LOS LINKS DE DESCARGA ESTÁN PROHIBIDOS, EVÍTANOS BANEARTE O SUSPENDERTE POR PONERLOS. LEE ATENTAMENTE NUESTROS REGLAMENTOS, LA ADMINISTRACIÓN SE RESERVA EL DERECHO DE BANNEAR Y BORRAR TODO LO INCONVENIENTE O QUE CONSIDERE, AFECTE A ÉSTE FORO. FIRMAS DE TAMAÑO ADECUADO (MENOS DE MEDIA PÁGINA) SLIDES PEQUEÑOS POR FAVOR QUE ALENTAN LA PÁGINA Y LA TIRAN DURANTE LA GF.

No estás conectado. Conéctate o registrate

 » El Ciber Hogar de Pony » FORO ROSA » Para celebrar el amor y la amistad: continuación de Caminando por el Rin.

Para celebrar el amor y la amistad: continuación de Caminando por el Rin.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo  Mensaje [Página 1 de 1.]

Citlalli Quetzalli

avatar
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Mil gracias mil, Isa Morales, Igzell and Cleena


Die Liebe


Después de haber descendido del metro, salido de la estación subterránea, caminado dos solitarias cuadras, llegado a un exclusivo edificio departamental, esperado en su elegante sala de espera a una empleada que le entregó una jaula llevando en su interior un bonito, diminuto y peludo canino e ido finalmente a su domicilio no menos extravagante que el anteriormente visitado, Terry, nuestro guapo protagonista, con teléfono en mano y sosteniendo una conversación, finalmente arribó a su apartamento.

Desde que él tomó la llamada, su viajera madre le describía con detalle los lugares más inimaginables de la bella Italia.

– ¡Florencia! – exclamó repentinamente ella detrás de la línea –. ¡Florencia te enamorará!

– No lo hizo cuando la visité – contestó un escéptico hombre.

– Es que eras muy pequeño, querido. Hoy que eres un adulto intelectual verías el panorama desde otro punto de vista y mayormente si a tu lado viniera una hermosa mujer.

– Tú lo estabas en aquel entonces –. El elogio colocó una sonrisa en el bello rostro de su madre que alegó…

– ¡Debes venir!

– ¿Es una orden? – cuestionó el hijo deshaciéndose de sus abrigadoras prendas que colgaría en un perchero –. Pensé que te divertías estando sola.

– Lo hago. Sin embargo ya me está preocupando tu eterna soltería.

– Pues no creo que te preocupe mucho cuando… en lugar de ir a donde mis colegas y tomar con ellos una copa, debí pasar por tu perro para atenderlo esta noche en mi casa y llevarlo temprano al veterinario.

– Tú dijiste que tenías nada que hacer – se excusaron inocentemente.

– ¿Y que tal si sí?

– ¿Lo dices en serio? –. Una madre ante el reproche se sintió culpable; y el hijo maquinó perversa y pícaramente atormentarla pero, sus ojos se posaron en la grabadora de mensajes que yacía encima de la barra central de la cocina. Entonces yendo a ello dijo…

– No. Tenía pensado descansar para seguir con la investigación.

– ¿Y cómo va? – la interlocutora sonó interesada. En cambio él no mucho al decir…

– De maravilla. Se ha adelantado muchísimo. Madre – la llamó – tendrás que disculparme por esta noche. Al parecer tengo bastantes llamadas por atender.

– Está bien. Te dejo por hoy mandándote un beso y pidiéndote también que le des otro a Roxx.

Sobre la jaula dejada en el suelo, él posó su enigmática mirada; e hizo un gesto de que nunca en la vida lo haría así se tratara de ella. Sin embargo… – Sí, claro. Hasta luego, madre – dijo y colgó.

Veinticinco mensajes había por checar; y apoyando su cadera en una silla alta se dispuso a escuchar uno a uno los recados.

Los que le parecieron importantes en una libreta de notas fueron apuntados; los que no al simple hecho de oír un nombre los hacía desaparecer de la grabadora.

Revisados veintidós, Terry hizo un descanso para estirarse y quitarse la chaqueta que sería puesta en el respaldo de otra silla. Y en lo que prestaba atención al numero veintitrés, al refrigerador fue para servirse un poco de jugo. Empero estaba yendo en la búsqueda de un vaso cuando…

– ¡Por supuesto que no! – exclamó fuertemente; y mirando furiosamente hacia la grabadora, sintió deseos de aventarle la jarra de vidrio que sostenía.

Terry, a su madre adoraba. En cambio a su padre… no lo aborrecía, simplemente… sus sentimientos para con él eran demasiado escasos. Y así le prometiera la luna y las estrellas, era muy difícil que un favor le concediera.

Aquel padre poco amado lo sabía. Por lo mismo su voz se escuchaba así…

– He contactado gente importante que puede ayudarte con tu proyecto.

– ¡No los necesito! – berrinchudamente el hombre seguía peleando.

– El Profesor Aldo Martí ha mandado decirte que… vendrá a verte.

– ¡¿Lo dices en serio?! –. El guapo rostro se llenó de incredulidad. El profesor Martí era una eminencia científica; y efectivamente, su opinión era muy importante por eso…

– Por favor, llámame para contarte los detalles.

Dejando todo en la mesa, el hijo solicitado acudió al teléfono para llamar a su padre.

– Me alegra escucharte.

– Me lo imagino –. Terry fue para nada cordial –. ¿Cómo es que lo conseguiste?

– ¿Debo decirlo cuando tú…?

– ¡¿Lo has sobornado?! – se gritó con indignación al conocer los métodos que llegaba a utilizar su progenitor que exclamó ofendido:

– ¡Claro que no!

– ¿Entonces?

– Eres mi hijo. Y sé cuán importante es tu proyecto.

– Me cuesta creerte y lo sabes bien. Sin embargo… – Terry se tomó su tiempo en responder –. Gracias – expresó finalmente –. ¿A qué hora quieres mi presencia en tu casa?

– Antes de que te asistas a tu trabajo. No te tomará mucho tiempo.

– Pues eso espero. Y si no hay más qué decir… te veo mañana –. Y sin espera de alguna réplica, colgó. Pero al estar a solas su rostro y entero ser se emocionaron. Y tomando sus pertenencias se dirigió a su recámara para descansarse.

Candy, por su lado, también lo haría; sólo que ella… por área conocida y divagando, vagó por unos minutos. Esos que debería estar invirtiendo en trabajar en vez de pensar. No obstante, al llegar a su dirección y al estar insertando la llave en la chapa brincó en su lugar diciendo…. – ¡Sí, es él! –. Luego corregiría – Bueno, yo digo que pudiera ser él porque su voz le va muy bien a lo que vi.

– ¿Y qué viste?

– ¡Archie! – Candy lo nombró al girarse y reconocerlo. El joven castaño yacía recargado en la pared junto a una ventana a metros de distancia de ella.

– Te pregunté ¿qué viste? –. Él fue a la recién llegada.

– Oh, nada sin importancia –. Candy, al sentirse regañada, comprendió que debía ser ella quien cuestionara – ¿Qué haces afuera tan tarde?

– Espero a Stear.

– Podrías hacerlo estando en casa.

– Allá me siento solo. En cambio en la calle… ¿quieres un cigarro?

– No, gracias –. La cajetilla que apareció fue rápidamente guardada en un bolsillo de pantalón.

– Archie, fumar te hace mal.

– Está bien, Candy. Te veo después –. Y para no oír sermones, el joven se retiró y Candy, negando con la cabeza, se dispuso a entrar a casa haciéndole olvidar el ratito amargo con el vago castaño el pensar de nuevo en el hombre que apenas conociera.

El teléfono fue el siguiente objetivo a tomar luego de dejar sus pertenencias en la sala; sin embargo los folders que cayeron de su bolso le recordaron el trabajo que debía realizar. Annie, Paty y Karen podían aguardar con su descubridora historia. La C. P. Susana Marlowe no, así que… después de cambiarse las ropas de trabajo por las de dormir, Candy se entregó a su labor y a seguir pensando en el guapo aquel.


. . . . .


Por suerte y en pisos diferentes la oficina veterinaria y la del pedíatra y otras especialidades estaban en un mismo edificio al que un auto último modelo se dirigió.

Y mientras Terry aguardaba por la consulta de Roxx, éste todavía en su jaula, se comportaba agresivo con los demás pacientes caninos.

Para una persona que no está acostumbrada, los ladridos se vuelven insoportables. Un par de oídos no aguantaban más el escándalo y a cada rato le pedía a Roxx que se callara.

– Para ser un perro enfermo, te ves muy bien, amigo – le decía sarcásticamente molesto. Y de ese mismo modo, agarraba la jaula y se movía de lugar. Quizá el mantenerse alejado de aquellos, lo calmarían. Sin embargo, no faltó quien le recordara…

– ¿Hizo sus debidas necesidades antes de venir? –. Terry entendió se preguntaba por el perro.

– ¿Qué, específicamente?

– Sáquelo de la jaula –. La buena anciana se le acercó para sugerirle quedamente – Quiere ir a hacer pipí.

– ¿O sea…?

– El parque que está cerca del estacionamiento es exclusividad de ellos –. Sin pedir autorización, la amable samaritana se dispuso a sacar al can. Empero éste, en el momento de verse libre, corrió veloz hacia los de su especie, les ladró juguetonamente a cada uno y después buscó la puerta de salida.

Por supuesto Terry tuvo que correr detrás de él. Pero al final del último pasillo recorrido una madre y su hijo aparecieron; y el perrito jugó con el chiquillo.

Interiormente el guapo hombre lo agradeció; más al decirse… – Paul, se nos hace tarde – se soltó al can; y éste de nueva cuenta emprendió carrera. No obstante, dos seres se reconocieron y uno estaba a punto de decir:

– ¿Te conozco? – cuando…

– ¡Terrence! – gritó una elegantísima y bella pelirroja que cargando un bebé se dirigía a él.

Sorprendidos, los ojos de Candy se posaron inmediatamente en la hermosa criatura de cabellera castaña y después en el ¿padre? Y es que Eliza, la madre, dijo: – Encárgate un momento del bebé, cariño. Olvidé la tarjeta del seguro social en el auto –. Y sin poder objetar porque el bebé ya estaba en sus brazos, Terry obedeció mirando a Candy que decía a su compañero…

– Se nos hace tarde, Paul – y tomándolo de la mano se alejó con el corazón un tanto partido al creerlo ya comprometido.


. . .


Desilusionadamente angustiada, Candy aguardaba en una sala de espera. Con el dentista estaba Paul, chiquillo rubio de ocho años que quebrara un diente al morder una paleta.

La madre fue llamada urgentemente; pero como a los contadores una auditoría se les venía encima…

– Candy ¿puedes llevarlo al odontólogo? Ya hice la cita –. Sobre su escritorio de trabajo fue puesta una bolsa con la documentación necesaria y el niño que lloraba, no de dolor sino de verse chimuelo y feo como le gritaran en el colegio.  Ahora lloraba verdaderamente debido a las herramientas del doctor que gustoso taladraba el diente y muelas del paciente que después de varios minutos abandonó el consultorio.

Yendo de camino a la calle para tomar un taxi, una varonil voz pronunció altamente – ¡Candy! –. Ella y el niño se giraron. Y al reconocerlo, por toda la columna vertebral, un escalofrío le recorrió al sólo imaginárselo hablándole quedamente al oído y en una situación que….

De su pecaminoso pensamiento Candy se sonrojó y sonrió alegremente. El hombre que yacía recargado en un auto, al tener la atención de ella, se dispuso ir a su encuentro. Sin embargo lo primero en preguntar sería…

– ¿Cómo es que sabe mi nombre?

– Sencillo. Soy periodista; y mi función principal es investigar. ¿Cómo estás, chiquillo? –. Paul se encogió de hombros al sentir la boca totalmente entumida e imposibilitada para hablar. Pero al ver el perrito enjaulado, a su lado fue, quedándose a solas la pareja. Entonces…

– ¿Cómo está su hijo? – preguntó Candy un tanto recelosa.

– ¡¿Mi qué?! – saltó con comicidad un asustado Terry. Pero el tono decepcionado de ella le hizo decir – No es mi hijo.

– ¿Ah, no? ¿Y quién es?

– Mi hermanastro.

– ¡¿Qué?!

– Eliza trabajaba de mesera. Una noche mi padre visitó el restaurante. Ella lo atendía cuando comenzaron sus contracciones de parto. Mi padre se hizo cargo de llevarla al hospital; y al dar su nombre como responsable de ella creyeron que también lo era de su estado. Después se casaron y el bebé que fue puesto en mis brazos… es mi hermanastro.

Terry sonrió de la carita de Candy que se tornaba avergonzada.

– Está bien – dijo él argumentando – yo también creí que el chiquillo era tuyo.

– No, es de…

– Tu jefe, lo sé. Como también de que eres soltera.

– ¿Lo eres tú?

– Sí, y – él se acercó peligrosamente – ya que sabemos de los dos… está bien. Tienes mi autorización para conquistarme.
Candy rió abierta y nerviosamente; y en un lapso de control a pesar de la cercanía de su varonil ser dijo… – ¿En serio? –, y lo miró a los ojos – Pues yo digo que ya lo hice.

Efectivamente. Terry se sintió hechizado por el brillo de su coqueta mirada y exclamó – ¡Vaya con la pretensiosa señorita!

– No más que usted, arrogante caballero.


igzell

avatar
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Pero que rapido sucedio todo eso jajajajajajaja al instante a tan solo horas de conocerse ya saben mas de lo que deberian de saber uno del otro,wow,que modernos...Eliza y el duque de G.,parejas? Nunca lo vi venir jajajajja

Ando curiosa por el "proyecto" que quiere ejecutar mi querido rebelde...espero actualices rapido,saluidoto

(Pecosa atrevida)

http://larojamelenaquesellevoelviento.blogspot.com/

GEZABEL

avatar
Guerrera de Lakewood
Guerrera de Lakewood
:D ah porque no habia visto esto... esta lindisimo :D ...


_________________


 photo Gezabel2017_zpsmiypoxsh.png

isabel morales

avatar
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
Amiga, que buena te quedo la segunda parte, y al parecer viene una tercera dijo yo


felicitaciones y un abrazo a la distancia.

dulce lu

avatar
Niño/a del Hogar de Pony
Niño/a del Hogar de Pony
esta bellisimo,amiga.que gusto verte aqui,recien soy nueva en este lindo foro,me es dificil ,es mi primera guerra florida,vengo a hechar porras,a la causa terrytana.
saludos,te sigo.

Contenido patrocinado


Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba  Mensaje [Página 1 de 1.]

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.