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Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO"

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Wendolyn Leagan

Wendolyn Leagan
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
EL CONDENADO

I: PURGATORIO




Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" Yomots14




Neil despertó de golpe, porque sintió como si lo hubieran pateado en los pulmones…

De hecho, despertó soltando un grito de dolor y desesperación; se halló tendido en un suelo de piedra, en lo que parecía ser una caverna gigantesca.
Unas manos toscas, enormes, y de largas uñas, lo asieron de un brazo, elevándolo como él si no pesara nada.

- ¡Uno nuevo! – escuchó, como si fuera un rugido, una voz profunda y gutural.

Al instante no supo dónde se encontraba; hace solo un minuto estaba en ese trasatlántico que naufragaba a causa de la terrible tormenta marina… es que todavía sentía en sus labios la sal del agua marina; aún se sentía aterido por el frío del agua atlántica, no sabía dónde estaba ahora.

De lo primero que pudo percatarse, es que estaba completamente desnudo, y que sus manos estaban aprisionadas en un cepo de hierro, que se conectaba a un collarín que llevaba al cuello; mientras que unos grilletes en sus pies le dificultaban enormemente el movimiento.

Y sin embargo, a pesar de esas muy obvias dificultades que hasta un ciego podría ver; sintió un en la espalda un manotón que le ardió como si lo hubieran golpeado con una plancha de acero caliente, que lo instaba a seguir andando.

- ¡Muévete! – volvió a escuchar la misma voz brutal de antes.

Lo empujaban a colocarse delante de un hombre y detrás de otro; él lo hizo, tiritando, intentando cubrir precariamente sus partes íntimas con sus manos engrilladas, sin tener todavía conciencia de, si estaba despierto, o estaba aún sumido en alguna especie de pesadilla.

Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que él era solo un pequeño eslabón de una gigantesca e interminable cadena humana que serpenteaba a lo largo y ancho de todo esa gran caverna que parecía no tener fin; pues a donde él pretendiera alargar su vista, no veía sino a otros como él, desnudos; hombres y mujeres, tanto jóvenes como ancianos, encadenados y marchando forzosamente.

- A… ¿A dónde vamos? – preguntó, pero nadie le respondió - ¿¡A dónde nos llevan!?- volvió a preguntar a la persona que tenía detrás; pero nuevamente no recibió respuesta.

- ¡No se habla en la fila! – volvió a rugir la voz, y nuevamente el manotón resonó en su espalda haciéndolo soltar un gemido; y si no cayó de bruces al suelo de piedra, era porque el que caminaba delante de él detuvo su caída con su propia espalda.

Al reincorporarse se dio cuenta de que su compañero llevaba la espalda ensangrentada, y que le había manchado el rostro con su sangre.

¿Él también estará herido? A decir verdad, le dolía tanto todo el cuerpo que, si estaba perdiendo sangre por alguna herida especial, no lo notaba.

- Este… este hombre va herido… - balbuceó - ¡Este hombre va muy herido! ¡Ayúdenlo! Va destilando sangre por todos lados ¿No hay nadie que lo ayude?

- ¡¡CÁLLATE!! – el rugido resonó en todo el espacio de la cueva de tal modo, que Neil hasta sintió remecerse el suelo a sus pies. De inmediato, sintió un flagelo quemante en su espalda, y otro más en sus nalgas.

El joven lanzó un alarido que salió de lo más profundo de su ser y esta vez, sí cayó de rodillas a causa del ardor, que lo venció.

“Camina…” escuchó susurrar  “¡Camina, no te quedes ahí!”

- Me duele… - gimió él, con las lágrimas ya brotando sin que las pudiera detener - ¡Me duele mucho! ¿¡Qué es lo que está pasando!? – gritó - ¿¡Qué es este lugar!? ¿¡Por qué estamos así y a dónde nos llevan!?

Mientras Neil, de rodillas dejaba salir su llanto confundido, la fila se cerró a su costado; todos los demás que venían detrás de él continuaron su camino, dejándolo ahí.

“¡Párate!” escuchaba que le decían pequeñas voces encogidas de terror, desde la fila “¡Levántate!” Pero él no las obedecía.

Ahora entendía por qué el hombre que estaba delante de él traía la espalda en carne viva; ahora que sentía correr por su espalda y su pierna derecha, los cálidos goterones de sangre que brotaban del lacerante latigazo que le había dejado un profundo corte en ambas partes.

- ¿¡¡QUÉ ESTÁ PASANDO!!? – Gritó, sollozando desesperado - ¿¡Qué es este lugar y por qué estamos aquí!? ¿Dónde está mi ropa, mis pertenencias? ¿Dónde está mi hermana? ¿¡Qué han hecho con ella, malnacidos hijos de putaaaa!?

“¡Cállate!” le volvían a decir las voces encogidas de quienes caminaban en la interminable fila “¡Párate, vuelve a la fila!” “No sigas hablando”  “¡Los vas a hacer enojar!”

- ¿A quiénes? – preguntó Neil, incorporándose con mucha dificultad - ¿Quiénes son? ¿Por qué estamos aquí? ¿A dónde nos llevan… qué quieren?

A cada pregunta, Neil intentaba detenerles sujetándoles por los brazos; pero ellos no se dejaban tomar; simplemente seguían caminando, mientras le repetían que caminara, que se metiera a la fila, que siguiera andando y dejara de hablar; pero él no obedecía. Quería respuestas, quería saber dónde se encontraba; dónde estaba Eliza, y porqué estaban así.

¿Acaso los habían raptado piratas que los llevaban para esclavizarlos?
Neil tenía que salir de ahí, deshacerse de sus ataduras y saber dónde es que estaban.

Siguió la fila, pero no dentro de ella; a como le permitieran sus pies engrillados, iba siguiendo la fila a un paso quizá más rápido, mirando a todos los rostros a ver si veía a alguien conocido.

Varios metros adelante, una larga cabellera cobriza llamó su atención.
Se fue hasta allá, más saltando que caminando, clamando el nombre de su hermana; pero al alcanzarla se fijó que no era ella.

¡Se moría de sed! Sentía que la respiración le fallaba. Ese lugar, era muy caliente; quizá era alguna isla del Caribe, o algún trópico a donde los habían llevado sus captores…

Miraba en derredor suyo y solo veía rocas, un interminable desierto agreste y escarpado lleno de rocas y abismos. A lo lejos, la multitudinaria e interminable fila de personas encadenadas, como él, que seguían marchando en un camino que parecía no terminar jamás.

Más allá, en las penumbras del vasto horizonte, decenas de luces como candiles, alumbraban levemente; le pareció a él, como las luces de velas en las ventanas de edificios altos.

No entendía bien qué era lo que veía;  todo eso, bajo un cielo gris acero, encapotado de nubarrones negros que a ratos era surcado por relámpagos violáceos, cuyo trueno se dejaba escuchar de manera casi ensordecedora; como si estuviera a punto de desatarse la peor de las tormentas.

A su memoria llegó de inmediato la tormenta que puso su vida y la de su hermana en peligro.

Neil y Eliza habían decidido dejar Florida, sumamente aburridos.
Después de meses de estar allí, se aburrieron pronto de la playa y los cortos placeres que esta pudiera ofrecerles.

La verdad es que ahí no tenían amistades, y salir a divertirse “por ahí”, estando tan cerca la tutela de papá y mamá, no era algo muy atractivo.
Decidieron convencer a sus padres de que necesitaban conocer mundo; así que, bajo la condición de que Neil siempre estuviera con su hermana, les permitieron embarcarse en un crucero que los llevaría por el Mediterráneo.

¡Un viaje soñado! Y lo que realmente necesitaban para olvidar tantas vicisitudes, y el rechazo de una rubia, que todavía hacía mella en el orgullo del moreno.
¡Todo iba, literalmente, viento en popa! Pero de pronto, se había desatado tal tormenta…

Primero, era una ligera llovizna, y sí, el mar se mostró algo picado; pero nada que no pudiera considerarse como “normal” dentro de lo que al Atlántico se refiere. Nada de lo que preocuparse.

Mientras afuera, el mar se revolvía de una manera casi sobrenatural; adentro, los bares, restaurantes y casinos, seguían haciendo las delicias de los viajantes que se divertían sin restricciones ahí dentro, mejor de lo que podrían hacerlo en la misma Las Vegas.

El Capitán de ese barco, con una taza de té en su mano, observaba desde lo alto de su puesto de mando; cómo el licor corría como el agua de mar afuera, y la gente lo apostaba todo, ganando y perdiendo, en el casino del crucero.

Ahora mismo, su mirada estaba fijada en aquella pelirroja de largo y entallado vestido rojo que, sin saber ni cómo, tenía una montaña de fichas de mil a su lado; mientras en su rostro brillaba una sonrisa ladina y sus ojos brillaban con codicia.
El capitán del barco, sonrió de manera parecida. Sí, era ella, la había encontrado…

En un extremo de la barra, en cambio; su hermano fumaba un cigarrillo importado, mientras degustaba un excelente whisky de 18 años.

Diversión y euforia; entretenimiento a manos llenas. Nadie se aburría nunca en su crucero.
El capitán siempre se aseguraba de que fuera así.

De pronto, las alarmas comenzaron a sonar, y los encargados empezaron a dar las alertas de evacuación.
Los chalecos salvavidas comenzaron a ser repartidos.

Nada importaron los millones de fichas juntadas por los ganadores, ni las alhajas que quedaban abandonadas en las cajas fuertes de cada camarote de ese crucero de lujo.

No, porque en esos momentos, nada importa realmente. Lo único importante era salvar la vida.
Neil tomó a su hermana de la mano, y siguieron todas las directrices que les daban los marineros, pero el caos reinaba.

El trasatlántico hacía aguas ràpidamente, y no había manera de parar el hundimiento.
¡Esto iba a ser otra desgracia similar a la del Titanic de hace apenas unos cuántos años!

¿¡Pero en qué maldición se habían metido!? Por buscar escapar de una rutina buscando diversiones banales, habían puesto en riesgo la propia vida.

El buque comenzó a hundirse rápidamente, los botes salvavidas no alcanzaron a llenarse. Neil logró subir a su hermana a uno, y él subió tras ella, junto con otras 11 personas; pero el bote apenas alcanzó a tocar la superficie marina.

Una “ola brava” dio de lleno con el barco haciéndolo ladear y perder posición.
Este cayó hacia un costado precipitándose con fuerza sobre varios botes salvavidas que terminaron hechos astillas.

El grumete del bote donde iban los hermanos, comenzó a remar con toda su fuerza, los hombres ayudaron; sin embargo fue imposible alejarse lo suficiente. La mole del trasatlántico comenzó a hundirse vertiginosamente, y al hacerlo, fue arrastrando consigo a todos los botes que no habían conseguido alejarse lo suficiente.

Las personas del bote de Neil y Eliza, saltaron al agua, ellos también lo hicieron, buscando desesperadamente nadar para alejarse.
Mala noche para ponerse un vestido de coctel largo ¿Verdad?

La pelirroja no lograba nadar con celeridad, la falda del vestido se le enredaba en las piernas, lo entallado le impedía moverse, y sentía que a cada movimiento, mil agujas se le clavaban en las pantorrillas.

El Atlántico es un mar helado…

Neil intentó con todas sus fuerzas sujetar a su hermana, pero la fuerza de succión del trasatlántico que se hundía velozmente, terminó arrebatándosela.

Neil vio a su Eliza hundirse ante él,  junto con cientos de personas en una especie de embudo gigantesco que se formó, chupándolo todo a su paso, como un agujero negro.

Ahora entendía que no la hallara entre los rehenes que marchaban; ella no podría haber sobrevivido a eso…

Neil en cambio, se aferró a los maderos de un bote salvavidas destruido; se aferró a él con las fuerzas que le quedaban clamando el nombre de su hermana desde lo profundo de su pecho, a gritos y sollozos que se confundían con los lamentos de las personas que, al igual que él, se aferraban a lo que podían para intentar salvar la vida, abandonados en medio del Océano Atlántico.

Neil no supo cuándo, el frío y el cansancio lo terminaron venciendo y se quedó profundamente dormido; para despertar, desnudo y encadenado, en ese lugar que no entendía.

- ¡¡TÚ;  A LA FILA!!

Neil no alcanzó ni a reaccionar, cuando se dio cuenta, un par de manos gigantescas, grotescas y de largas uñas sucias, lo tomaron por los hombros y lo arrojaron varios metros de distancia.

Él grito desesperado del muchacho, retumbó por todo el espacio; al caer, Neil juraría que había podido escuchar cómo se partía su nariz y parte de su pómulo izquierdo.

La fila se detuvo y los condenados voltearon a mirar lo que sucedía; Neil se incorporó como pudo, escupiendo sangre y tierra. Sintió el suelo cimbrar, eran como golpes acompasados que lo hicieron mirar detrás de sí, y cuando lo hizo, pudo sentir sus esfínteres desobedeciendo todo mandato de su mente que quedaba en blanco; todo posible pensamiento, totalmente borrado, para dar paso al terror más básico y absoluto que ser humano pueda llegar a sentir.

Un alarido se escapó de su garganta, seguido de un llanto absolutamente sincero y pueril, producto del terror que lo invadía en ese preciso instante.

Intento moverse pero sus miembros no le respondieron con propiedad, atinando simplemente a arrastrarse como un gusano que apenas se mueve, sin poder despegar la mirada de esos seres de pesadilla que llegaban a rodearlo.

Neil, sin poder moverse, se agazapó en el suelo, temblando sin control y cubriéndose la cabeza con las manos.
La idea de que él y los sobrevivientes del trasatlántico habían sido raptados por piratas, desapareció de su mente, y solamente lograba escuchar como un pitido en sus oídos, como si alguien estuviera soplando un silbato muy fino justo en sus orejas.

- ¿¡Qué es esto!? – comenzó a pensar - ¿¡De dónde salen estas creaturas horribles!? ¡Debo estar soñando! Despierta ¡¡Maldito seas despierta!! – se repetía a sí mismo mientras se daba con los puños en la cabeza – Esto no es ninguna isla ¡¡Esto es el mismísimo infierno!!

Mientras estas ideas se iban formando en su mente; seguía escuchando esos pasos retumbantes que hacían cimbrar la tierra cada vez más fuerte.

A medida que sentía su cercanía, solo podía murmurar “¡¡D-s mío… D-s mío… D-s mío…!!”

Intentó recordar alguna plegaria, pero lo cierto es que nunca prestó atención a las misas en el colegio, ni siquiera el “Padre Nuestro” se sabía completo, y murmuraba lo poco que se sabía repitiendo siempre el mismo verso.

Sintió nuevamente esa mano quemante sobre él, pero ya no fue un golpe, sino un agarre.
La bestia que venía por él lo tomó por la nuca, elevándolo del suelo y colocándolo frente a sí.

Neil pudo verse a sí mismo, su rostro desfigurado por la golpiza de hace un instante, en los grandes ojos absolutamente negros del ser que lo sujetaba.
Comenzó a murmurar lo poco que se sabía de la oración con voz más alta; mientras la creatura reía con esa voz gutural y brutal que poseía.
El ser comenzó a hacerle dúo repitiendo la oración mejor de lo que lo hacía él.

Neil guardó silencio, siendo presa de la total desesperanza. Si aquella creatura infernal podía repetir el Padre Nuestro sin encenderse en llamas a sí mismo, entonces no había nada que pudiera rescatarlo de ahí.
Sintió las lágrimas recorrer sus mejillas, mientras veía la gran boca roja de aquel demoníaco titán abrirse en una terrible y ensordecedora carcajada, mostrándole tres hileras de dientes afilados que brillaban como cuchillas.

- Eso está prohibido aquí, pequeñito… - le dijo – pero mira tu suerte; no queremos “cagasantos” en este lugar, así que no seguirás con los demás…

Las personas que seguían marchando en aquella interminable y eterna fila, lo miraron con pesar; muchos comenzaron a cuchichear, Neil vio a muchos llorar por él.

Las otras creaturas infernales que observaban la escena, comenzaron a hacer restallar sus largos y afilados látigos sobre las espaldas de los demás condenados, reventándoles la carne; obligándoles a avanzar en la fila.

Neil se dejó llevar por el gigante;  mientras este caminaba llevándolo sujeto de la nuca como si fuera un muñequito, Neil logró divisar que aquellas luces que veía antes, eran sombríos castillos que se alzaban a lo lejos; el más imponente de todos, en la cima de una enorme y empinada montaña. Sin saber que, desde una de las ventanas, de uno de esos castillos; alguien observaba con muchísima atención cada uno de sus pasos.

Alcanzó a ver Neil, a dónde es que se encaminaba la gran fila de condenados; y los alcanzó a ver, como una fila e hormiguitas, todos encaminándose hacia el gran castillo negro de la montaña.
Llegaban hasta un sitio donde Neil comenzó a sentir un calor verdaderamente sofocante, tanto que hasta sentía que le faltaba la respiración  a ratos.

Al llegar, vio otro espectáculo deplorable: cientos de personas hacinados en jaulas tan pequeñas que apenas cabían de pie y apretujándose unos con otros, haciéndose daño con los barrotes.
Todas esas personas imploraban clamando el nombre de D-s y eso parecía  divertir a los seres que les tenían cautivos.

Los que estaban enjaulados, luchaban por no dejar asomar ni un miembro entre los barrotes, pues terribles bestias cuadrúpedas, de horrendas fauces y razas indefinibles, estaban atentos a cualquier resquicio de carne que se asomara, y atacaban de inmediato, desgarrando y llevándose miembros enteros de estas personas que, estaban obligadas a vivir en constante tortura pues no llegaban a morir, por graves que parecieran sus heridas.

“Estoy en el infierno…” pensó Neil “Nunca creí que esto pasaría ¿en verdad he sido tan malo? ¡Qué fue lo tan terrible que hice para merecerme estar aquí!”

- Mira pequeñito…- habló la bestia que le traía respirándole su aliento fétido en la cara – aquí termina tu viaje. Te dije que no irías con los demás ¡No nos sirves si piensas en pendejadas! Igual que ellos – dijo, señalando a los condenados que gemían y sollozaban, sin dejar de clamar el nombre del Salvador – tú, igual que ellos ¡te vas directo a los hornos!

Una compuerta gigantesca se abrió en una pared de roca y la humareda rojiza de la lava incandescente que hervía ahí dentro, le escaldó el cuerpo.
Una de las bestias agarró una de las jaulas, y la vació entera dentro de las fauces volcánicas.

Neil pudo ver como las gentes que caían ahí, se iban calcinando de a poco, entre terribles lamentos de sufrimiento hasta que desaparecían.

- No sirven para nada, como tú… y por eso, son incinerados, como la basura que son.

- ¡No! – comenzó a balbucear Neil - ¡No, por favor! ¡No no no!

Y luchaba por desprenderse del terrible ser, pataleando, golpeándolo si era necesario.
El ser simplemente lo zarandeaba como si fuera un muñequito de trapo, mientras él sentía la sangre de su hombro izquierdo manarle por la espalda, al sentir las uñas del titán horadando su piel, asegurando el agarre.

Justo cuando estuvo a punto de lanzarlo, fue detenido por otro de aquellos seres.

- Espera, este no. Lo necesitan allá arriba.

- ¿¡A este alfeñique!?

- Sí, lo solicitan específicamente y de inmediato.

Entonces Neil cayó pesadamente al piso de rocas, temblando, completamente aterrorizado.

Vio al demonio que lo sujetaba pasar a su lado, resonando sus terribles pisadas, encaminándose a tomar a otro infeliz, y tomarlo de su juguete; zarandeándolo y arrojándolo hacia uno de sus compañeros, como si fuera una pelota.

- ¡Camina! – rugió el otro ser, que lo levantó del suelo de un puntapié, y lo obligó a caminar un tiempo que le parecieron horas.

Neil sentía que su cuerpo comenzaría a caerse a pedazos, sentía los pies en carne viva, pero no se quejaba.
Habíase librado recién de desaparecer calcinado en aquel horno de lava. No sabía a dónde lo llevarían ahora, ni qué le esperaba.

Escuchaba los alaridos de los condenados y las risas ensordecedoras y crueles de sus captores, y ahora pensaba si no hubiera sido mejor terminar de una vez con todo, dejando que su alma se desintegrara dentro de aquel horno infernal, en lugar de estar viviendo aquella interminable tortura que lo encaminaba hacia quién sabe qué nuevo horror.

A tirones y empujones, este nuevo captor lo obligaba a subir una empinada y escarpada ladera, rumbo a uno de los castillos.
Al llegar, Una enorme puerta levadiza, como de castillo medieval, comenzó a descender, haciendo sonar sus goznes tétricamente.

Pronto entendió él por qué el puente, cuando sintió una mano fría como el hielo, que se aferró a uno de sus pies, intentando jalarlo hacia el vacío absolutamente negro de aquel pozo.
El guardián que le guiaba, tomó su lanza y la clavó profundamente en aquella mano grisácea y anormalmente larga que lo soltó en el acto, dejándole en la pantorrilla una quemadura helada.

Ellos entraron al castillo, y al cerrarse tras de ellos la puerta levadiza; un frío helado lo recorrió de pies a cabeza, y su aliento se convertía en volutas de vapor ante sus ojos.

- ¡Hace demasiado frío…! –balbuceó.

- ¡Tú camina! – le repitió su guardián, dándole un empujón que lo hizo adelantarse varios pasos.

De inmediato se elevó bajo ellos una plataforma que comenzó a subir tan vertiginosamente, que Neil perdió el equilibrio cayendo de rodillas; los alaridos de la creatura del foso se seguían escuchando, incluso varios niveles hacia arriba, mientras, entre la velocidad que llevaba aquel elevador, Neil percibía habitaciones, pasadizos, creaturas diversas.

Se  abrazaba a sí mismo, seguro de que no iba a soportar tanto frío; pero recordó a los condenados de allá abajo.
Las heridas terribles que tenían, las torturas innombrables que recibían, y continuaban con aquella “vida” sobrenatural.

Estaban condenados a sufrir, literalmente en carne propia, todo tipo de padecimiento; sin que el consuelo de la muerte llegara a ellos… Eso, era el infierno.
Sufrir y seguir sufriendo, sin hallar consuelo pero sin hallar desenlace tampoco.

Era demasiada información para asimilar de golpe; ya ni siquiera estaba seguro de que estaba ahí, comenzó a pensar que se había vuelto completamente loco.

Cuando el elevador se detuvo, lo hizo tan abruptamente que Neil cayó de bruces al suelo, con el estómago en la garganta.
Si hubiera tenido algo que vomitar, sin duda lo habría hecho.

El demonio que lo guiaba, lo asió de un brazo, poniéndolo de pie con brusquedad.
Neil caminaba con la mirada baja; estaba absolutamente desnudo a pesar de que los seres que pasaban a su lado, ni siquiera lo miraban.

- ¡Entra ahí! – rugió el ser, empujándolo hacia dentro de una habitación, y cerrando la puerta tras de sí.

Neil se quedó a solas en aquella habitación, que como si fuera una ligera bendición en medio de tanta inmundicia, halló cálida; a pesar de la oscuridad que la dominaba.
Solamente al fondo la ligera luz de lo que parecía ser un candil, alumbraba ligeramente.
Esa era una de las innúmeras luces que Neil viera desde allá abajo.

Por la ventana, lograba verse aquel cielo acerado, eternamente tormentoso; alumbrándose a ratos con los haces violáceos de una tormenta que amenazaba constantemente pero no terminaba de llegar.

Avanzó hacia la oscuridad de la habitación, tanteando con sus manos aún engrilladas; no sabía qué buscaba, pero cualquier cosa que le sirviera de algo estaría bien.

Si hallaba alguna lanza o algo puntiagudo con lo que se pudiera liberar.
Si hallaba alguna prenda, o algún pedazo de tela ¡alguna cortina siquiera! Algo con lo que cubrirse.
Por un instante se le cruzó por la mente, palpar las paredes a ver si hallaba un interruptor de luz…

Sintió movimientos a su espalda; Una puerta distinta se abría ante él.
Neil se arrellanó a la pared, sintiendo que su corazón se revolucionaba de tal manera que ya lo sentía doler.
La oscuridad que llenaba esa habitación no se amainaba de ninguna manera; la puerta que se abrió, no dejaba entrever sino más oscuridad.

Escuchó unos pasos ligeros ingresando. No eran los pasos pesados de aquellas moles demoníacas que torturaban a los condenados. Estos eran pasos de un ser humano.

Los pasos cesaron, y él, arrellanado al muro, cerró los ojos sin querer ver lo que le iba a venir.

¡Que todo terminara ya de una vez! Estaba a punto de suplicar a los gritos que lo devolvieran a los hornos ¡Quería terminar ya con todo!

- Neil…- escuchó de pronto – hermano.



Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 93802610


(CONTINÚA AQUÍ )

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cilenita79

cilenita79
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Esto esta magnifico... te dejo otro tema, que estoy escuchando mientras te leo



Claudia Ceis

Claudia Ceis
Niño/a del Hogar de Pony
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Oh vaya cuánto suplicio para Neil  Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 194499 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 194499

Cherry Cheddar

Cherry Cheddar
Niño/a del Hogar de Pony
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¡hala, qué pasada! al final sobrevivió... wuay, wuay... tope de wuay

Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 162544 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 162544 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 162544

Rhodb

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Niño/a del Hogar de Pony
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Hasta pavor me dio,l inferno Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 504400 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 504400 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 504400 sería un sueño 😭 o en verdad Neil estuvo ahí. Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 971718 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 355103 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 355103 Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 971718 te sigo Wendolyn Leagan 😊

igzell

igzell
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Desde La Mansión Leagan, cumpliendo un reto "EL CONDENADO" 891429 la Eli es la privilegiada ahi,por queeeeeeeeeeeeee???? es por lo que dijo el monstru aquel de aquellos que llamaban a ese Dios? ay la Eli si es realmente la reina de a maldad xD

http://larojamelenaquesellevoelviento.blogspot.com/

Maga Cafi

Maga Cafi
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Que fuerteeee, Neal sufriendo los suplicios del averno solo para terminar encontrándose rescatado por su propia hermana!!!!

Necesito me expliquen que está pasando... yo creo que El Capitan que puso atención en la bella vestida en rojo, alguna relación tiene...
Voy corriendo a ver de va esto!!!!🏃‍�🏃‍�🏃‍�🏃‍�🏃‍�🏃‍�

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