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 » El Ciber Hogar de Pony » Guerra Florida 2018 » ** Musas Ardley ** Terry y Marianne ** Apología No. 2 para Terry ** REGALO PARA GEZA Y CUMPLEAÑERAS QUE LA ACOMPAÑAN **

** Musas Ardley ** Terry y Marianne ** Apología No. 2 para Terry ** REGALO PARA GEZA Y CUMPLEAÑERAS QUE LA ACOMPAÑAN **

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Lady Lyuva

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony

** Musas Ardley ** Terry y Marianne** Apología No. 2 para Terry** Minific de celebrancia de cumpleaños **

PUES DANZÓN DEDICADO A GEZABEL Y A TODAS LAS CUMPLEAÑERAS DE ABRIL. Con hartísimo cariño y ninguna presión (excepto las hachas) y de parte de todas las Musas Ardley, ¡Felicidades!.


Ya saben, los personajes pertenecen a Mizuki/Igarashi, yo nomás los agarro para combinarlos y ver qué sale. Marianne es creación mía, espero les agrade. A quien se pregunta quién demonios es Marianne, es un personaje creado por mí, melliza de Candy y por ahí en mi cuenta en Fanfiction y en las anteriores guerras, hay trabajitos sobre ella, pero pregunten con toda confianza.

oOoOo

Y ahí viene otra vez, hablando sola (ya eran un par de veces que la escuchaba en sus soliloquios, aunque anteriormente solo la miraba pasar y perderse entre los árboles y luego veía la figura rubia que regresaba a los edificios del colegio). Parece loca, pensó la primera vez que la escuchó, pero, ¿quién es él para juzgar a otra persona por un hábito que él ha conseguido dominar desde hace un par de años? Claro, con la boca ocupada en un cigarrillo, o en últimos tiempos la armónica que Tarzán Pecosa le obsequió, ya no sufre para mantener sus pensamientos en su mente, en lugar de que salgan por su boca, excepto en su habitación.

Sin embargo, esta chica parece no preocuparse de lo que piensen de ella; muy por el contrario, junto con su hermana, parecen darse la gran vida cuando están juntas y solas en la “Segunda Colina de Pony”, como le dijo Candy que se llamaba su colina favorita. Y ya pudo él invocar el privilegio de tener más tiempo en el Real Colegio San Pablo, pues Candy no puso reparos en echarlo de la colina cuando le vio fumando. Por eso la armónica, se la obsequió con la condición de que dejara el cigarrillo y la tocara. Por esta vez, decide hacerse presente, porque además le llama la atención que se presente sola, ya que por lo regular, siempre están juntas Candy y Marianne. Y es también raro verla sin libros en la mano, pues los chismes escolares cuentan que es una sabihonda, un ratón de biblioteca, capaz de tragarse un libro entero en una sola tarde.

-¡Hey! –llama desde lo alto del árbol, donde acostumbra tomar el sol al atardecer.

Tiene el placer de ver a la chica sobresaltarse y soltar un aguda exclamación de miedo, el cual se troca en enojo, cuando descubre al invasor.

-¡Tonto, me asustase! –la chica le mira en alto, colocando sus manos en la cintura.

-Venías tan ensimismada platicando con tu amigo imaginario… -se burló el muchacho castaño.

Marianne tiene por costumbre no demostrar su azoramiento ante cualquier hecho que fuera vergonzoso, eso era parte del encanto que atraía a ciertos chicos de la escuela.

-Ya era prácticamente un debate entre un selecto público –comentó.

-Sube –pide Terry, con mirada pícara.

-Mejor baja tú –replica la rubia-. No se me da muy bien trepar a los árboles.

-Yo no quiero bajar –responde el rebelde muchacho, siempre llevando la contra a todo el mundo.

-Pues no bajes –la chica parece ir un paso adelante.

-¿A dónde te diriges? –preguntó Terry.

-En sí, venía a la colina de Pony –informó la muchacha-. He acabado los deberes antes que Candy y Patty y me dolía la cabeza.

-Todavía no dan la hora del recreo, te meterás en un lío si te descubren –comentó Terry en tono grave.

-La Hermana Margaret no me vio salir –explicó, con sonrisa cínica, Marianne-. ¿Y tú? –preguntó a su vez-. ¿Terminaste temprano las tareas? ¿O simplemente, no las hiciste

-Lo segundo –Terry se recargó contra el tronco, algo molesto por el tono de la muchacha.

Sin embargo, Marianne no poseía el alma de buena samaritana de Candy, así que simplemente se encogió de hombros y le volvió la espalda, dispuesta a regresar a los dormitorios, a fin de esperar a Candy y a Patty.

-¡Espera, Marianne! –Terry acabó por bajar del árbol.

]La chica se volvió, deteniéndose, pero no se acercó a Terry. Los ojos azules de Marianne le miraban con cierta suspicacia y un algo de curiosidad.

-¿Candy vendrá a la colina? –preguntó él en tono cauteloso.

-No, si yo lo evito –replicó la chica con cara seria-. Siempre que tú y ella se encuentran, acaban peleándose –no le dijo que la mayoría de las veces, Candy lloraba de rabia por no ganarle al mequetrefe que tenía enfrente-. Me harté de servir de réferi.

Terry se quedó frío un momento, impresionado por la fuerza de la muchacha. Marianne era todo lo contrario de Candy. Y ¿para qué negarlo? A él le atraía Candy; sin embargo, era cierto lo que decía Marianne, casi siempre que se encontraban, acababan de pleito. Ni siquiera sabía a bien porqué, todo era cuestión de que ella hiciera mención a su vida en América, para que brincara enojado, al escuchar cómo describía la “maravillosa vida que había llevado en Lakewood”. Si tanto le gustaba, ¿para qué venir al colegio? Una pregunta un tanto boba, puesto que seguramente su padre adoptivo fue el que decidió que los Cornwell y las White asistieran al Real Colegio San Pablo.

-No pelearemos –prometió impulsivo.

-Sí lo harán –declaró la chica-. Nos vemos después.

Marianne se alejó de Terry, esperando que no fuera capaz de seguirla, porque si las monjas la descubrían, se vería envuelta en un problema muy grave. Y todo por un chico que a ella no acababa de caerle bien. Demasiado rebelde para ser cierto, demasiado orgulloso y pedante para su gusto.

-¡Marianne! –el llamado de Patty y Candy la sacó de sus pensamientos-. Ibamos a la Segunda Colina de Pony.

-Terry está ahí –atajó Marianne.

Candy se quedó indecisa, por un lado, le gustaría ver al muchacho, pero por otro… si se volvía a pelear con él, Marianne no escatimaría el sermón antes de retirarse a dormir.

Terry, por su parte, se abstuvo de seguir a la muchacha, pues se daba cuenta de que no era santo de su devoción. En sí, era una de las pocas mortales del colegio que no le veneraba una pasión secreta. En un principio, intentó hacerse a la idea que Marianne y Candy rivalizarían por su atención. Pero no fue así, ni Candy resultó tan cándida y dulce como él esperaba, ni Marianne tan decidida y prendada por él, como deseaba. Es más, la rubia de ojos azules tenía en común con él un lenguaje sarcástico y burlón cuando quería. Sus respuestas eran veneno puro, si le picaba un poco el orgullo.

Cuando Marianne y Terry se divisaron en el barco, un par de días antes de llegar a South Hampton, Marianne no imaginó cuanto llegaría a detestar al muchacho, quien en el barco era callado y taciturno. Ni siquiera habló de él con Candy o con George, porque no había nada que contar sobre el joven castaño de ojos azul-verdes que encontró reclinado en la barandilla del barco una tarde, mientras ella daba un paseo a solas, o cuando le vio momentáneamente al regresar a su cabina una mañana, antes del desayuno. Vaya que es guapo, sin embargo, a ella no se le daba eso de dejarse llevar por el físico de los demás. Y su posición como hijo del Duque de Grandchester tampoco la impresionaba. Candy le contó la forma en que se burló de ella la noche anterior a llegar a South Hampton, y cuando le vio armando aquel tinglado la primera mañana que ellas pasaran en el colegio, le resultó chocante, más que interesante y rebelde. Es más, de acuerdo a su pensar, una persona rebelde hace las cosas por su propia convicción, sin alardear de ello.

No, definitivamente, Terry Grandchester no sería jamás santo de su devoción.

oOoOo

Mientras abrazaba a Terry, Marianne pudo sentirse sorprendida por su cambio de sentimientos respecto al actor. No era un chiquillo, aunque todavía no acababa de entrar en la hombría. Mucho más alto que cuando le conoció en Inglaterra, sus hombros también se habían ensanchado y la joven pudo darse cuenta porqué contaba ya con una serie de fans tras él. ¿Quién le iba a decir a Marianne que al mudarse ella a Nueva York acabaría siendo tan amiga de Terry G. Grandchester? En los meses que habían pasado, desde el arribo de ella, los dos se habían convertido en amigos cercanos.

Pensar que Terry se mostraba tan enamorado de su hermana. Y sin embargo, ahora era ella quien se encontraba abrazándole estrechamente. Le sintió temblar y se permitió acariciarle el cabello castaño con ternura. Terry comenzó a sacudirse y la chica le sujetó con fuerza, como diciéndole que ella estaba con él y que podía contar con ella.

-Lo siento, Marianne –murmuró Terry, todavía con la boca pegada al oído de ella-. No quería meterte en esto.

Marianne dejó escapar el aire en un ligero bufido, no de molestia, sino de alivio al ver que el muchacho se recomponía un poco.

-Para eso estamos los amigos, Terry –comentó.

Terry acabó por soltarla y pasarse el dorso de la mano por los ojos, a fin de enjugarse el torrente de lágrimas que había derramado. Marianne se abstuvo de indicar que dichas lágrimas le habían mojado la bata de noche.

-Creo que necesito un trago –pidió Terry, con voz baja.

-No –negó Marianne-. Lo que menos necesitas es algo que te estimule, sino que te calme.

Se levantó del sofá de la sala, apenas alumbrada por una lámpara sobre la mesita al costado del mismo, y que ella usaba para leer, cuando estaba a solas.

-Te traeré té –indicó.

Terry frunció los labios, pero no se negó al ofrecimiento, aunque su cuerpo pedía licor.

La escuchó trajinar en la cocina de su departamento, mientras prendía la estufa y ponía a calentar el agua. Acabó por levantarse y entrar en la misma. Ya otras veces había visitado a Marianne en su hogar, así que conocía un poco la disposición del mismo.

-Yo sacaré las tazas –decidió y se acercó a la alacena donde estaban guardadas.

Pronto, el olor de la manzanilla inundó la cocina y los dos se encontraron sentados frente a frente.

-¿Qué pasó, Terry? ¿Me lo puedes decir ahora?- -indagó con voz tranquila Marianne.

Era más de medianoche; Terry había llegado y tocado en su puerta, hasta que ella abrió; de pronto, vio entrar al muchacho, vestido aún con el traje de Romeo, extrañándose de su presencia. ¿Acaso venía de ensayar la obra? Terry entró, ante la invitación de la joven de cabellos rubios revueltos y envuelta en la bata de dormir. Y cuando Marianne le preguntó qué hacía ahí, se derrumbó y comenzó a llorar, abrazándose a ella como si se le fuera la vida en ello.

-Siento haberte asustado –se disculpó el muchacho.

Con Marianne, Terry había cambiado mucho. Hasta que la muchacha le buscó en el teatro, recién llegada a Nueva York, pudo darse cuenta Terry lo solo que se encontraba en la Gran Manzana. Antes no lo hubiese admitido ni aunque le arrancaran las uñas, pero en estos momentos, mientras se disponía a abrirse de capa ante ella, le era fácil aceptarlo: la quería como a una hermana. O más bien, la quería como nunca podría querer a su propia hermana (o media hermana, para ser exactos). En el departamento de Marianne, encontró un poco del calor de hogar que ella y Candy desprendían en cualquier lugar, y que era herencia del Hogar de Pony, consecuencias de haber sido queridas desde niñas.

Y no se diga cuando entró en su vida Verónica. ¡Nunca se imaginó de tío! Cuando la rubia chica llegó de sus vacaciones, cargando con un bebé de tres meses, Terry se vio envuelto en la magia de la nena de ojos y cabellos oscuros. Cada semana, apartaba un poco de su exiguo gasto para comprar golosinas y juguetes para la niña, quien le dedicaba sonrisas en cuanto le veía y le tendía los bracitos para que la levantara. Disfrutó de cenas preparadas por Ireri, la mujer purépecha que se había trasladado hacía poco con Marianne. Así, en cuanto pasó aquel encontronazo con Susanna Marlowe, Terry no tuvo empacho en correr y confiarle a Marianne lo que la joven actriz le había confesado: que le amaba. Marianne había perdido mucho de aridez para hablar, producto de sus estudios, le escuchó en silencio y comentó:

-Se había tardado en decírtelo.

-¿Acaso tú lo sabías? –preguntó Terry, un tanto molesto y un tanto sorprendido.

-Se le nota a leguas –respondió Marianne.

-¿Por qué no me lo advertiste? –reclamó el actor.

-Porque no me correspondía a mí decírtelo. Era decisión de Susanna. Y muy bien pudo guardarse su sentir, sabiendo que tú tienes novia –replicó Marianne-. Ahora, eres tú el que tiene que tomar una decisión.

Pero antes de poder pensar en nada más, ocurrió el accidente. Y aquí estaba nuevamente con Marianne, confiándose a ella.

-Susanna tuvo un accidente –informó, apretando entre sus manos la taza de cerámica que se mantenía caliente por el té y tragando salivo continuó-. Perdió una pierna.

Le contó, con lujo de detalles, lo sucedido ese día: como Susanna le había quitado del medio y la tramoya había caído sobre ella. El traslado al hospital y las horas pasadas en la sala de espera. La noticia de que la muchacha había perdido la pierna derecha por salvarle.

-Fue mi… -comenzó a hablar el muchacho.

Marianne le interrumpió veloz y firme:

-No se te ocurra decir que es culpa tuya.

Terry guardó silencio, con el dolor pintado en el rostro. No, era culpa suya que Susanna hubiese perdido una pierna. Pero sí era el motivo de la acción de Susanna.

Susanna que le amaba, Susanna que le seguía y le atosigó con su presencia y su declaración de amor. Susanna, que no se alejó de él, a pesar de las bruscas maneras con las que la trataba, a pesar de las palabras cortantes y de la declaración por parte de Terry de que amaba a Candy. Susanna, quien le había pedido que no hiciera venir a la rubia pecosa a Nueva York al estreno de la obra. De pronto, Terry cayó en la cuenta de todo cambiaría para la obra: habría que buscar una nueva actriz que interpretara el personaje de Julieta. Y él tendría que adaptarse a otra mujer que actuaría en lugar de Susanna; además, tendrían que arreglar el escenario, que quedó dañado por el accidente.

De pronto, se dio cuenta de que su mente divagaba. Y no era para menos, era tarde, el día había sido muy largo y estresante. No había descansado prácticamente nada. Y su cuerpo le pedía a gritos una copa. Eso último lo calló, sabiendo que Marianne no estaría de acuerdo en que bebiera.

Un ruido en la habitación infantil en la cual dormía la pequeña Verónica les distrajo a ambos. Y Terry se dio cuenta que debía marcharse, pues además de todo, estaba comprometiendo a su amiga con su presencia a horas tan impropias en su departamento.

-Debo irme –avisó y se puso en pie.

-Terry, no tomes una decisión por ahora, deja que las cosas sigan su curso.

¿Su curso? Terry miró confundido a Marianne.

-Disculpa que sea tan directa y dura, pero no eres tú quien tiene que cambiar su vida por lo sucedido.

La chica no agregó nada más y Terry la miró con ojos duros. ¿Qué no entendía nada? Susanna hizo lo que hizo por él. Y eso no podía dejarlo de lado.

-Me voy –avisó nuevamente, con tono seco, el cual no había usado con Marianne desde los días de colegio-. Perdona si te molesté.

Ya no dejó que la chica le dijera nada más y salió de prisa. Marianne no pudo seguirle, pues el llanto de su hijita se dejó oír, exigiendo un biberón.

oOoOo

Una sola copa en las noches –se repetía como un mantra-, Terry respiró hondo y siguió a Robert Hathaway a través del escenario, mientras lo mostraba a Karen Klaise, quien sustituiría a Susanna Marlowe.

“Todo sigue igual” pensó Terry, mientras escuchaba parlotear a la mujer sobre lo magnífica que era como actriz y la forma en que superaría a la desafortunada que sufrió el accidente. Robert le dirigió una mirada inquisitiva, ante el gesto un tanto fastidiado del joven actor. “Todo sigue igual, a nadie parece interesarle lo sucedido con Susanna”.

Una sola copa en las noches, Terry no se atrevía a beber más allá de eso, temeroso de perder su papel protagónico. Estaba muy consciente de la carta que había recibido un par de días atrás, de parte de Marianne.

“Si tienes deseos de hablar, sabes que cuentas conmigo”, ese era el contenido central, amén de saludos y noticias sobre Verónica. Pero no, Terry no sentía deseos de hablar, porque además, siendo Marianne hermana de Candy, seguramente le preguntaría si le había avisado de lo sucedido. El le había pedido a Marianne, al día siguiente del accidente, no le dijera nada a su melliza, alegando que el responsable de hacerlo sería él mismo.

Pero Terry se perdía más y  más en su autocompasión y su propio malestar. Una cosa era que Marianne le dijera que no era culpable del accidente, algo que él mismo procesaba mentalmente, y otra cosa era que se sintiera responsable por lo sucedido y hasta culpable, a pesar de no serlo.

¡Pero lo era! Y eso se lo dejó muy claro la madre de Susanna, quien le echó en cara lo sucedido y le exigió permanecer al lado de la muchacha por el resto de su vida, pues ella había dado todo por él: no sería jamás actriz por culpa de Terry, así que era justo que él se casara y se hiciera cargo de ella.

Una sola copa en las noches; Terry suspiró mientras escanciaba el licor en la copa elegida y lo bebía despacio, para hacerlo durar. Si pudiese huir de todo, con qué rapidez lo haría.

***FIN***

igzell

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Niño/a del Hogar de Pony
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Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!! que hermoso escrito, si ese personaje, el de MArianne,hubiera existido en el anime en vez o como clin(quien sabemos no aparece en el manga),y hubiera tenido exctamente esa actitud,estoy segura que Terry hubiera actuado de manera diferente a como la micucha queria...aunque sabiendo como es la susodicha,eso no detendria su maldad en su pluma xD

http://larojamelenaquesellevoelviento.blogspot.com/

Lady Lyuva

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Niño/a del Hogar de Pony
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Me estan dando ganas de una continuación.

Sabrina Cornwell

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Niño/a del Hogar de Pony
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Ladyyyy, sabes que soy fan de Marianne y me parece una amiga ideal para Terry, si él la hubiera escuchado más hubiera sido otro desenlace. Yo me pregunto cómo habrían sido como cuñados.

Tania Lizbeth

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Felicidades chicas, y me encanta el fic

Bleu Moon

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Lady, al igual que Sabrina soy fan de Marinanne.  Bella Apología, un hermoso regalo para Geza y demas cumpleañeras.

Friditas

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
¡síiiii! Lady, una continuación ¡por favoooooor! Adoro la relación Terry/Marianne. Me causa envidia que jamás se ha llevado así con Albert y por supuesto que anhelo una historia alterna para el happy end que Terry nunca tuvo, con Marianne como pieza clave.

Amo, amo esta relación. Al menos regálanos más escenitas entre este par, que te quedan de maravilla.

Gissa Alvarez

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Estoy de acuerdo, una continuación, me gusta la historia, en general casi toda tu historia alterna con Marianne, ya sabes quien es mi preferido , creo que todos lo saben. Pero que maravillosa relación llevan estos dos .

stormaw

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Te quedó estupendo.
Felicidades

Mimicat Cornwell

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
wow buenísima historia

Mon_Andrew

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Muy buena historia, ojalá puedas regalarnos una continuación. 

Elby8a

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Rosa Negra
Rosa Negra
Si esto necesita continuación definitivamente. Tu personaje Marianne es genial me gustó mucho su perspectiva y claro que de haber tenido una amiga como ella Terry bombón hubiera hecho las cosas de manera diferente. El solo necesitaba orientación y sentirse emocionalmente apoyado. Ojalá y lo puedas continuar!! 😁

Enviado desde Topic'it

Andreia Letellier

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Rosa Morada
Rosa Morada
Recién conozco a Marianne y me cayó bien ¡je, je!

Caray hermoso relato, pero me uno a la solicitud de más de esta historia, creo que si Marianne insiste lo suficiente en hacerle ver a Terry que no tiene culpa ni responsabilidad del accidente ni por Susana, se puede cambiar el curso del terrible final que ya todas conocemos.

Merci! Por compartirnos de tu talento jolie.

Des salutations!

https://www.fanfiction.net/u/7428859/AyameDV

Lady Lyuva

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Nomás falta que convenza a la necia de su melliza, pero veré qué puedo hacer.

GEZABEL

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Guerrera de Lakewood
Guerrera de Lakewood
a ver a ver, dice cumpleaños geza ... asi que alejense de mi regalo... :D te quedo bello :D y si, yo tambien apoyo la continuacion :D


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Lady Lyuva

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Geza, es para que lo compartas, así es como saben mejor las cosas.

Ikebana

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Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
¡Maravilloso escrito, Lady!

Marianne es un personaje delicioso, una chica con la simpatía y buen fondo de Candy, pero que al mismo tiempo es fuerte, decidida y nada victimista... ¡un ejemplo!

¡Queremos continuación!

https://www.fanfiction.net/u/4785954/Stear-s-Girl

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