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GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI

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Yuriko Yokinawa

Yuriko Yokinawa
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI Portad37

Terry Fics Capítulo I
Terry fics Capítulo II
Candy Lovers Capítulo I
Candy Lovers Capítulo II


Un agradecimiento a Letty y Kelly por permitirme publicar los dos primeros capítulos en sus páginas, así como a Laura Balderas por la realización de tan bonita portada.
ENTRE CARDOS Y NARCISOS
CAPÍTULO VI
CÁSATE CONMIGO
POR YURIKO YOKINAWA


Terry se encontraba sentado en una banca afuera del hospital San Jacob con un ramo de rosas rojas, con su peculiar y discreto disfraz de estudiante universitario acompañado de una creciente barba, el cual, Candy siempre le decía que aun así llamaba la atención de las chicas. No podía evitar sentirse celosa en ocasiones, solo que la diferencia entre Terrence Graham y Terrence Granchester era que el primero era actor y las fans no dudaban en acercársele para pedirle un autógrafo, una foto e incluso, no faltaba la loca que se le fuera encima para robarle un beso, eso solía salir en los chismes de los espectáculos y en alguno de los casos, estuvo presente en dichos actos cuando iba al teatro a ver a su novio actuar. Llevaban una relación discreta, no deseaban que la prensa estuviera detrás de ellos y no pudieran estar libremente en todos los lugares que solían frecuentar. Terry Granchester, era completamente de ella, el joven que conoció siendo adolescentes le había demostrado en diversas formas cuanto la amaba y ella… No podía decir lo mismo, inicialmente sus inseguridades de no ser merecedora de su amor después de lo que le sucedió en el pequeño bosque de El San Pablo, luego, los chismes que solían hablar de él y sus fans, así como el supuesto romance y beso con su coprotagonista sin contar la última artimaña de Elisa para desprestigiarla en su fiesta de cumpleaños.  


El actor rememoraba los acontecimientos de dos años atrás, no había sido fácil el camino, claro que no, pero por ella, esperaría toda una eternidad, realmente la amaba y su amor era correspondido, de eso, no cabía la menor duda. Hacía dos años que ella había aceptado ser su novia nuevamente, de haberse visto después de casi dos años, donde, ella le había pedido tiempo para sanar y decidir sobre su vida sin negarle su amistad, ambos tuvieron comunicación epistolar hasta el momento que volvieron a verse en Chicago con la obra de El Rey Lear. En ese tiempo, Terry ya no era Telonero, era un joven actor Nóbel reconocido por su entrega en la actuación. En su presente, era un actor consagrado,  había logrado demasiado para su edad, su dedicación le hacía merecedor de tal reconocimiento y los deseos de poder ser digno para su rubia pecosa. Había trabajado mucho, pensando a futuro en una vida con ella. La había conquistado nuevamente, logró ganarse su confianza, ella sonreía nuevamente como un nuevo amanecer. Ella era su vida… Ella era su todo.


Albert y el resto de los jóvenes se despidieron de los anfitriones de la recepción que se había realizado en Chicago. Terry se les unió minutos después, Robert lo había entretenido sugiriéndole que se presentara a tiempo al hotel para dirigirse a la estación de trenes y continuar con la gira, a su vez, dándole el consejo de no hacer pública su relación ya que su carrera actoral apenas estaba despuntando. Poco no faltó para decirle unas cuantas verdades, pero prefirió quedarse callado, no iba a darle una explicación alguna acerca de la relación que tenía con Candy en su vida ni del tiempo que llevaba conociéndola como para que él se tomara atribuciones que no le correspondía. Seguiría su consejo, no por lo que él le sugería sino para protegerla del medio.


Llegaron a la mansión, las habitaciones estaban dispuestas para que sus integrantes fueran a descansar. Candy pidió la aprobación de Albert para quedarse a solas con Terry para poder platicar. Había mucho qué decir y si no lo hacía lo que restaba de la noche, no sabría en qué momento podría hacerlo si Terry estaba de gira. Albert colocó su brazo derecho en el hombro de Candy y dirigió su mirada al castaño, intentando leer algún trasfondo en los ojos de su amigo. Con un asentimiento de cabeza y una sonrisa franca volteó hacia su protegida, le dio un beso en la frente, se despidió de Terry y se retiró a sus aposentos.


Al quedar solos, la rubia lo invitó a la cocina, buscó leche y algunas pastas para comer delante de la chimenea que se encontraba en la sala de visitas. Se sentaron frente al calor que emanaban los leños, estuvieron en silencio mirando al fuego para decir al mismo tiempo que les recordaba a Escocia, aquellos días felices que no volvería jamás. Sonrieron, Candy tomó la palabra: “Terry, soy muy feliz a tu lado, estar contigo en este momento me hace sentir que siempre lo hemos estado. La distancia no ha impedido que podamos estar alejados ni que el cariño que hemos alimentado se vea permeado por los comentarios mal intencionados, esta noche fue un claro ejemplo, creo que en el camino nos encontraremos con esto y otras cosas más. Te he dicho que te amo, tú, siempre lo has hecho y me lo has demostrado, sé que yo no he respondido como debiera ser, pero eso no significa que no te ame, que no me importes o que sea indiferente, te he seguido en los diarios, recorto las notas, conservo tus regalos y la promesa que me hiciste cuando éramos más jóvenes.” De su bolsa, sacó el anillo que Terry le colocó en su dedo anular minutos antes que la gente del duque los sorprendiese en los jardines del San Pablo y los separaran. “Sé que la promesa se rompió en el momento en que decidí acabar con lo nuestro, te he de confesar que me arrepiento, pero creo que fue necesario, la señorita Pony, la hermana María, Albert y tú me han ayudado a salir adelante, a canalizar el dolor que me carcomía el alma y hoy, estando aquí contigo es una prueba fehaciente para demostrarte que te amo… he retomado mis estudios y los concluí, tal como te lo hice saber en cartas, lo que no te he dicho, es qué voy hacer después de eso. Terry, agradezco el tiempo que te tomaste en averiguar las escuelas de enfermería que hay en Nueva York, quiero decirte que seré una gran enfermera.” Terry dejó de mirar el fuego para terminar de escuchar lo que decía, ¿Era lo que él estaba entendiendo? Esa noche no podía terminar mejor, su pecosa al fin se había decidido salir de su burbuja, retomar su vida y él, haría hasta lo imposible por cuidarla y hacerla feliz. Él le sonrió y se sintió orgulloso, su Candy había regresado.


A temprana hora Terry llegó al hotel, no deseaba que acabara la noche, no quería separarse nuevamente de su pecosa, daría lo que fuera para que el tiempo se detuviera. Platicaron lo que restó de la madrugada acerca de sus vidas, de sus planes, deseos, se hicieron promesas y compartir sus tiempos cuando no empalmaran. Ambos estaban conscientes que empezaba un nuevo capítulo en sus vidas y lo aceptaban, cerca y lejos, dos corazones palpitantes siguiendo su propio camino, donde, al final, se encontrarían para seguir su destino: Una vida juntos. El actor subía las escaleras rumbo a su habitación pensando en Candy, con el fuego crepitante ella se había dormido sobre su hombro mientras él la abrazaba y le recitaba una poesía. Al llegar al piso que le correspondía sacó su llave para tomar un pequeño descanso. No esperaba ver frente a su puerta a su compañera Susana Marlowe, ella le dio una cachetada y con furia le reclamó con ojos llorosos lo que William le había dicho delante del señor Hattaway “¿Con que soy una sombra en tu vida y una acosadora? ¿Acaso no te has dado cuenta de que estoy enamorada de ti? Dicho esto, ella bajó las escaleras, no le iba a dar la oportunidad a Terry de decir nada, sabía que ella había perdido y a pesar de saberlo, no se daría por vencida, para saber más a detalle de su supuesta novia, se dirigió al café que Elisa Leagan le había citado. Terry no se inmutó, como si nada hubiera pasado entró a su habitación, ya luego arreglaría cuentas con ella. Él tampoco había olvidado el espectáculo que fue hacer delante de su amigo Albert y del director de la compañía de teatro Stratford.


A dos habitaciones de ahí, Karen Klaisse había observado lo sucedido con la puerta entreabierta, era obvio que Terry estaba enamorado de la chica de la fiesta, su mirada y el toque posesivo lo delataba y si Terry no fue detrás de Susana era porque realmente no le importaba a pesar de su declaración de amor. Para Karen no era difícil asimilarlo, pero si le dolía, ella también había caído en los encantos de aquellos ojos color mar. No tenía idea de donde se habían conocido como para que ambos vivieran en ciudades diferentes, ni siquiera había imaginado que Terry tuviera novia, pero le quedaba claro que se conocían de hacía tiempo, parecían confidentes, se reían con tanta naturalidad y ella se sonrojaba cuando él le susurraba en el oído. Cuando Karen los vio en la pista de baile no pudo evitar quedarse por unos segundos con la boca abierta, miles de pensamientos cruzaron en su mente, uno a uno los fue eliminando como en un juego de dominó. Ahora, después de haber presenciado que Terry no había llegado a dormir y la confesión de Susana Marlowe comprendió que con él no tendría ni una oportunidad, era mejor no luchar por algo que no era para ella, se conformaría con su amistad, si es que él se lo brindaba, pero mientras eso sucedía, decidió guardar su distancia en lo que lo sacaba de su corazón. Era tiempo de hacer a un lado la rivalidad que tenía con Susana por el actor, deseaba que ella lo asimilara en un futuro, ya llegaría el amor para ellas sin pedirlo ni esforzarlo, eran jóvenes, bellas, profesionales en su carrera y con una vida por delante. Los deseos de Karen Klaisse no eran los mismos para con Susana, ni siquiera el futuro. Cerró la puerta para terminar de arreglar su maleta y comenzar una nueva vida amorosa sin Terrence Graham.


Unas pequeñas manos blancas cubrieron por la espalda los ojos del actor, el joven sonrió ampliamente, su pequeña pecosa quería sorprenderlo como era su costumbre desde hacía dos años cada vez que él la buscaba en el hospital. Tomó una a una de sus manos y las besó, se levantó de la banca y sin soltarla la dirigió hacia donde se encontraba, la mano de ella la colocó en su hombro, mientras él la tomaba por la cintura, besó nuevamente la mano que le quedaba libre y comenzó a bailar con ella en medio de la calzada a la vista de los envidiosos que pasaban por el lugar. En ellos no existía la vergüenza, de un beso casto no pasaba. Terry la giró una y otra vez hasta que apoyó su espalda en su brazo y la reincorporó. Candy se sentía soñada, en ambos brillaban sus miradas, la sonrisa enamorada desbordaba amor. Continuaron bailando hasta que él se detuvo en seco, ella recordó su primer beso y como si fuera la primera vez, él la acercó más a su cuerpo, ella se levantó de puntitas y él se agachó para besarla como nunca lo había hecho: con pasión ardiente, una corriente eléctrica recorrió su sangre hasta llegar a su bajo vientre, ella sintió la erección de él, se puso rígida. El beso había terminado, ella se separó inmediatamente. El rostro desencajado de Terry transmitía dolor, no era su intención hacerla sentir mal ni revivir viejos recuerdos. Candy también sufría por Terry. ¡No!, Terry era su todo, lo amaba con el alma, las sombras del pasado no debían manifestarse. Sacudió su cabeza dos veces para espantar los malos pensamientos y emociones. Dio un paso hacia él y lo abrazó con fuerza para sentirse segura y protegida, él hizo lo mismo y estuvieron así hasta que ella se calmó. “Tranquila amor, tranquila, aquí estoy yo mi vida, no temas.” “Mira lo que te traje.” Ella sonrió y sus ojos se cristalizaron al ver las rosas, había arruinado el momento. “Feliz aniversario amor”.


Terry llevó a Candy a “Sardi’s Manhattan un concurrido restaurante, tenía menos de un año de ser inaugurado, él había reservado un comedor privado con grandes ventanales que ofrecía una bonita vista de la ciudad, el lugar estaba ubicado en el último piso de un edificio entre Broadway y la Octava Avenida en el distrito teatral de Manhattan. Terry le dio las llaves del auto al valet parking, tomó la mano de su pecosa, al entrar fueron recibidos por un hostess, sin pronunciar palabra, lo siguieron hasta ubicarlos en el privado. Candy quedó maravillada con el lugar: rosas, velas, músicos, incienso… El mesero les llevó la carta y se retiró. Ambos eran un libro abierto, se conocían muy bien. Era evidente que el ánimo de Terry había decaído después de lo suscitado en la salida del hospital. Fingió que leía la carta mientras lo observaba, le hacía recordar que esa era la expresión de él cuando Susana quiso pasarse de lista intentando seducirlo en su departamento y ella no había querido escuchar alguna explicación a pesar de que él le juraba que no era lo que ella pensaba.


Susana Marlowe esperaba a Elisa Leagan en el café que le había citado, su curiosidad de saber de la procedencia de la supuesta novia de Terrence la llevó a ese lugar, trataría de obtener la mayor información de esa chica que de pobre, no tenía nada y que, al parecer, tenía como respaldo a una familia acomodada. Sentía todavía la mirada del rubio que según Robert era un importante inversionista, si era lo que decía ser, debía andar con cuidado si quería ganar el corazón del joven actor. Elisa llegó con un atuendo informal pero demasiado elegante, su porte arrogante y egocéntrica era visible a cualquier distancia al igual que no le daba confianza como para hacer alianzas. La peliroja tomó asiento, pidió un descafeinado y pastel de frutos rojos, la actriz solicitó la misma orden, ni siquiera le había dado tiempo de ver la carta por pensar lo que había vivido el día anterior.


“Querida, se nota que mueres por Terry.” Susana se puso roja, para desviar el tema de conversación le preguntó quién era ella como para saber del actor y de su rubia acompañante. “Sé mucho más de lo que tú podrías saber en tu triste vida de actriz, el cual, seguramente no pasarás de ahí.” La seguridad de Susana se estaba desvaneciendo y como forma de autodefensa cambió su semblante por uno de molestia, de algo debía de servirle sus dotes de actriz. Elisa no se inmutó, al contrario, sus objetivos de hacerle pasar un mal rato y de sembrar cizaña le estaba funcionando. “Te voy a contar una historia”


“Había una vez una huérfana que soñaba con pertenecer a la familia más rica de los Estados Unidos, engatusó a tres tontos y los enamoró para que ellos le pidieran al Tío William que la adoptaran. Cuando festejaban su adopción ella se apartó del grupo con mi prometido y misteriosamente él murió cuando cayó del caballo. A pesar de lo que hizo, no le importó entrometerse con Terry cuando él me cortejaba en el colegio donde estudiábamos, por culpa de ella abandonó sus estudios al tendernos una trampa.” Elisa fingía llorar, Susana no parecía creer lo que escuchaba, ella vio cuando ambos se besaban, pero existía la posibilidad que él solo estuviera utilizando sus encantos para su propio placer. “Imaginarás que artimañas utilizó para que él le hiciera caso y pues la posición social de Candy enamora a cualquiera” Ambos son tal para cual, unos interesados, le sacará provecho como ella lo hace con el tío William para dejarle permitir que haga lo que quiera, es tan arribista como ladrona, ella fue mi criada y descaradamente robó algunas joyas de mamá, así como que intentó seducir a mi hermano como para quererlo comprometer en matrimonio y como no logró su objetivo, buscará hacerlo con Terry. Él en un futuro tendrá fama, posición y fortuna y eso, querida, será gracias a la fortuna de los Andrew… “No te cuento esto porque quiera algo con él o desee separarlos, ¡no!, claro que no, la vida me ha sonreído, he conocido a un muchacho de mí misma posición social y estamos comprometidos. Si te lo platico es para advertirte la clase de ficha y poca cosa que es, una huérfana disfrazada de futura heredera del emporio familiar. No le guardo resentimiento a Terry, él es víctima de las circunstancias. Si realmente lo amas debes de salvarlo de las garras de esa oportunista o esperar que se enamore de alguien más y ese alguien sea tu compañera de tablas Karen Klaisse. No pongas esa cara, leo los chismes del espectáculo y por lo que observé en la recepción, ella tiene más cara de enamorada que tú, solo que ella si lo sabe disimular al no acercarse mucho a Terry.”


Elisa se levantó, sacó un par de billetes, los colocó en la mesa y sin despedirse se retiró. Susana se quedó estupefacta, todavía no terminaba de digerir la información que su acompañante le había dado. Se quedó otro rato pensando que debía hacer entonces, no quería jugar a la heroína, no quería dejarse ver desesperada ni como acosadora como se lo habían hecho saber ni mucho menos terminar en prisión por un amor que por el momento no era correspondido. El tiempo sería su mejor aliado, esperaría a que la relación entre Candy y Terry terminara, total, Elisa dijo que ambos deseaban lo mismo, lo obtendrían y cada uno, para sus casas, mujeres como la señorita Andrew había muchas, decentes como Susana, pocas. Miró su reloj, tenía el tiempo medido para llegar al hotel y bajar las maletas.


Karen Klaisse se encontraba sentada en la sala del lobbie del hotel, frente a ella estaba Terrence, se notaba un poco cansado pero tranquilo, como siempre, perdido en sus pensamientos, como si nadie estuviera ahí, tenía en la mano la armónica que solía tocar cuando se encontraba melancólico, con sus dedos la acariciaba, el hombre suspiró. Susana entraba apresurada, se detuvo en seco cuando vio que Karen se acercaba al actor y jugando le dio un leve golpe en el brazo para preguntarle sobre el valor sentimental que tenía la armónica, él la miró molesto, pero luego suavizó el rostro, sonrió, puso sus ojos en blanco como si recordase la historia de ese preciado instrumento musical. “Me limitaré a decirte que es un regalo invaluable y mi única compañía desde hace algunos años” Karen le regresó la sonrisa, no necesitaba preguntar más y como si fuera la primera vez que conversaran se presentó nuevamente: “Karen Klaisse, soy tu compañera de tablas y me gustaría ser tu amiga” Estiró su mano para pactar la amistad, Terry hizo lo mismo y agregó: “solo no quiero que me estés rondando, me gusta estar solo.” Susana lo veía y no lo creía, ella no había tenido un acercamiento así, ni siquiera el descaro de hablarle como si fueran muy amigos. Golpeó el piso con el pie y subió molesta a su habitación antes que se fueran sin ella. “Contrólate, se decía una y otra vez, guarda la calma, ¿qué te sucede? Tú no eres así Susana” se retocó rápidamente el maquillaje, alisó la falda de su vestido y como si nada pasara tomó su maleta y bajó.


La estación de ferrocarriles estaba abarrotada, las admiradoras habían hecho acto de presencia para ver a sus actores favoritos, los reporteros tomaban fotografías y hacían una que otra entrevista al elenco y al director de la obra. Terry no se veía por ni un lado, él había salido con ellos del hotel, en diferentes unidades, pero habían salido o al menos eso fue lo que Susana y Karen pensaron. Robert Hattaway ordenó que subieran al tren, a las dos chicas les tocó compartir asiento, Karen estaba por hacerle conversación cuando escuchó en un susurro el nombre de Terry en boca de Susana, inmediatamente siguió la mirada de su compañera, en el andén estaba un grupo de jóvenes, eran las mismas personas que estaban en la sala de espera del teatro y en la recepción organizada por el gobernador, ellos despedían a un sujeto barbado vestido de frac con sombrero de copa y bastón, no había duda que era Terry, él tomaba de la mano a Candice White, platicaban y reían alegremente. El tercer aviso para abordar había sonado, Terry abrazó a la rubia, le dio un beso a su mano y en la mejilla, la chica se sonrojó, se despidió del resto de sus acompañantes y abordó el vagón segundos antes que el tren comenzara su marcha. Karen volvió a su realidad, Susana seguía mirando la ventanilla. “Susana, él no es para nosotras, su corazón pertenece a esa chica, lo más sano es que continuemos con nuestras vidas, ya llegará alguien que nos ame y podamos amar” Karen aprovechó el momento que se había gestado para hacerle ese comentario, pensaba que ella sufría igual que ella, pero la respuesta de Susana hizo que jamás volviera a aconsejarle… “Tú no sabes nada, no te metas, la relación que tiene con esa es temporal y cuando termine, él vendrá a mí.”


Los meses pasaban, audiciones, protagónicos, giras, éxitos rotundos. Susana había guardado su distancia con el actor, ella cambió su guarda ropa por algo más moderno y coqueto. No le faltaba admiradores y uno que otro pretendiente, pero ella los ignoraba. Karen había encontrado el amor con Matthew Stuart, que al igual que ella se dedicaba a la actuación y estaban comprometidos. Habían invitado a la celebración a todo el elenco. La ceremonia se realizaría en cuanto terminara la temporada. Siempre que Terry se encontraba en la ciudad, iba a ver a Candy a la escuela para enfermeras, el hospital San Jacob, ambos sabían sus itinerarios. Él en los ensayos en las mañanas y presentaciones en la noche, ella estudiaba en las mañanas y sus prácticas en la tarde así como las guardias nocturnas que en ocasiones le tocaba, les era difícil verse, pero siempre buscaban la manera, en la hora del almuerzo de Candy, él la esperaba en la misma banca debajo de la sombra de un Fresno con la comida del día, para el deleite de la estudiante en enfermería, Terry cocinaba, inicialmente ella se avergonzaba pero con el tiempo, devoraba los alimentos. Ella le decía que eso sería temporal, porque cuando ella se graduara de enfermera, tendría el tiempo de cocinarle y lo mejor que sabía cocinar era la repostería. Solo dos ocasiones fue a verlo actuar en compañía de sus primos y amigas. Los palcos preferenciales estaban destinados para los Andrew, hecho que Susana no pasó por alto: Terry daba mucho más de sí y fue el primero en retirarse en cuanto la función terminaba. Ver a Candy en el teatro neoyorkino significaba que ella estaba viviendo ahí, ese hecho, le daba validez a las palabras dichas por Elisa ese día en el café. Candy era una zorra disfrazada de dama.


Un mes de descanso era el tiempo que les daban cada vez que se terminaba la temporada… Terry iba a dejar y buscar a Candy al hospital, cuando él estaba libre ella buscaba la manera de intercambiar guardias los fines de semana y si tenía suerte le daban el día. Ambos se iban con sus amigos a pasear, disfrutaban hacerlo, al menos ella, Terry no tanto, él deseaba tenerla completamente para él, pero eso era mejor que nada, en ocasiones se separaban del grupo y se sentaban en un claro a platicar acerca de ellos, un tema casi frecuente… Los chismes del espectáculo. Terry le recalcaba que eso eran: “chismes.” Susana no era más que una compañera de trabajo y que por ser coprotagonista debían salir juntos e incluso sentarse juntos en una rueda de prensa. En ocasiones Terry también le volteaba su estado posesivo, no podía ignorar que ella solía llamar la atención al género masculino y aunque sonara tonto, celaba a sus pacientes. Sabía que era parte de su entrenamiento como enfermera y lo comprendía, solo que Candy a veces le hacía decir cosas que no existían ni debía decir. Finalizaban su discusión y reconciliación con un breve beso para luego ella recargar su cabeza en el hombro de él y mirar hacia el futuro, debía asimilar el hecho de que él era un actor que cada vez iba incrementando su fama.


Candy había recibido su título de enfermera quirúrgica. Una año de esfuerzo constante había valido la pena, obtuvo el tercer lugar de su generación. Siendo enfermera diplomada podía ejercer libremente su carrera y percibir un salario, tener tiempo libre, rentar un departamento… No es que no le gustara estar en la residencia con sus primos, de hecho, solo iba a visitarlos en raras ocasiones, su inconveniente eran los hermanos Leagan, sobre todo, Elisa, que no dejaba de molestarla a pesar de que ellos ya estaban grandes como para hacer niñerías. Hablaría con Albert al respecto. Ya no podía quedarse como pupila en el San Jacob, ahora el lugar se quedaría para otra estudiante de enfermería.


La pequeña graduación terminó, los hermanos Cornwall y sus novias se despidieron de la pareja. Albert no había podido asistir por cuestiones laborales en Brasil. La Tía abuela había sido invitada pero tampoco fue, la rubia no se sorprendió, lo habría hecho si hubiera sido lo contrario, estaba consciente que la señora Elroy no le tenía simpatía. –“Ven, te tengo una sorpresa.”- Candy solo se dejó llevar de la mano de Terry, abordaron el automóvil. Durante el trayecto, la chica hablaba y hablaba acerca de sus emociones del día, él la incordiaba como solía ser su costumbre. Llegaron a un edificio de departamentos cercano a Broadway, él la ayudó a descender, ella se quedó mirando la fachada. –“Terry, tú… ¿vives aquí?”- preguntó de manera entrecortada soltándole la mano. –“Sí pecosa, ¿confías en mí?”- él volvió a extenderle la mano. Terry había arreglado el departamento con rosas, velas y platillos que él mismo cocinó, incluyó una botella de champaña. Celebrarían de manera íntima su diplomado y su compromiso en caso de que ella le dijera un sí quiero.


Tenían un año y dos meses de relación, él consideraba que era el momento preciso de dar el siguiente paso. Tenían una relación estable, había plena confianza, Candy ya no se dejaba llevar por las habladurías de la gente ni de los medios, por ende, la comunicación entre ellos se había cimentado. Podía darle una vida cómoda, no le faltaría nada. Ella trabajaría si así lo quisiese. Tendrían muchos hijos, compraría una casa muy grande con amplio patio en la zona residencial de Nueva York, sus vidas estarían completas, amándose, cuidándose y respetándose. –“Sí Terry, confío en ti.”- Colocó su mano en la palma de él. Terry le regaló una sonrisa radiante y ella sintió que su corazón se derretía, le devolvió esa luz que le iluminaba su alma y mirándose de vez en vez, ambos subieron la escalera hasta que llegaron al piso donde el actor vivía.


Una mujer rubia lacia, alta y delgada vestida con un escote demasiado pronunciado tiró la cesta de alimentos que cargaba al piso. Candy vio cómo se regaba su contenido y en un parpadeo, la mujer estaba prendada del cuello de Terry reclamándole que tenía rato esperándolo tal y como habían quedado. Candy no dijo nada y no hizo falta, su mirada reprochándole lo sucedido fue suficiente. Tratando de no flaquear, bajó rápidamente las escaleras mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Terry empujó a Susana sin tacto alguno, y corrió tras su amada, le dio alcance antes de llegar al primer piso, la abrazó por detrás y no hacía más que pedirle perdón, que todo tenía una explicación. Terry lloraba, Candy sentía esas lágrimas que salían de su alma. Tenía sentimientos encontrados. Ambos lloraban. –“Llévame a casa por favor.”- Terry aflojó el abrazo, intentó tomar la mano de la rubia, pero ella no se lo permitió. En silencio se dirigieron a la residencia Andrew. Candy no esperó a que Terry le abriera la puerta del coche, se bajó inmediatamente en cuanto él apagó el motor. Con la mirada todavía dolida le dijo que luego hablarían. Sin decir más, se dio la vuelta y entró a la mansión.


El mesero se acercó a los jóvenes, les sirvió un poco de vino… Candy le pidió a Terry que ordenara por ella, ni siquiera había leído la carta. En cuanto se retiró el mesero ella le tomó su mano y se disculpó. –“No te preocupes, ya me acostumbré.”- El joven sonrió con cierta amargura. Pensaba que quizá como hacía casi un año, pedirle matrimonio solo quedaría en el intento, aunque todo lo que tenía planeado no pudiera cancelarse. Ella no estaría lista ni siquiera segura de dormir con él. La comida continuó en completo silencio. Hace casi un año… entre otras cosas que sucedieron y a pesar de los obstáculos y las intrigas ellos seguían juntos, era él el que siempre tenía que ceder, la amaba demasiado, tanto como ella podía amarlo, aunque no fuera tan expresiva en sus sentimientos. Ahí estaban, habían madurado, no debía haber duda alguna, si ella lo rechazara… No importa, haría el intento, le propondría matrimonio ese mismo día, aunque sus miedos lo estuvieran martirizando con inseguridades. Toda una vida Terry, la vas a esperar porque la amas, aunque ella no lo sienta con esa misma intensidad.


La fiesta de compromiso de Karen Klaisse y Mathew Stuart fue demasiado emotiva, muy sencilla pero elegante. Karen era actriz por gusto y vocación, ella no tenía la necesidad de trabajar, ella era perteneciente a una familia acomodada de médicos especialistas reconocidos en el país. Todo lo contrario, con su prometido, venía de una familia de comerciantes de clase media. No hubo impedimentos sociales ni culturales para que el compromiso no se realizara, en ambas partes, en particular, el de Karen, sus padres aceptaban sus decisiones. Se veían enamorados, un beso delante de los invitados ocasionó que les aplaudieran y ovacionaran. Candy veía con cierta envidia el acontecimiento, le hubiera gustado sentirse completamente libre, sin ataduras, fantasmas ni demonios del pasado. Había logrado salir de su autoencierro, su mayor victoria después de ese lamentable hecho ya era una enfermera diplomada y vivía de manera independiente. Pensaba que a estas alturas de la vida ellos ya estarían casados y posiblemente con hijos, entonces, se preguntó si Terry algún día le propondría matrimonio. La chica se ruborizó para después llenarse de nostalgia al comprender que quizá ni siquiera pudiera tener esa dicha. Ella entraba nuevamente en ese estado autocompasivo que le hacía sentir no ser merecedora del amor de Terry. Ella entrelazó su brazo con la de él buscando protección. Terry de soslayo la miró y siguió disfrutando del primer vals de compromiso de sus compañeros de tablas. Terminando el vals, la invitó a bailar. Susana, decepcionada, no le quedó de otra más que aguantar su frustración. Ella tenía la intención de volver a conquistar al castaño, cuando tomó la iniciativa preparó una canasta con ricos alimentos elaborados por su cocinera. Esperó mucho rato su llegada. Fue grande su sorpresa de verlo llegar con esa mujercita que se le cayó el cesto y para disimularlo, se le ocurrió abrazarlo argumentando que tenían una cita planeada. Le dolió el sentón que se dio. Terry fue un mal educado al reaccionar de esa manera y empujarla sin compasión. No se daría por vencida, continuaría insistiendo, pero no en la fiesta de Karen. De una u otra forma Karen la haría polvo si se atrevía hacer algo que estropeara su momento.


-“¿Te he dicho que te amo?”- Esa fue la pregunta que le hizo mientras el trío de violines sonaba delicadamente en la estancia. Candy levantó la mirada de su plato y le contestó: -“No he olvidado que hoy es nuestro aniversario, dos años juntos. Creo que arruiné el momento, estás muy pensativo, lo siento, Terry”- -“No te disculpes, no tienes por qué hacerlo, la culpa es mía por no haber podido controlarme, te prometo que no lo volveré hacer.”-  “Ese es el problema, quiero que lo vuelvas a hacer, siento una gran explosión de emociones que no sé cómo explicarte… cuando mi cuerpo reacciona por instinto busca protegerse porque se siente en peligro y es donde te rechazo. Yo también te amo Terry, jamás lo dudes, te amo más que a mi propia vida, recuérdalo, siempre te amaré…”- Tenían sus manos entrelazadas, Candy le declaraba abiertamente su amor después de dos años de haberlo hecho por primera vez, su confesión fue interrumpida por dos aeroplanos que volaban de manera coordinada frente al edificio, uno a uno desplegó una enorme manta. La rubia leyó los mensajes: CANDY, TE AMO. El fondo azul, las palabras en rosa y corazones en rojo le daban vida a la declaración de amor. Sus ojos se cristalizaron, no pudo contener las lágrimas cuando leyó el segundo mensaje: CÁSATE CONMIGO. Así de simple, así de claro, no había adornos, fondos ni distractores. La enfermera colocó sus manos en el rostro y lloró. Terry se arrodilló con una cajita pequeña que en su interior guardaba un fino anillo solitario de diamante. Al no ver respuesta por parte de la rubia el personal del restaurant salió en completo silencio. Él continuaba esperando una respuesta, se le hacía eterno la espera. Ella se hincó, lo abrazó y continuó llorando. Él se encontraba desconcertado, cerró la cajita, la abrazó y la acompañó en su llanto, ambos lloraban por situaciones diferentes, ella de felicidad, él, por la duda que creía que su novia tenía para compartir una vida juntos. Candy comenzó a reír a carcajadas, él la apartó, seguía llorando, él hizo lo mismo cuando la boca de ella dijo: Sí, acepto. Volvió a abrazarla muy fuerte, los dos en el piso diciéndose que se amaban, suaves besos cubrían sus rostros para terminar en los labios ávidos de perdón y de amor. Terry tomó nuevamente la cajita, sacó el anillo y se lo colocó. Volvieron abrazarse. Culminaron la celebración de su compromiso con una copa de champaña y bailando a solas bajo la sombra de las velas de los candelabros y la luna como testigo.


Albert vio con beneplácito el compromiso, los felicitó y bromeando les dijo que ya se habían tardado demasiado en tomar esa decisión. Ellos querían algo sencillo e íntimo, y no deseaban la presencia de los Leagan, suficiente con la vergüenza que le había hecho pasar en la fiesta de cumpleaños de Candy. Así se haría, la fiesta de compromiso sería en Chicago y la boda en el Hogar de Pony dentro de un año, tiempo suficiente para que la rubia pudiera gozar de unas vacaciones y él, en caso de no tener días libres, un permiso especial. Todo se haría con la mayor discreción posible para que la prensa no los estuviera acosando ni interrumpiendo en sus actividades diarias.


Invitaron al matrimonio Hattaway y Stuart. Karen se veía muy feliz por ellos, la futura pareja la felicitaba por su reciente embarazo. Eleonor Baker tan bella como siempre abrazaba a Candy, dándole a su vez las gracias por haber hecho que Terry tuviera un acercamiento con ella para que la relación de ambos mejorara tejiéndose entre ellos un lazo más fuerte. Albert fue la sorpresa de la noche, aprovechando la ocasión en que sus seres queridos estaban reunidos les presentó a su acompañante, la señorita Becky Castle. Sus primos y amigas, que en un futuro serían también familia los felicitaban, sabían que una vez casados Terry la cuidaría y la haría feliz, él era un claro ejemplo de amor y fortaleza, aunque él no se quejaba, sabían que él era el soporte del dolor que Candy tenía aún en el alma. La señora Elroy no asistió, en cuanto le dieron fecha para la cena de compromiso decidió partir para Lakewood, no le perdonaba a la rubia la intervención de Albert para cancelar el compromiso con su sobrino Neal ni el hecho de ser la causante (según contado por boca de Elisa) de la cancelación de la boda de su sobrina favorita. La señora no aceptaba que un actor entrara a ser parte de la familia Andrew, eso era una vergüenza, sería un actor reconocido, pero no dejaba de ser un don nadie que en un futuro formaría parte del corporativo. También asistieron algunas compañeras del hospital, el cual, tenían guardado el secreto de la identidad del personaje con barba que solía esperarla a la salida del nosocomio. Ella se sentía feliz, vestida de princesa, bailaba en brazos de su prometido sobre nubes de algodón imaginando entre los invitados a sus dos madres y a los niños del hogar de Pony. Esa noche jamás lo olvidaría. Dentro de un año, sería la señora Graham… Un largo año, donde todo puede pasar.


“¿Eres feliz Candy?” Era la pregunta que una vez Antony le hizo… “Sí y lo seré aún más cuando nos casemos. Gracias a ti lo he conocido. Su voz profunda y sonrisa radiante le da vida a mi alma y existencia. Tenemos planes… tengo miedo de que no pueda funcionar. No sé si me entiendas, soy feliz con él, pero tengo el temor de que él no lo sea conmigo. Me persiguen mis inseguridades… ¿Cómo tendremos hijos si siento rechazo cuando me toca y me hace estremecer? Si nada de esto hubiera pasado, estuviéramos casados desde hace años, no hubiera perdido dos años de mi vida encerrada en mi burbuja. ¡DIOS! ¡ANTONY! Libérame de estas cadenas, de mi dolor, del sufrimiento, ya no quiero seguir arrastrando a Terry a mi infierno.” Esa noche estrellada de verano Candy se encontraba en el portal de las rosas de la mansión de Lakewood, se despedía del lugar que la acogió cuando era niña gracias a sus tres paladines, de su primer amor, de su soltería… Quería dejar sus temores. Platicar con Antony le hacía bien, su delirio le permitía verlo, traía en sus manos unas dulce Candy, sus ojos azules le daban la paz que necesitaba, su sonrisa le expresaba que deseaba su felicidad.  Solo era cuestión de horas para ser la señora Granchester. No quería pensar más allá de lo que sucedería después. Amaba a Terry, de eso no había duda y por él lo intentaría.


Annie, Patty y Dorothy entraron muy temprano a la habitación de Candy. La rubia se desperezaba con una gran sonrisa radiante. Annie llevaba una bandeja con fruta, jugo y leche, Patty un arreglo de dulces Candy enviado por sus primos y Albert. en lo que las chicas desayunaban, la mucama abría las cortinas, ventanales y preparaba el cuarto de baño para que la rubia se aseara. Entre bocado y bocado platicaban las amigas. Annie y sus confesiones de envidias y amor. Envidia de la buena, decía la morena, deseaba estar en su lugar, pero la prioridad de Archie era ejercer su profesión y ganar reconocimiento en el corporativo. La licenciatura de Annie era corta, ella se había graduado en dos años, así que llevaba tres años ejerciendo la noble profesión de dar clases en un orfanato de Nueva York de manera altruista y daba clases en el mejor Colegio de la ciudad. Lo que le pagaban, lo enviaba al hogar de Pony. Annie se sentía útil, había encontrado su camino y era feliz. Patty les platicaba que ellos no tenían mucha prisa, ni siquiera habían tocado el tema, no necesitaban hacerlo, tenían claro qué era lo que querían y eso era algo que Stear debía resolver con el Tío William. Lo suyo no eran las oficinas, estaba ahí porque debía conocer la maquinaria del corporativo Andrew, bancos, la acerera, la hacienda e ingenio azucarero en Brasil, tenían inversiones, convenios y negocios en muchos lados, lo suyo no era estar cerrando tratos como lo era las profesiones de Archie e incluso de Neal, lo suyo era crear e innovar y a eso se dedicaría para hacer más fácil y redituable a las empresas que elaboraban algún producto. Patty reía mientras les platicaba a sus amigas como los inventos Stear habían evolucionado hasta ya no explotar. Las chicas se contagiaron de la risa al imaginar las anécdotas que la chica de lentes les contaba. Patty daba clases en la Universidad, se había graduado con honores y eso le había facilitado impartir clases en la máxima casa de estudios, además, les compartía la primicia de estudiar Administración de empresas, era una solicitud que le habían hecho sus padres, ya que, siendo hija única, heredaría todos los bienes el día que ellos llegaran a faltar. Cada relación era distinta, apenas y las tres parejas tenían tiempo para verse, pero a pesar de eso, se amaban de una u otra forma y tenían planes en común: Formar una familia. Candy era la primera en dar el gran paso. Sus amigas le deseaban dicha y felicidad hoy y siempre.


Becky Castle se unió al grupo de chicas, la novia de Albert era una persona agradable, amante de la libertad y las aventuras, conoció al patriarca en uno de sus tantos viajes de negocios en Nueva York, inmediatamente simpatizaron, no había conocido mujer alguna que se desenvolviera en un mundo de hombres. Su tía Elroy podría ser digna de tener ese honor, pero George era el que veía directamente los negocios bajo la autorización de Elroy antes de que William estuviera listo para hacerse cargo del corporativo. Inteligente, audaz, emprendedora, simpática, noble y con carácter. Su primera cita, el zoológico, la segunda, el hipódromo… Becky narraba como se conocieron y lo nada romántico de las veces que salieron antes de que Albert le pidiera ser su novia mientras peinaba a Candy. Compartían mucho en común, no se cansaban de conversar, luego las llamadas, cartas y el tiempo que se hacían para verse… Pensaba Candy que eso también era amor y cada minuto entre ellos era la gloria. Si ellos se casaban sería su mamá, la rubia reía entre dientes de solo pensarlo. Hacían una hermosa pareja.


Entre las cuatro chicas ayudaron a Candy a arreglarse, lucía hermosa, maquillaje suave, cabello recogido, vestido sencillo de satín blanco de la época, largo, cómodo, sin mangas ni corsé, holgado, con un escote cuadrado y un pequeño velo de tul, unos finos y discretos accesorios, sus manos enguantadas llevaba un hermoso ramo de rosas dulce Candy. Sus damas de honor vestidas con un color durazno escoltaban a la novia bajar las escaleras de la mansión de Chicago. Albert y los chicos tenían rato esperándolas, un chiflido por parte de Stear se dejó escuchar. Patty no contuvo una risita nerviosa. Albert tomó la mano de su hija adoptiva, ambos sonrieron con nostalgia. Era tiempo que ella volara y que él tomara las riendas de su propia vida. Su mirada se desvió hacia su futura prometida, le propondría matrimonio ese mismo día. Le brindó su mano para que terminara de descender el último escalón. Les hizo un cumplido a las chicas y se dirigieron a la salida en donde tres vehículos con sus respectivos choferes los esperaban para llevarlos al Hogar de Pony.


Terry se encontraba impaciente, se aflojó la pajarita, su tip de zapatear el piso con el pie derecho cuando se encontraba ansioso había regresado, su madre le pedía que guardara la calma. Sentía que se ahogaba con cada minuto que pasaba, miraba constantemente su reloj. La señorita Pony y la hermana María disfrutaban ver sufrir al novio, discretamente platicaban sobre la actitud del joven, si ya había esperado muchos años, unos minutos más no haría la diferencia. Todavía no se casaba su niña y ya se encontraban llorosas. Los primeros en llegar fueron Archie y Stear, luego Annie, Patty y Becky, por último, Candy y Albert. Un niño en calidad de espía gritaba que la novia había llegado. Corriendo, se acomodó con el resto de sus hermanos. El párraco y los monaguillos tomaron su lugar. Los invitados voltearon hacia la entrada para ver a la novia.  La marcha nupcial y el coro infantil le daban la bienvenida a la novia que se encontraba estupefacta con el canto de los ángeles, el arreglo de la capilla y con el novio pulcramente vestido con un frac negro y con el cabello peinado hacia atrás.  ¡Terry se había cortado el cabello!


Los ojos azules de Terry no le apartaban la mirada. Candy se ruborizó. Su futuro esposo se veía más atractivo, había perdido ese aire rebelde que le daba su cabellera. Él la veía embelesado, el vestido la hacía verse más espigada, ¡bella!, esa era la palabra correcta. Las manos que una vez fueron separadas a la fuerza por el personal de seguridad del duque, ahora se unirían sin temor y bajo la bendición de Dios. Nada los separaría más que la muerte. El actor besó los nudillos de la enfermera. Se colocaron frente al altar y el Padre comenzó con la ceremonia. Cada palabra dicha por el representante de Dios era un promesa que ambos se hacían mentalmente. Parecía que se rememoraba mediante la escritura de la Biblia lo que ellos habían padecido para poder estar juntos… ¿Era un designio divino sus vivencias que posteriormente fueron encauzados nuevamente para fortalecerlos y ser felices ahora sí?


La bendición estaba dada, el Padre los había declarado marido y mujer, su primer beso de casados, los presentes aplaudían, los más allegados intentaban disimular sus lágrimas de felicidad mientras los niños del Orfanato cantaban “Aleluya”. Dicha se destilaba por los poros del nuevo matrimonio. Tomados de la mano salieron con prisa del recinto religioso para ser bañados con arroz mientras gritaban más vivas, no se hicieron esperar los abrazos y felicitaciones. Se realizaron diversas fotografías, en la Iglesia, con los invitados, cos sus madres, sus amigos, primos y Albert, los niños, en la Colina, en el Orfanato, ellos solos. Antes de abordar el automóvil para dirigirse a la mansión de Lakewood Terry tomó de la cintura a su esposa y la besó. El día más feliz de sus vidas, después de ocho años de haberse conocido y hacerse novios, de seis años de haberse hecho la promesa de casarse, casi cinco años de haber terminado y quedar como amigos durante dos años para luego retomar la relación y dos años después pedirle matrimonio para que se fijara la fecha un año más adelante, él con 23 años y ella 22… Había valido la pena esperar. A pesar de todas las pruebas que les había puesto la vida, ellos habían demostrado que su amor era más fuerte, que habían madurado y consolidado profesionalmente.


Continuaron con la sesión fotográfica al llegar a la mansión de las Rosas, cuando se desocuparon se dirigieron a la fiesta, todos se encontraban ahí, incluso, la tía abuela Elroy y los hermanos Leagan. Candy apretó la mano de Terry, no esperaba verlos, no estaban invitados más que la señora Elroy por educación. Terry la dirigió al centro del salón, le brindó una cálida sonrisa para brindarle seguridad, hizo una venia, la orquesta comenzó a tocar el primer baile de casados. Él la acercó a su cuerpo, ella apoyó su cabeza en el pecho de su esposo. Él le dijo suavemente que la amaba para luego pedirle que no prestara atención a su familia incómoda. Terry quería aferrarse a sus propias palabras y aunque trataba de no demostrarlo, él también no se sentía seguro con la presencia de su nueva familia política, temía que arruinaran el momento o hicieran pasar un mal rato a su esposa como en otras ocasiones lo habían hecho los hermanos del infierno. No les perdería la vista y en cuanto tuviera oportunidad, los abordaría en caso de ser necesario.


La fiesta se encontraba en aparente calma. La señora Elroy estuvo un rato y subió a su habitación, era obvio que solo asistió porque sus sobrinos se lo pidieron, no felicitó al nuevo matrimonio y se abstuvo de hacer comentario alguno a William con respecto a su novia y ahora prometida, él le había pedido matrimonio durante la recepción y ella había aceptado, ya luego hablaría con el joven patriarca, no le convencía el compromiso a pesar de que ella venía siendo hija de empresarios, la señorita Becky Castle era una mujer liberal, igual o peor que Candice White.


Elisa daba vueltas con su hermano, sabían el impacto que habían ocasionado, de vez en vez, ella le coqueteaba a Terry a lo lejos mientras que Neal tenía lascivia disimulada por la rubia, el cual, el castaño no pudo pasar por alto. Una llamada urgente requirió ser contestada. El joven Leagan dejó su copa, sin decir una palabra a su hermana que conversaba acerca de la dama de establo se dirigió al despacho, el auricular estaba descolgado, lo tomó lentamente, dudando si contestar o no lo acercó a su oído. No había nadie del otro lado de la línea, quizá se había cortado. Esperaría un momento para ver si volvían a llamar, se sirvió un vaso de coñac, estaba por servirse nuevamente otra copa cuando la puerta se abrió, Terry entró, cerró inmediatamente, su rostro no reflejaba gusto por verlo, con tres zancadas tomó a Neal de las solapas, lo empujó y por su estado de ebriedad no pudo contener el equilibrio y cayó al suelo, como pudo, se sentó mientras se carcajeaba y de manera entrecortada confesaba un secreto del pasado, el cual, había disfrutado mucho, la sangre de Terry hervía, iba a matar a ese mal nacido.


Candy esperaba a Terry, él le había dicho que debía hacer una llamada telefónica, le dio un beso en su frente y se dirigió al despacho de Albert, ya había tardado mucho para su gusto, un presentimiento y la ansiedad hizo disculparse con Karen y su esposo. William observó el semblante de Candy y el modo en que había levantado el vestido para caminar libremente, le pidió a Becky que continuara conversando con los invitados, se excusó y fue tras los pasos de la rubia. Alcanzó a llegar a tiempo para sostener a Candy que estaba al punto del colapso, su rostro reflejaba el terror, su mano derecha lo tenía en su boca por la impresión, ni siquiera tenía voz para preguntarle a Terry qué había sucedido para haber reaccionado así, pero lo intuía, un llanto silencioso recorría sus mejillas. Su esposo se levantó, tenía las manos ensangrentadas, su rostro se suavizó, pero su mirada fría delataba que no se arrepentía de lo que había hecho, iba a hablar, pero la rubia se desvaneció en cuanto Elisa entró y gritaba asesino e improperios mientras lloraba y golpeaba en el pecho de Terry. Los curiosos no tardaron en acercarse.  El día más feliz de sus vidas había terminado en una pesadilla.
CONTINUARÁ



Última edición por Yuriko Yokinawa el Miér Jun 03, 2020 8:02 am, editado 3 veces

Lau_4_U

Lau_4_U
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
affraid Wow me quedé impactada. affraid

Primero Candy que está estudiando en N.Y. enfermería, Terry siempre la espera y quiere proponerle matrimonio, pero por los comentarios de la pecosa, este siempre se detenía, pues pensaba que no era el momento. GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 416519

Con el tiempo Karen supo que Terry no era para él ni para Susana y así se lo hizo saber, Eliza con sus intrigas le dice la verdad de Candy y que es la única heredera de la familia y que por eso Terry está con ella.... GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 194499 pero después de tiempo Susana también desiste. GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 16290

Por fin Terry después de dos largos años de noviazgo se decide a pedirle matrimonio a Candy de manera muy romántica... GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 104578 ella por fin lo acepta.... y la boda es todo un acontecimiento. Se lleva a cabo de manera discreta y como a Candy le gusta. GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 1317166263

Pero ¿qué hacen los hermanitos Leagan ahí? Sí Candy le había pedido a Albert que no asistieran... GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 158523231 en fin... Todo iba bien hasta que Terry escucha a Neal hablar y se entera de que él es quien violó a Candy... lo golpea. GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 389686

Candy busca a Terry y se desvanece cuando lo ve, Eliza no deja de reclamarle a Terry que ha matado a su hermano... GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 523816526 GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 523816526 Todo termina en tragedia. GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 142879 GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 142879

Gracias infinitas por tan lindo FIC... GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 971718 me encanta tú escritura. GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 408560

Como siempre te mando un abrazo. GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 752716 GUERRA DE GUERRILLAS. "ENTRE CARDOS Y NARCISOS" CAPÍTULO VI 752716

Yudit


Rosa Negra
Rosa Negra
Oh no!!! 😫 Espero Neal no esté muerto, aunque bien merecido se lo tiene. 😤

Claudia Ceis

Claudia Ceis
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Omg

Amyrai

Amyrai
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Creo que terminé de leer y estoy temblando, literal, no es que Neil no sé lo merezca pero justo ese día!!! no sé que pueda pasar ya han sufrido tanto y ahora esto ¡no puede ser! Esperaré el próximo con muchas ansias y demasiada angustia.
Gran historia.

Shey

Shey
Rosa Negra
Rosa Negra
Qué linda escena la del baile en la calzada y las avionetas... Me enamoré más de mi Terry.
Neil tenía que echar a perder todo, justo en la boda de nuestros rebeldes... Lo odio!!!

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