obstante, se acercó a él para decirle — ¡No, Terry! No es así, déjame explicarte. Pero el chico impidió su avance ¡Vete Candy! Evitame la molestia de sacarte. No cabe duda, que lo estúpido no se me quitará. — ¡Pe…! — ¡Vete! —Gritó el actor saliendo de la cabaña. Ella intentó seguirlo, pero se arrepintió y se fue corriendo hacía la mansión, mientras se decía —Si no me acerqué fue porque tenía que cumplir mi promesa de no verte, sabía que de hacerlo ya no podría dejarte ir jamás.

Stear que iba llegando observó cómo la joven corría llorando, le gritó, pero ella no lo escuchó. El chico observó una luz que provenía de la cabaña, preguntándose quién estaba ahí, encaminándose en esa dirección, estaba a punto de entrar cuando percibió el humo de cigarro proveniente de entre los árboles, al acercarse se dio cuenta de que era Terry. Fue entonces que entendió porque su prima iba a toda prisa. Sin más le gritó — ¡Terry, amigo! ¡Pero qué gusto! ¡Hace tanto tiempo! Dame un abrazo —Decía al tiempo que abrazaba efusivamente al castaño, quien a pesar de estar todavía alterado respondió cortésmente al saludo de su ex compañero de colegio.

Así como era Stear comenzó a platicar con el actor recordando los tiempos vividos, no se cansaba de agradecerle a pesar del paso del tiempo que le permitiera volar aquél avión durante las vacaciones en Escocia, la charla se prolongó, así que a Terry no le quedó otra más que invitarlo a pasar a la cabaña para continuar hablando con mayor comodidad. Fue ahí cuando el mayor de los Cornwell aprovechando que entraron en confianza le cuestionó tímidamente a su amigo, no se le olvidaba el fuerte carácter del inglés — ¿Terry, imagino que ya sabes el compromiso entre mi hermano y Candy? — ¡Si Stear, lo sé! Pero no te preocupes, si piensas que haré algo para impedirlo, estate tranquilo, no haré nada —Reconoció el castaño con cierto tono de fastidio.

El inventor reaccionó — ¡No Terry! Yo no lo digo por eso, sino porque quiero preguntarte si a ti no te parece extraño ese compromiso, todo mundo sabemos el amor que existe entre ustedes, así como que su separación no fue algo que los dos hubiesen querido. El actor levantó una ceja examinando la franqueza de su interlocutor para después inquirir — ¿Por qué piensas eso Stear? Ya somos tres los que pensamos lo mismo, tu, Albert y yo —Y George, recuerda que el tío abuelo no da un paso sin que su segundo a bordo lo sepa —Repuso el inventor

Sin proponérselo Terry relató todo lo que había pasado desde la separación de su novia, así como todo lo que hizo para regresar por ella, incluyendo el hecho de que rompió su compromiso con Susana, le comentó que no podía atarse a una mujer que no amaba. Además de la discusión que recientemente tuvo con la rubia. Stear no daba crédito a tantos malos entendidos, por lo que estaba decidido a ayudar a su amigo, pero sobre todo a su hermano para evitar que cometiera un error al casarse por un motivo equivocado, pensaba que de realizarse ese matrimonio tanto él como Candy serían infelices, ella porque nunca llegaría a amarlo y él porque no podría soportar la compañía ausente de la que sería su esposa. Después de la media noche terminó la charla, sin embargo, al salir de la cabaña Stear dijo a Terry — ¡Hablaré con Archie! Para saber qué pasó, pero tú tienes que prometer que te tranquilizarás, así no lograrás nada, menos tratándose de Candy —Concluyó

Alistear se dirigió de inmediato a la habitación de su hermano era muy importante saber cuál era el motivo por el que tenían que casarse él y su prima, no le preocupaba esperar a Patty, ya que ella se encontraba en casa de Annie Briter, quien le mandó un telegrama, diciéndole que tenía urgencia de hablar con ella, tal vez, sería su novia la que se enteraría primero de los acontecimientos que orillaron a ese enlace de voz de una de las protagonistas de ese enredo. Lo que Stear no observó era que Neal Leagan percatándose de su reunión con el actor estuvo merodeando alrededor de la cabaña y había escuchado parte de la conversación.

El mayor de los Cornwel no se equivocaba, en ese momento Annie de nuevo en un mar de lágrimas le contaba a la chica Obrien la traición de su ex novio y su hermana. Patty fue la única persona que accedió a recibir, así que no le extraño cuando tocaron a su puerta. La joven de anteojos no daba crédito a lo que le contaba su amiga, cualquier cosa se podía esperar, menos que Candy la hubiese traicionado, si siempre la cuidaba, tampoco creía que las cosas hubieran pasado como se lo explicaba la pelinegra, no fue hasta que le mostró el diario y le explicó la situación comprometedora en que los encontró que Patricia horrorizada abrazó a su compañera de colegio para decirle lo más dulce y comprensivamente — ¡Cálmate Annie! Sé que es difícil la situación por la que estás pasando, pero si no te calmas enfermarás — ¡Eso quisiera, en verdad! No tienes idea de cómo me siento —Repuso la castaña

— ¡Ohh Patty! —Sollozó otra vez al tiempo que se abrazaba con mayor fuerza a la joven de lentes para separarse después y con la voz entrecortada decir —Esto que me ha sucedido no se lo deseo a nadie, me siento humillada, lastimada, herida, además… No pudo seguir porque sentía que se ahogaba, tapándose la cara con las manos reanudó la plática con los ojos tremendamente inflamados —Además me siento despreciada como mujer, creo que no soy lo suficiente femenina para hacer que un hombre me ame, yo, yo… estaba dispuesta a perder mi virtud si Archie me lo hubiera pedido, pero ni aún insinuándome él no me hizo caso, como mujer que le ofrecía su virtud me despreció ¿Entiendes ahora cómo me siento? —

Patricia no alcanzaba a comprender ese amor que por momentos le parecía obsesión, ella amaba a su novio, él siempre la había respetado, pero nunca la había rechazado, al contrario, era él quién tenía la fuerza de voluntad para detener sus avances a tiempo. De tan solo pensar en la vergüenza que pasaría si la despreciara su corazón se encogía. Fue en ese instante en que comprendió lo que Annie le decía, pero a tiempo creía que Archie se portó como un caballero al no hacer algo que dañara la reputación de la joven.

— ¡Annie! —Dijo en tono comprensivo, puedo imaginar lo que sientes, pero ¿Estás segura de haber visto eso? Debe haber una explicación, creo que debes hablar por lo menos con Candy —Conminó a su amiga — ¡Ni loca haría eso! Increpó la castaña —Pero ¡Es tu mejor amiga, casi tu hermana! Debe existir un por qué de lo que viste —Decía la chica Obrien — ¡No Patty! ¡Una hermana no hace eso, respeta ante todo la amistad, el cariño! Y eso no le importó a ella, por el contrario ¡Le confesó que lo ama, yo lo escuché! —Reprocho nuevamente Annie.

— ¿Entonces qué harás? —Inquirió nuevamente la joven de lentes — ¡Me vengaré! Esos dos se arrepentirán de haberme dañado tanto y gracias ellos yo sea la mujer más desdichada —Terminó por decir Annie

Al salir de la casa de los Britter, Patricia estaba intranquila se hospedaría en la mansión Ardlay, asistiría a la fiesta de compromiso ¿Cómo vería a Candy? También era su amiga. No sabía qué hacer, así que lo primero que hizo fue con su abuela Martha para pedirle consejo. La anciana le recomendó que hablara con la rubia, seguramente todo se trataba de un mal entendido.

Así lo hizo, fue a la habitación de la única compañía sincera que encontró en sus años de colegio. Cuando Candy la vio, corrió a abrazarla, la quería mucho y al ser novia de Stear la convivencia era más estrecha.  Las chicas platicaron alegremente, hasta que la rubia se quedó callada — ¿Qué pasa, estás bien? —Cuestionó Patty — ¡Sí! Es solo que no he podido hablar con Annie y eso me tiene muy mal, además acabo de ver a Terry, todo me hace sentir mal últimamente —Respondió

—No quiero mentirte Candy, vengo de hablar con Annie y está muy dolida, piensa que la traicionaste, aunque yo le dije que hablara contigo se niega, dice que te vio con Archie en una situación muy comprometedora y en lo único que piensa es en vengarse —Comentó Patty omitiendo mencionar lo del diario — ¡Lo sé! Intenté hablar con ella, pero se negó, sé que cometí un error, pero no fue intencional ¡Lo juro! —Reconoció la joven —Pero ¿Entonces qué pasó? Tal vez todavía haya solución —Se apresuró a indicar la chica de lentes — ¡No Patty! ¡No hay nada que hacer, todo está dicho, me casaré y nos iremos lejos! —Dijo tristemente la ojiverde.

Patricia estaba entre la espada y la pared, no quería lastimar a Candy contándole todo lo que su próximo esposo tenía escrito en su diario, tampoco quería que Annie les hiciera daño, así que un tanto desesperada volvió a preguntar —Candy, por favor dime ¿Qué pasó? ¿Por qué Annie dice haberte visto en una situación muy comprometedora con su entonces novio? Creo que si me lo cuentas podré comprenderte mejor e interceder para que puedan hablar ustedes dos.

La pecosa suspiró con el color carmesí en su rostro comenzó a contarle a su amiga —Patty, no sé realmente qué pasó, en esos días me acababa de enterar por el periódico que Terry se casaría con Susana, estaba deprimida, pero aun así trate de ser fuerte, de guardar en lo profundo de mi alma mi dolor, ocupándome al cien por ciento en el trabajo, hasta que me llegó una carta de Susana Marlow en la que me restregaba su amor por Terry e indicándome que ella lo amaría por las dos, eso me hizo dar cuenta de que me engañó, le creí todo su supuesto amor por él, sin tomar en cuenta de que era actriz, jactándose de mi regreso sola, sus líneas, aunque breves me lastimaron, sentí que se burlaba de mí —Expresaba Candy  que al recordar volvía a sentirse impotente.

Con la mirada clavada en un punto fijo reanudó su relato —Buscaba qué hacer para no pensar, hablé con Albert para ayudarlo en lo que pudiera, pero me dijo que mejor me pusiera a revisar el ático, que todo lo que estaba ahí podría utilizarlo para el Hogar de Ponny si me servía, así lo hice, pero no dejaba de pensar en Terry, me consumían los celos al imaginarlo con Susana, me dolía el hecho de que me hubiese olvidado, no dejaba de reprocharme lo tonta que fui —Dijo la rubia, mientras a su mente venían las imágenes de ese día.

—Si tuviera la oportunidad de hacer las cosas de forma diferente, habría aprovechado cada momento a tu lado, si de todas formas terminaríamos así separados y yo con este vacío en el pecho que amenaza con absorberme por completo, dejando tan solo el cascarón de lo que en realidad soy —

El primer trago le quemaba la garganta, casi quería escupirlo — ¿Cómo es que puedes tomar esto? ¡No lo entiendo! Pero de igual forma ahora creo que nunca te he entendido realmente —La joven sentía como el líquido ingerido le empezaba a calentar su cuerpo y sus pensamientos se volvieron más y más confusos —Tal vez debo beber más para pensar como tú, para sentir como tú, que, puedo seguir con mi vida y ser feliz sin ti— Tenía la necesidad de desahogarse, de sentirse cerca de él, aunque fuera de esa manera, así que rápidamente empujó otro trago.
— ¡Salud! Brindo por tu felicidad Terry, que bien que al fin se cumplirá esa promesa, realmente eres un honorable caballero inglés, un hombre cabal que cumple su palabra — El sentido del honor jamás le había sabido tan amargo, quería llorar, pero no se lo permitió ¿Cuál era el caso de hacerlo ahora? Se arremangó las mangas y puso manos a la obra, había mucho que escombrar en ese lugar e inexplicablemente ya se sentía de mejor humor.

— ¡Esto está muy bien! Seguro los chicos del hogar se divertirán bastante, ¡Hay tantas cosas! —Hablaba Candy consigo misma al ir descubriendo valiosos tesoros entre los objetos descartados por los Ardlay. Pequeños juguetes, retazos de telas y todo un baúl lleno de disfraces, capas y vestidos — ¡Qué divertido!, Podremos organizar muchos juegos —Decía aplaudiendo, dando pequeños saltos y riendo, estaba entusiasmada, tenía tiempo que no se sentía tan ligera.

Se escuchaban ruidos provenientes del ático, mismo que era utilizado para guardar cosas viejas, al poner atención escuchó una familiar risa cantarina, sonriente se animó a dirigirse al lugar.

— ¡Estos sombreros son geniales! —Dijo midiéndose un extravagante sombrero de ala ancha con plumas moradas bellamente acomodadas en un lado, se observó en un viejo espejo que había visto sus mejores épocas —Parece que un pobre pato morado se murió en mi cabeza —El reflejo le parecía insoportablemente gracioso se imaginaba a la tía Elroy caminando con su rigidez portando solemnemente ese pato morado que tal vez querría salir volando en cualquier momento y no podía parar de reírse inclinándose hacia adelante hasta terminar de rodillas sintiéndose débil por las delirantes carcajadas, alcanzó la botella y con trabajos vertió un poco más de licor en el vaso está vez llenándolo por completo, ahora entendía la fascinación por el alcohol, la sensación de tener algo nublados los sentidos era rara, pero poder olvidar la situación por la que había empezado a beber en primera instancia podría ser adictiva.

Esa incesante voz que siempre le acompañaba reprochándole sus errores y llenándola de arrepentimiento al fin se había callado. De repente algo llamó su atención una caja blanca largamente olvidada, como en cámara lenta se levantó atraída como polos opuestos de un magneto. Su corazón palpitaba rápidamente al leer la nota en la tapa. Para La Señorita Candice White Ardlay De parte del tío Abuelo Williams, ya sentía la humedad en sus ojos mientras removía la cubierta para sacar el contenido de la caja. Los atuendos, los antifaces de él y ella, sin pensarlo rápidamente tomó el vestido de terciopelo rojo junto con la peluca ahí mismo se desvistió torpemente, dejando su ropa tirada para colocárselos y a su mente llego la tonada de aquél primer baile en la segunda colina de Pony. Quiso borrar la amargura que la había invadido desde que leyera la noticia del compromiso de Terry con Susana y se dejó llevar por la melodía en su mente dando eufóricas vueltas que aunados a las copas que llevaba encima la hicieron girar fuera de control casi habría caído al suelo de no haber sido por la amable mano que la detuvo a tiempo.

— ¡Tenga cuidado princesa Julieta! No quisiera que se hiciera daño antes de nuestro primer baile —De no haber sido por el antifaz cualquiera habría podido ver la palidez en el rostro de Candy al ver frente a ella en impecable traje de Romeo a su interlocutor. — ¿Por qué has tardado tanto en llegar? —Preguntó con un ligero temblor en su voz dándole a saber que le parecía una eternidad desde que estuvieron así.

— ¡Perdón! ¿Me estabas esperando? —No podía ocultar la sorpresa en su voz, estaba valiendo la pena el haberse metido en los ajustados pantalones de Romeo. Al verla girar como una hermosa hada no se había podido resistir a jugar a ser su pareja, aunque fuera como siempre tan solo en sus fantasías, eran su lugar favorito al cual recurría frecuentemente para resguardarse de la realidad que por lealtad a esa dama había elegido honrar. La prefería mil veces de esa manera con tal de tenerla en su vida a la otra alternativa que era perderla para siempre pues sabía que Candy no le perdonaría faltar a su palabra.

— ¡Siempre! —Le regaló una sonrisa que le envolvió el corazón — ¡Ven baila conmigo! —Le invitó tomando su mano — ¡Ahora sí, lo haré bien Terry! Pensaba la rubia — ¡No mencionaré a Anthony! —Se Repetía para sí reflexionando en el extraño comportamiento que su Romeo había tenido en aquél momento, ahora que lo tenía de nueva cuenta frente a ella no desperdiciaría la oportunidad.

Romeo hizo una reverencia tomándola de la mano para empezar la danza a la vieja usanza, como correspondía a la época de su historia de amor, apenas rozando las palmas lo cual representaba una caricia muy atrevida según el decoro de la época y el único contacto que se permitía tener con la bella Julieta sin miedo a perder el control, pero Candy cambio de posiciones para bailar frente a él como ella recordaba que lo hicieran la vez pasada. El joven extrañamente fascinado la siguió y bailaron dando vueltas por toda la habitación pasando por encima del desastre de cosas que había tiradas en bultos que estaban siendo previamente clasificados. El fuerte agarre del joven apuesto y la respiración de este que era cada vez más acelerada le enviaban escalofríos, por momentos le parecía percibir que la mano de él temblaba sobre la suya, distinguió un leve roce que le dio la impresión que él iba a entrelazar sus dedos con los de ella. Ella se llenó aún más de amor por ese joven que intentaba con todas sus fuerzas disfrazar los nervios que lo invadían por la añoranza de tenerse.

Por su parte, Romeo se deleitaba en las sensaciones que le producían la proximidad con Julieta. No era la primera vez que bailaba con ella, sin embargo, muchas cosas se habían suscitado desde entonces y ahora ya no era el mismo chiquillo emocionado por la aventura de conocer a una chica tan diferente a las que estaba acostumbrado. Ahora era un hombre y como tal le estaba costando trabajo mantener bajo control las emociones que se despertaban al tenerla entre sus brazos, no quería hacerse ilusiones, pero esa sonrisa que ella le dedicó realmente lo había descolocado haciendo que su adrenalina corriera perdiéndose ante esa maravillosa ilusión de sentirla suya, no estaba dispuesto a negarse ese placer, aunque fuera pasajero, aunque perteneciera a una más de sus fantasías.

De repente las telas en el suelo se les atoraron en los pies Candy perdió el equilibrio por completo y cayeron al piso rodando entre las telas, vestidos y disfraces que se les enredaron en los cuerpos casi amarrados obligándolos a quedar muy juntos, ella encima de él. Hasta entonces el auto control casi nulo del joven fue derrumbado al sentirla así con su curvilíneo cuerpo de mujer presionándose contra el suyo masculino y firme. Candy cerro los ojos sus palmas abiertas sobre el duro, pero cálido pecho sintiendo los músculos que se percibían debajo del traje, esos brazos que la abrazaban de manera protectora que tanto había deseado en sus noches de soledad, justo ese sentimiento que ya no quería volver a tener jamás fue lo que le dio el impulso que le faltaba y haciendo acopio de la valentía que se había prometido tener si es que se le daba la oportunidad de volver a estar frente a él le confesó…

— ¿Sabes? Siempre me has gustado, desde la primera vez que nos vimos— Acto seguido bajó sus labios hasta los de él besándolo. El joven la tomó por la cintura y le correspondió el beso, parecía un sueño hecho realidad, por instantes había llegado al nirvana, agradeciendo su buena estrella, hasta que se dio cuenta que los labios que probaba tenían un sabor embriagante, él extrañado la separó un poco para observarla mejor, pero ella tomó su rostro entre sus pequeñas manos de ninfa como tantas veces la había imaginado hacerlo en sus más íntimos anhelos y eso fue todo... — ¡Te amo! —Le dijo la pecosa, quien sentía que su cuerpo ardería desde los pies hasta la cabeza por el alcohol ingerido y las caricias intercambiadas, anhelaba estar con él así, por siempre, su cuerpo reaccionaba humedeciéndose expectante, añorante… Lo dejó perplejo, mientras tomaba de nueva cuenta sus labios.

— ¡Yo también te amo Candice! —Él la tomó por la nuca y al levantar la cabeza, la peluca castaña que traía puesta se movió revelando su cabello rubio cenizo debajo de esta, en ese momento sucedieron muchas cosas a la vez. Candy abrió grandemente os ojos, dándose cuenta que no era el Romeo que ella esperaba, al quererse levantar rápidamente se volvió a resbalar para quedar de cara justo entre las piernas de Archie, sus labios casi besando el muy visible bulto en sus apretados pantalones de elegante Romeo. — ¡Candice White! ¡Eres una zorra, te odio, los odio a los dos! —

Al terminar el relato la chica ocultó su rostro entre sus manos, dejando correr el llanto —Así fue Patty, yo estaba ebria, muy tarde me di cuenta de mis actos, justo cuando Annie entraba al ático.

Por su parte, Annie se encontraba afuera del portal de las rosas, había mandado a un sirviente en busca de Terry necesitaba hablar con él. Cuando lo buscó en el único hotel decoroso del pueblo en recepción le indicaron que personal de la familia Ardlay había ido por las pertenencias comentando que se hospedaría en la mansión. Estaba nerviosa, sabía que el inglés era un hombre de carácter fuerte, no sabría si podría contar con él para sus planes de venganza.

Continuará…

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